Sonia Gedeón
Columnista / 15 de mayo de 2021

Toda una señora Cartagena

Teresita Román de Zurek, tan cartagenera y popular como la Kola Román, esa bebida gaseosa que con gran acierto sus antepasados introdujeron al mercado en 1934, y que no falta en la mesas de fritos y en toda reunión donde se reúnan más de tres cartageneros, partió de este mundo a los 95 años. Se fue sin recibir el último homenaje, este 11 de mayo, de La Barra Élite Profesional a toda una vida.

Su vida fue un acto de amor por su familia y por Cartagena. Una ciudad que amó profundamente y por la que nunca dejó de trabajar de manera altruista, siempre buscando su embellecimiento, el bienestar de la gente y la salvaguarda del patrimonio histórico, cultural y gastronómico.

Su libro de cocina Cartagena de Indias en la Olla, editado con su hermana Olga y su tía Amparo Román de Vélez, no se ha dejado de publicar desde 1963, y no falta en la mesa de regalos de las despedidas de soltera de toda cartagenera que inicia un nuevo hogar.

En la compilación de las recetas no solo se limitaron a transcribirlas, fue un arduo trabajo de investigación, prueba y traducción de cientos de recetas que se transmitían de boca en boca y de generación en generación, siendo su esposo Alfonso su mejor crítico culinario e impulsador.

Teresita fue una dama a toda luces, de una elegancia y sencillez marcada por el buen gusto y por el tono elocuente de una mujer de mundo, afincada en el Caribe, que encontró en los viajes una forma de prolongar su educación y visionar la Cartagena que soñaba.

Así las cosas, fue la gestora para que las calles del Centro Histórico en una ciudad donde la nomenclatura numérica no es referente, tuviera al mejor estilo sevillano, en cerámica los hermosos nombres de las calles como Estanco del Tabaco, La Sierpe, Las Carretas y Tumba Muertos. Los cartageneros hemos sido y seremos solía decir, gente que nos gusta guiarnos por los colores, el olfato, las siluetas y lo que llama la atención del lugar, por ello no descansó hasta encontrar apoyo en las empresas de la ciudad para lograr ese objetivo.

Podemos decir que Teresita era perseverante, mas no obsesiva. Y no tuvo inconveniente en prestar el patio de su casa, una hermosa y auténtica mansión inspirada en la Alhambra de Granada, de patio interior, fuente de agua y azulejos, para albergar los cinco primeros coches de caballos donados por Cementos Caribe, para uso turístico que tuvo la ciudad, mientras se adiestraban los caballos y se conseguía un establo.

Ese mismo sentido de pertenencia la llevó a crear con el historiador Eduardo Lemaitre la Fundación Casa Museo Rafael Núñez, y no era difícil encontrarla caminando por sus  solariegos correderos, gestionando para devolverle el esplendor a la casa y recuperar mediante avisos de prensa que invitaban a donar o a vender los enseres del Regenerador y Doña Sola. En ese proceso recuperó entre otros, la cama hasta ese entonces en poder del poeta Bustamante y de manos de un señor apellido Ángel radicado en Bucaramanga, el escritorio donde redactó apartes de la Constitución Política de 1886 que nos rigió por más de 100 años.

Con la mención del poeta Bustamante recuerdo que Teresita sentía una pasión especial por la poesía y en sus ratos de ocio disfrutaba declamando poemas a sus seis nietos. Esos mismos que irrumpían en su intimidad sin protocolo alguno, y le enseñaron a manejar el computador, a navegar en internet y a cargar en su bolso junto a su infaltable abanico español, el celular.

Era feliz en su casa de la cual nunca quiso salir. Ahí estaba su esencia, sus recuerdos, sus pasos de sonambulismo que la llevaban a recorrer la casa de noche, y a evocar esas conversaciones íntimas que sostenía con sus muñecas hasta llegar a destinarle una habitación que alberga cerca de 1.500, celosamente dispuestas en vitrinas clasificadas por países.

El Club de Jardinería y la Cruz Roja fueron otras de sus grandes pasiones a las que dedicó más de cuatro décadas de pulcro trabajo y dedicación. De esta última como voluntaria, presidenta para la Regional Bolívar, Córdoba, Sucre y San Andrés y Presidente Honoraria de la Cruz Roja Nacional. Esto demuestra que la constancia fue su mejor virtud a la hora de servir y gestionar recursos para la salud y los bancos de sangre del país.

Hoy, Teresita descansa en paz, mientras su jardín florecido de gingers, aves del paraíso, heliconias y veraneras, centenarios árboles de mango y frondosa vegetación, extraña sus pasos y su voz. Sus hijos Teresa Margarita, Catalina y Alfonso Carlos despiden con el dolor propio del desprendimiento de un ser querido, a una madre de una personalidad recia, llena de amor por su familia y por su amada Cartagena de Indias.

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