Juan Alejandro Tapia
Columnista / 16 de diciembre de 2023

De la muerte y la nieve

Parece que puede sonar por horas. La cortinilla musical de ‘El bueno, el malo y el feo’ es la señal de que Édgar Perea apenas va camino a la emisora. A dos cuadras de la casona de Radio Tropical, en Barranquilla, un niño apura su sopa. Quince minutos después, una paloma blanca con el logo Mercedes Benz desciende frente al tumulto de admiradores reunido en la puerta. El niño no grita, no apluade, no saluda, no toca, solo observa. Contempla, más bien. Cuando grande quiere ser como él.

Mañana, el niño volverá a salir de su casa como alma que lleva el diablo para verlo de nuevo. Y el día siguiente, y el próximo. En sus juegos relatará goles imposibles, chilenas, tiros libres, y repetirá las palabras que tanto lo han emocionado, que han exacerbado su pasión por un equipo de fútbol que hasta antes de escucharlo le resultaba indiferente. «¡A Junior tienes que matarlo!», vociferará de cuarto en cuarto hasta ganarse un regaño de su mamá. «¡Porque Junior es tu papá!», dirá antes de que le arrebaten el cucharón de las manos y lo manden a dormir.

Es curioso que las expresiones que popularizó el ‘Negro’ Perea en las décadas del 70 y 80 revivan en las nuevas generaciones lejos del medio que las masificó. Hallar un radio en los estadios colombianos es comparable con un descubrimiento arqueológico, y los narradores de fútbol y otros deportes han migrado a la televisión y las plataformas digitales. Pero si hay un ganador en este fin de año, además de Junior con su décima estrella, es el recuerdo de esa época dorada de los grandes relatores en la que el sentimiento no se disfrazaba de objetividad profesional y falso respeto.

Édgar Perea era soberbio, lenguaraz y visceral. Sobre todo visceral. «¡Cómo me dan de lástima!», les restregaba a los aficionados del Deportivo Cali, en la última fecha del campeonato de 1980, segundos antes de que saliera de su boca la frase que cuarenta y tres años después repitieron todos los medios de comunicación del país para felicitar al Junior campeón en Medellín: «¡Tienes que matarlo!».

No hay forma de que un narrador o comentarista de estos tiempos se atreva a provocar a una afición como lo hacía Perea. Con la centralización del negocio de la información deportiva casi todos posan de lúcidos, estudiosos e imparciales. La referencia a la nieve en Barranquilla fue un hecho excepcional y tuvo un efecto búmeran para el periodista Juan Felipe Cadavid, que es posible que lo persiga el resto de su vida. Pero hay que reconocerle el valor de arriesgarse, de romper el molde y desnudar su opinión.

El mismo Cadavid, hecho trizas por la derrota de su amado Medellín en la pelea por el título, no ocultó su estado emocional en su canal de Youtube y poco le faltó para llorar. Es la alternativa que han encontrado los periodistas de las grandes cadenas para monetizar su popularidad sin necesidad de camuflar sus preferencias. Cuando el Sábado de Carnaval aparezca en la Vía 40 una carroza dedicada a festejar su ocurrencia climática se dará cuenta de que es lo mejor que le ha pasado en su carrera.

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