Juan Alejandro Tapia
Columnista / 17 de junio de 2023

La calor

Sudor fangoso, ropa pegada al cuerpo, rostros que brillan como barnizados con aceite de cocina, olores agrios que vuelven espeso el aire que se respira, fatiga, pérdida del soplo de vida, es el llamado «golpe de calor» o sencillamente «la calor», como todavía la conocen miles de hispanoparlantes sin importar la condición económica ni la oposición de la Real Academia Española, que no lo considera «culto» debido a que su uso es en masculino (el calor), pero reconoce que «hay zonas de España y de América donde está extendido en femenino y, de hecho, hay hablantes para los que el femenino posee un significado propio de ‘calor extremo'».

La calor, entonces, es lo que siente el pasajero de un bus atiborrado a las 3 de la tarde en Barranquilla o un comprador en la plaza de mercado de Ciénaga a la misma hora o el conductor de un Land Rover en Fundación, como en el consabido chiste sobre las altas temperaturas de esa población magdalenense, según el cual un hombre llega al infierno y no experimenta sofoco ni agobio, por lo que el diablo, contrariado, decide poner a trabajar las calderas a toda marcha, pero al ver que no consigue perturbarlo se acerca y lo interroga por su resistencia. «Viejo Fer (diminutivo cariñoso de Lucifer)», responde el tipo con naturalidad, «esto es fresco para mí. Yo manejaba un jeep en Fundición».

Lo que no produce risa es el cambio climático, así la corriente negacionista haya ganado terreno en los últimos años con Donald Trump como abanderado. México atraviesa una ola de calor calificada de histórica por parte de los expertos, al extremo de que 22 estados superaron los 40 grados este 13 de junio, y estudios de la NASA indican que el Ártico perderá todo su hielo por primera vez en las próximas dos décadas. Como para que no quede duda, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó a principios de 2023 que los últimos ocho años han sido los más calientes del planeta “desde que se tiene constancia a escala mundial”.

Con un comunicado de prensa alarmante, pero que pasó relativamente desapercibido, la directora adjunta del servicio europeo Copernicus sobre el cambio climático, Samantha Burgess, alertó esta semana sobre niveles nunca registrados: «El mundo acaba de vivir su inicio de mes de junio más cálido hasta la fecha, después de un mes de mayo que fue solamente un 0,1 °C más fresco que el récord de ese período», datos que coinciden, para agravar la situación, con el inicio del Fenómeno del Niño. Afganistán es el país que más preocupa, seguido por la región centroamericana, con atención especial en los casos de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

En Colombia, el Fenómeno del Niño es noticia por el inminente aumento de las tarifas de energía, de lo contrario estaría reducido a información de segunda mano o relleno en medio del escándalo de gobernabilidad que sacude al presidente que prometió enfocarse en el cambio climático. Barranquilla, una de las capitales más golpeadas por la ola de calor, intenta compaginar su «política del cemento» con un controvertido programa de arborización a veinte años por un billón de pesos. Por ahora está lejos de hacer honor al remoquete pomposo de «biodiverciudad» con el que intentan venderla desde la Alcaldía y sigue anclada al muy caluroso de ‘La arenosa’, como siempre ha sido conocida. El periódico El Heraldo, con ayuda de la inteligencia artificial, publicó hace poco imágenes de una posible Barranquilla futurista, que coinciden en mostrarla como una urbe desértica con edificaciones sacadas de una película de ciencia ficción. Da calor de solo verlas. La calor.

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