Vanessa Restrepo Hoyos
Columnista / 6 de noviembre de 2021

Casualidades no tan casuales

De un tiempo para acá he venido notando que al cabo de unas horas de haber hablado sobre algún producto o servicio en particular, aparece en alguna de mis redes sociales un anuncio publicitario sobre el producto o servicio del que justo me estaba refiriendo sin haberlo buscado en internet o en alguna aplicación.

Precisamente hace dos semanas me sucedió nuevamente cuando mi esposo me mencionó una marca de mobiliario de cocina que jamás había escuchado. Al día siguiente, mientras miraba fotos en Instagram me salió, como por arte de magia, una publicidad sobre esa marca de mobiliario y repito: nunca antes había oído hablar de ella ni había realizado búsqueda alguna en internet. Lo único que recuerdo es que tanto mi iPhone como mi iPad se encontraban cerca durante la conversación.

Añadiéndole más leña al fuego, días atrás me ocurrió algo similar cuando fui a almorzar con una pareja de amigos. Comenzamos a hablar sobre otros amigos que tenemos en común y como a los 10 minutos, mi celular me mostró en la función de “recuerdos”, una foto de los amigos de los que  estábamos hablando. ¿Serendipia?

La primera y segunda vez que me pasó esto, pensé que había sido pura casualidad. Con la tercera y la cuarta, me pareció un poco extraño, pero esta última vez, sentí como si mi iPhone hubiera escuchado todo lo que hablaba.

Así que decidí compartir con mis amigas lo que venía notando, corriendo el riesgo de que pudieran pensar que estaba alucinando, pero para mi sorpresa, me dijeron que a ellas también les estaba ocurriendo lo mismo. “Mis primas y yo habíamos estado hablando de flores e inesperadamente, horas más tarde, todas encontramos en Instagram, publicidad sobre una floristería”, comentó una. Otra contó que le habían regalado un perfume y que casualmente en la noche, cuando se metió en Facebook, le salió un anuncio del perfume que le habían regalado.

Cuando una amiga más agregó que una vez estaba hablando con unos familiares sobre un destino turístico que sonaba atractivo para visitar y que luego de unos días le había salido de la nada, una imagen sobre ese lugar en una de sus redes sociales, quedé sin palabras.

Al igual que yo, todas aseguraron no haber realizado la más mínima búsqueda en ninguna plataforma digital. Lo único en común que tenían nuestras historias era que siempre teníamos nuestros celulares al alcance de la mano.

Con el fin de encontrarle sentido a estas peculiares anécdotas, incluso llegamos a preguntarnos si era posible que nuestros celulares contaran con algún chip que pudiera escuchar o grabar lo que hablábamos mientras lo manteníamos cerca.

Sé que puede sonar ridículo. Además, no tengo pruebas de que realmente sea así. Desconozco el mundo tras bambalinas de las redes sociales y el de las plataformas digitales en general. Sin embargo, tanto mis amigas como yo, no pudimos encontrar otra explicación para este tipo de coincidencias. Es como si siempre estuvieran al tanto de lo que hablamos y pensamos o como si adivinaran los pasos que vamos a dar.

El año pasado vi The Social Dilemma, (El dilema de las redes sociales), un documental que muestra cómo han sido diseñadas técnicamente las redes sociales para influir en nuestro comportamiento sin siquiera darnos cuenta, hasta llegar al punto de saber más sobre nuestros gustos y deseos que nosotros mismos.

No quisiera entrar en detalle sobre este documental, pero lo que sí me dejó claro es que a medida que vamos haciendo búsquedas en internet, vamos siendo perfilados. Lo que no logró esclarecerme o no lo llegué a entender (si es que lo explicaron) es, ¿cómo logran saber estas plataformas digitales lo que uno hace o habla sin la necesidad de conectarnos a ellas?

Quizá para los asiduos de las redes sociales o para aquellos que están lo bastante familiarizados con ellas, estos casos les resulten obvios, pero para mí no. Les confieso que siempre estoy en la inopia en lo que a la tecnología se refiere.

Por lo tanto, continué preguntando, averiguando e investigando hasta toparme con esta información de varios expertos en tecnología, que considero es la que posiblemente más se aproxime a resolver lo que para mí, es un misterio.

Estos especialistas concuerdan que las aplicaciones recogen toneladas de datos de nuestros dispositivos electrónicos: ubicación, demografía, identificación personal, correos electrónicos e información que damos a la hora de realizar compras por internet, entre otros datos, los cuales los recopiladores de contenido pagan para obtenerlos y si mi dispositivo electrónico se encuentra frecuentemente en la misma geolocalización que la de otro u otros (usualmente los de la gente que me rodea), los recopiladores de contenido también los toman en cuenta.

Igualmente, los anunciantes toman dichos contenidos para luego cruzar referencias entre los míos y los de aquellas personas que me rodean y voilà…así terminamos todos recibiendo publicidad de productos y servicios que muchas veces no conocemos, no necesitamos, ni estamos buscando en internet o en ninguna red social, pero que algunos de los que se mantienen en contacto con nosotros o en nuestro entorno, sí lo están haciendo.

Por ejemplo: en el caso que me sucedió con mi esposo, él había realizado búsquedas en internet sobre la marca de mobiliario de cocina sin yo saberlo y al estar él en mi misma georreferencia, los anunciantes me enviaron publicidad sobre esa marca.

¿Será que es así? ¿Ustedes qué opinan?

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