Personaje / 24 de julio de 2021

En 50 años me le he medido a todo: María Cecilia Botero

Miredvista.co

La antioqueña, una de las actrices más lindas y admiradas del país, se ha dado el lujo de hacer dramatizados, series históricas, comedias musicales; presentar noticias, realities y magazines, ser productora, y ahora hasta prestar su voz a un personaje de Disney en la película Encanto. “Siento mucha curiosidad por oírme en el cuerpo de Madrigal”, dijo en exclusiva a MiREDVista.

Fue, entre otras, Alicia en La Vorágine, Manuelita Sáenz en Bolívar, el hombre de las dificultades, María Cándida en La pezuña del diablo, Yadira la ardiente en Caballo viejo, Sándalo Daza en Música maestro y Eugenia Márquez en La Venganza de Analía; la intrigante Beatriz, en la serie Enfermeras y ahora su voz es la voz de Madrigal, la abuela de la película animada que Disney acaba de anunciar, Encanto, que rinde homenaje a Colombia

María Cecilia, en el rol de Yadira, la ardiente, en la telenovela ‘Caballo viejo’ (1988).

Es María Cecilia Botero, una señora actriz, quien durante décadas ha sido la protagonista predilecta de los colombianos por su belleza, dulzura, carisma, su vida tranquila y sin escándalos y por esa manera de llevar los años con dignidad y elegancia. Por décadas, ella ha estado en las más grandes producciones de televisión y teatro, donde se destacó en el género de los musicales (La mujer del año, Sugar y La invencible Molly Brown, entre otros), sin haber perdido vigencia no obstante el paso de los años.

Marciacé, como se le conoce en el medio, es hija del gran director y maestro de televisión y teatro Jaime Botero, sobrina de la primerísima actriz Dora Cadavid, hermana de los también actores María Cristina y Óscar Botero, estuvo casada con el argentino David Stivel, respetado director de cine y televisión, y hoy también su hijo, Mateo, está dedicado a la dirección cinematográfica. Sobre su trayectoria y sobre su participación en la película Encanto, esto fue lo que le contó a MiREDVista a través de la plataforma Meet:

¿Qué representa esta nueva experiencia en una cinta animada de Disney en tu carrera de actriz?

Esto es curioso, porque como que sentía que ya había hecho de todo en la vida, pero fíjate que no: esto me faltaba. Ha sido una experiencia muy chévere, porque es la voz nada más, pero con ella tienes que ayudarles a los que hacen los dibujos a darles el carácter, los movimientos, la expresión de la cara, en fin, ¡todo! Este es un trabajo distinto, bonito, chévere… es que en verdad hay tantas otras maneras de ser actriz, que es lo que fundamentalmente me gusta hacer y ser.

¿Antes habías hecho un personaje de abuela?

Sí, pero no como la abuelita esa que uno tiene en la mente, la abuelita linda, las que teníamos nosotros, porque las de hoy en día son distintas. Nada más el hecho de la vitalidad que tiene hoy una mujer de 50 es impresionante, porque yo me acuerdo de mi abuelita y en ese momento ella debía tener un poco más de 50 años y era una viejita. Sin embargo, la abuela de Disney es más abuela: es la jefa del hogar y aunque tiene su carácter fuerte, tiene también esa ternura y esa imagen de las abuelas de antes.

¿De qué imagen te agarraste, en qué te inspiraste para construir la voz de ese personaje?

Yo creo que un poco de esa imagen que uno tiene ahí de la abuela en general, y luego de lo que los directores me iban pidiendo. Ellos me guiaron totalmente todo el tiempo, porque además yo no veía el dibujo ni nada, ellos me iban diciendo qué era lo que querían para cada momento. Yo no te puedo decir ni siquiera cómo es la película, porque solo sé lo que hice yo. Ya al final me mostraron la muñequita de la abuela, y en verdad tengo una curiosidad enorme por oírme dentro de ese personaje tan chévere que armaron. Pero que hagan una película inspirada en Colombia me parece un gesto tan bonito, pues el país está en un momento en que producir este tipo de noticias positivas es muy importante. Todo eso me cargó para tratar de hacer un personaje bien chévere. Ojalá salga como yo creo.

Madrigal tiene la ternura y el carácter de las abuelas de antes, dice María Cecilia.

Bueno, y Encanto te llegó en un año muy difícil para todos. ¿Cómo lo viviste?

Sí, muy difícil, empezando porque todos necesitamos trabajar y cuando de un día para otro sencillamente no se puede, entonces empiezas a preguntarte ¿y ahora qué? Puede que uno alcance a sobrevivir un tiempo de algunos ahorritos, pero es que todos vivimos de lo que trabajamos. Esa fue la primera angustia. Sin embargo, a los 4 o 5  meses empezaron a mandarme unas cositas para hacer casting y yo decía que no, porque no me quería arriesgar. Sentía mucho miedo porque tengo todas las condiciones: la edad, soy hipertensa, tres enfermedades autoinmunes, soy fumadora, o sea: el cuadro perfecto para que, si me agarra, el virus me mande pal otro lado. Ya tengo mis dos vacunas, pero todavía no me quiero exponer mucho. Cuando vino lo de Disney, sentí que esto era perfecto, porque era estar sola en un estudio, y los directores en Los Ángeles, y desde allá virtualmente dirigiéndome. Era como el único trabajo que realmente podía hacer, o sea que fue ideal.

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María Cecilia, vienes de una familia de artistas y eres hija de un director muy respetado en nuestra TV. ¿Qué tan pesó o influyó él para que optaras por ser actriz?

Mi papá no influyó mucho, porque en esa época era un director frustrado. Él era un ejecutivo de una multinacional –con nueve hijos no te puedes dar el lujo de vivir del placer, que es lo que es este trabajo–, pero tenía su grupo de teatro y yo siempre lo acompañaba, aunque a mí no me parecía que eso iba a ser lo mío. Pero por esas casualidades, conocí en una comida en la casa de mi tía Dora Cadavid al director de una película. Yo tenía 15 años, estaba en el colegio y aunque le decía que no era actriz y que no sabía hacer eso, el señor me convenció y la hice. Fue una experiencia tan bonita que, como dice el argot, me picó el bichito de la actuación. Me empezaron a llamar y comencé a hacer cosas y, cuando me di cuenta, ya estaba ahí metida. Terminé el colegio, entré a la universidad a estudiar antropología y fue entonces cuando tuve que tomar la decisión real ya estando en el cuarto semestre, pues ya no podía hacer las dos cosas. Esto coincidió también con un momento en que mi papá, que se había metido a hacer televisión, se había pegado la quebrada del siglo, entonces estábamos en una posición económica muy difícil y por eso tomé la decisión de trabajar y ayudar a la familia. Sin embargo hoy miro para atrás y digo: ¡menos mal! Es que hoy no me imagino de antropóloga, ¡esa era una cosa muy loca! Obviamente no pude estudiar arte dramático ni nada, pero hacía talleres de lo que encontraba y con mi papá también, pues él fundó la escuela (Academia Charlot).

Es decir, tuviste al maestro en casa siempre…

Sí, primero fue mi papá, y después mi marido, David, que fue mi gran maestro, porque además profesionalmente me hizo crecer, me ayudó a tener mucha seguridad y a creer en mí. Con esto de Disney lo he extrañado mucho, porque como lo tenía que hacer en inglés, que es un idioma que hace rato no hablaba mucho, pues sentí mucha inseguridad y me acordaba de él. Lo mismo me pasó con las comedias musicales. Le decía: estás loco, ¿yo cómo voy a bailar y cantar, si nunca he tomado una clase de canto o de baile? Y lo hice, ¡y bastante digno, sin ser cantante ni bailarina!

María Cecilia con su esposo David Stivel, fallecido.

Cuando se mira hacia atrás, ¿qué es lo que recuerdas con más afecto?

Qué difícil responder eso porque ¡es que son 50 años! Y además he tenido muchos momentos hermosos en diferentes etapas de la vida. Quizás de lo que vivo muy satisfecha es de haber intentado hacer muchas cosas. Yo digo que soy todera. Cuando me propusieron presentar noticas, por ejemplo, al principio pensé: está loco Yamid Amat, cómo me va a pedir eso…  sin embargo, después me dije, bueno, intentémoslo, quién quita, ¡y estuve cinco años en CMI!, y después otros dos en el Noticiero de las 7 y realities, magazines y finalmente he pasado como por toda la gama, y yo siento que cada cosa me ha aportado mucho. El ser actriz me ayudó obviamente para la presentación. He ido probando cosas, de manera que he hecho de todo y eso me llena de satisfacción, no haberme quedado con la duda.

¿Y qué cosa no fue tan chévere?, ¿qué cambiarías si pudieras?

No, pero es que todo fue muy chévere. Sí es verdad que hubo muchos sacrificios, pero eso es algo que la disciplina del actor también da. Grabar una serie o una telenovela son cosas de mucho sacrificio, sobre todo hacer teatro, porque ese es un esfuerzo físico y emocional de todos los días, sabiendo que para el público es la primera vez. Yo siento que la presentación fue como lo más fácil para mí, lo más tranquilo. Bueno, tal vez el trabajo de productora no lo volvería a hacer porque también ahí aprendí que cuando uno toda la vida ha trabajado con la sensibilidad, con el alma, mezclar eso con los negocios es muy difícil y por eso tal vez tuve tanta pérdida económica, no supe manejar la cosa porque le ponía más corazón que cabeza.

¿Uno podría decir que en tu profesión todo tiempo pasado fue mejor? O ¿en qué crees que los superan los actores de hoy?

Indudablemente hoy en día la tecnología. Eso es una maravilla, y mira nada más el tamaño de las cámaras. Yo trabajé con cámaras que no se podían ni mover de lo pesadas que eran; tampoco había video-tape, ¡todo era en vivo! De ahí en adelante llegaron el video-tape, el color y cámaras que cada vez se hacían cada vez más pequeñas y cómo mejoraban la calidad de la imagen. Pero como estamos tan bien en esa tecnología se ha perdido ese otro lado: para los actores –y lo hablo como actriz–  no hay tiempo, todo va muy rápido, se graba mucho. Antes nos dábamos el tiempo de preparar el personaje y de hacer ensayos y hoy eso se ha perdido. Lo que antes nos demorábamos un año haciendo, hoy se hace en tres o cuatro meses, así que calcula la diferencia. Y ese aspecto a mí me hace falta, más tiempo, más trabajo con el director para elaborar los personajes, pero eso ya no existe.

Con su hijo, el director Mateo Stivelberg,

¿Has podido trabajar bajo la dirección de tu Mateo, tu hijo?

Sí, hace tres años en La ley secreta. Era mi director, ¡divino, mi muchacho! Increíble, porque mi papá, mi marido, mi hijo… Espero que no me toque un nieto de director, jejeje…

¿Y ya hay nieto a la vista?

No, y creo que no voy a tener. Es que hoy en día los muchachos no quieren tener hijos, y uno de alguna manera les encuentra un poco la razón. Es que esto está tan tenaz… uno ve tanto horror alrededor que yo no sé si yo misma, si estuviera en edad de tener hijos, a lo mejor también lo pensaría.

Finalmente, ¿te le medirías al reto de las redes sociales? ¿Qué opinas de que colegas tuyos anden tan activos en ellas, haciendo activismo político o en otros temas?

Creo que todo obedece al momento. Todo ha cambiado y seguirá cambiando. A mi me han ofrecido que sea influencer, que haga cosas en redes, pero eso no va con mi temperamento, mi personalidad, porque nunca fui así. He tratado de que lo que yo me respeto, también me lo respeten de afuera. Sé que soy una persona pública, por tanto no puedo tener una vida muy privada, pero sí una intimidad que tengo que proteger. Por eso tú puedes saber muchas cosas de mí, pero hasta un punto, hasta donde yo lo permito. Hoy en cambio no es así, los jóvenes sienten necesidad de que todo el mundo hable de ellos, y un afán de ser recontra reconocidos. Ahora, las redes también son un instrumento válido, que no habíamos tenido y es muy chévere que la gente sepa cómo piensan, políticamente hablando, de la sociedad, del país, del gobierno, del cambio climático; antes era muy difícil.

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