Juan Alejandro Tapia
Columnista / 12 de agosto de 2023

Mucho Netflix 

Con la melena rubia al viento y esas facciones de estrella de teleserie juvenil que alcanzan a percibirse a pesar de los lentes de sol y de la gorrita cuidadosamente puesta sobre el cráneo, el chef español Daniel Sancho parece llevar muy bien el peso de la fama de haber descuartizado a un hombre con sus propias manos. De haberlo cortado con los cuchillos que compró para tal fin, seguro de que eran los adecuados, de que lo mismo un conejo, una gallina, un ibérico bien grasoso, que una pierna, un brazo. Quizá vio al actor Evan Peters hacer algo semejante, metido en la piel de Jeffrey Dahmer, y le pareció que no resultaría tan complicado deshacerse de las quince partes en las que desmembró el cadáver, pero está visto que no es lo mismo Netflix que la vida real.

Antes de que la historia del ‘carnicero de Milwaukee’ estremeciera al mundo con la traumática interpretación de Peters para la exitosa miniserie lanzada en 2022, que no por abordar hechos reales con víctimas de carne y hueso dejó de ser banalizada hasta convertir el disfraz de Dahmer en uno de los favoritos de la noche de Halloween en Estados Unidos, otra famosa serie de streaming, ‘You’, había retratado con humor negro y glamour las peripecias de Joe Goldberg, un culto y enamoradizo treintañero, administrador de una librería en Nueva York, que en sus ratos libres descuartiza a todo el que se interponga entre él y su amada de turno. La ficción, que ya va por su cuarta temporada, ha hecho de su coprotagonista, la actriz Victoria Pedretti, un ícono de la cultura popular con su papel de Love Quinn, quien tampoco tiene reparo en asesinar a diestra y siniestra por defender su relación con Joe. Un fotograma del rostro angustiado de Love, exhausta de matar gente por amor, ha hecho explotar las redes sociales en Colombia desde su aparición como meme con la leyenda ‘marica, ya’.

Pero si de descuartizar con sierras y cuchillos se trata, Dexter, que hizo correr sangre a chorros por ocho temporadas entre 2006 y 2013, instaló la idea de que con las herramientas precisas, bolsas plásticas y detergente, como los que compró Sancho un día antes de la muerte del cirujano colombiano Edwin Arrieta en la paradisíaca isla tailandesa de Kho Phangan, es posible cometer el crimen perfecto y continuar la vida sin contratiempos, tal como lo hacía el forense de la Policía de Miami caracterizado por Michael C. Hall o como lo hizo el propio Sancho al irse de fiesta a la playa con dos chicas después de botar los restos en los basureros y en el mar.

Fue el personaje de Hannibal Lecter, y más que este la actuación magistral de Anthony Hopkins en El silencio de los inocentes (1991) y su secuela Hannibal (2001), el que puso el foco en las maneras y los gustos refinados del asesino, de tal forma que su personalidad arrolladora eclipsaba su predilección por los sesos humanos a la hora de la cena y lo transformaba en un caníbal amigable, salvo para sus víctimas. A Daniel Sancho, a quien la Policía de Tailandia acusa de homicidio premeditado y podría ser condenado a pena de muerte o cadena perpetua, se le nota a leguas lo de seductor y buena vida. Hasta concedió en directo una entrevista para la prensa española mientras cenaba en el mejor hotel de la isla, a donde lo llevaron los investigadores por ayudarlos a resolver el caso en tiempo récord.

El chef de 29 años tiene más de fanático de teleserie criminal que de asesino en serio (con o, no con e), pero lo es. Aunque lavó la habitación del hotel donde despedazó al cirujano, las autoridades hallaron pelos y rastros de sangre en los desagües, y no parece de alguien que ha calculado hasta el más mínimo detalle aparecerse en una comisaría a denunciar la desaparición de su amigo con los brazos marcados por el forcejeo. Cuando unas horas después la Policía le enseñó los videos en los que se le ve comprar los cuchillos, una sierra y productos de limpieza, Sancho confesó. Dijo que le llevó tres horas trocear el cuerpo luego de una discusión acalorada por su negativa a tener relaciones sexuales con el colombiano, pero la investigación apunta a que el móvil fue económico. Quizá lo más perturbador no sea el crimen mismo, sino la actitud distendida del español tras haber sido descubierto, como a la espera de que el capítulo acabe rápido para recibir los aplausos por su actuación. Como si matar a un hombre y salir bien librado fuese tan sencillo como en una serie de Netflix.

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