Lo último / 24 de julio de 2021

Luces, sonido… ¡vuelven los grandes conciertos con público!

Patricia Escobar

Barranquilla vivirá este 7 de agosto su primer espectáculo con asistencia de público y todas las medidas de bioseguridad que, para los empresarios, requiere de una alta inversión.

El entretenimiento, la cultura, la noche, la rumba, el espectáculo que comienzan a “despertar” de este letargo por culpa del Covid y su consecuente aislamiento afronta hoy una dura carga. Por un lado, por lo menos en Colombia, se mantienen los aforos restringidos y por el otro, a sus altos costos hay que añadirles ahora, los que conlleva la bioseguridad que debe implementarse.

Garantizar la puesta en marcha de una burbuja biosegura cuesta y mucho, y ese costo adicional no puede ser asumido por el espectador en su totalidad, porque éste también está saliendo de una crisis económica.

Sin embargo, artistas y empresarios comienzan a darse la pela para lograr salir exitosamente a flote, esperando que cada ciudadano sea auto-responsable y que además responda sin miedos a la convocatoria.

Barranquilla será pionera, en el Caribe colombiano, de grandes conciertos con presencia de público. El primero será este 7 de agosto en el Campo de Paradas de la Base Naval de Barranquilla, un espacio con capacidad para 5 mil personas en épocas normales y que por ser al aire libre permite hasta el 70% de su aforo. Sin embargo, sus organizadores, una empresa de producción de eventos, ha puesto a la venta sólo el 30% de esa capacidad para la presencialidad y la oportunidad de verlo desde casa a través de streaming.

Esa presencialidad implica que se cumpla un riguroso protocolo: mantener una distancia física de 1.5mts entre palco y palco que lo que de entrada reduce la capacidad de aforo ya que un palco tradicional tiene 2 x 2 de metraje. En cada palco sólo pueden ubicarse máximo 10 personas, cuando tradicionalmente se ubican hasta 12. Los palcos deben ser desinfectados antes del evento y sus “huéspedes” sólo deben moverse lo menos posible y para lograrlo se debe aumentar el número de meseros y logísticos y hacer montajes adicionales de cantinas y restaurantes.

Aunque la norma no obliga a los organizadores a ofrecer a sus clientes elementos de bioseguridad, Hernando Roncallo, uno de los líderes del concierto ‘Batalla de reyes y reinas’, colocará el cada palco, un set de protección compuesto por dispensadores de alcohol, gel antibacterial, tapabocas, pañitos húmedos y bolsa plástica. Eso, adicional a los dispensadores de alcohol y lavamanos portátiles que se ubicarán en áreas estratégicas del escenario.

El personal técnico, artístico y de producción estará vacunado y contará con prueba PCR y deberá portar en todo momento con su tapabocas o mascarilla acrílica. Directamente trabajarán en el concierto del 7 de agosto unas 500 personas que por lo menos deberán cambiarse 3 veces su tapabocas, lo que significa un costo “nuevo” alto para cualquier ciudadano.

También se debe aumentar el número de baterías sanitarias, aunque haya menos personas para utilizarlas, la ambulancia, el personal paramédico y las zonas de atención en caso de que un asistente se sienta mal. Como también la señalización.

En la nueva etapa, la presencialidad se alternará con la virtualidad para que los shows sean rentables.

Todos estos detalles van sustentados en un plan de bioseguridad que es adicional al plan de contingencia el cual debe ser elaborado por un experto porque las normas son actualizadas al ritmo del comportamiento de la pandemia.

Como la presencialidad no puede ser rentable con todas estas nuevas normas y costos adicionales, entonces hay que alternarla con lo digital o virtual: la transmisión del concierto para ser vista desde las casas en cualquier parte del mundo. Los costos de producción de una transmisión exigen contar como mínimo con un punto fijo de transmisión que por lo menos debe contar con 3 cámaras que podrían costar unos 5 millones de pesos por lo menos, o en el mejor de los casos con una móvil de transmisión que cuesta 20 millones de pesos. También se requiere de una excelente señal de internet proporcionada por dos operadores para evitar que los espectadores remotos sufran con las “normales caídas”, y con una plataforma o pasarela que venda las boletas y se encargue que no se “piratee” la señal.

Y lo que es válido para los conciertos también lo es para el teatro y cualquier otra manifestación que vaya a presentarse en escenarios cerrados o abiertos.

La reactivación del sector más afectado por esta pandemia no será nada fácil y necesita entre otras, del apoyo de todos: espectadores, patrocinadores y Estado. Adicional a todo lo nuevo, para nadie es un secreto que, en trámites, permisos, impuestos y requisitos, en Barranquilla hacer un concierto es “para machos” por sus elevados costos.

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