Patricia Escobar
Columnista / 26 de junio de 2021

Más allá del deporte

Confieso que me gusta ver deportes. El ciclismo y el fútbol son lo que más me atraen. También reconozco que no soy técnico, ni mucho menos me lo creo, y que realmente lo poco, muy poco que puedo saber de estrategias, técnicas, movimientos, líneas, reglamentos, etc. Lo he aprendido a lo largo de los años viendo estos deportes.

Para mí, el deporte que veo en televisión va más allá de lo físico. El ciclismo que me pare súper sufrido me ha brindado la oportunidad de ver paisajes y lugares maravillosos, de conocer de datos tan interesantes que me han llevado a buscar más para poder entenderlos y apreciarlos. Me distrae la vista, me alimenta el alma y me invita a buscar sobre historia y geografía. Pero además el ciclismo me ha enseñado lo que significa trabajar en equipo, rodear a líderes, acompañar en los momentos más difíciles a un compañero y deponer los egos. Hace poco en el Giro de Italia “todo” el mundo apreció gestos de solidaridad de Daniel Felipe Martínez con su compañero Egan Bernal. Es posible que los que sólo se centran en las ruedas y el pedaleo, no le hayan dado mucha importancia al asunto, pero yo, particularmente, creo, que eso fue lo más significativo de esta vuelta.

Adicional a que, si uno se esmera un poco, encuentra historias humanas maravillosas de muchos de los participantes. Historias que nos dejan grandes lecciones de vida.

Mientras el ciclismo me ha mostrado humildad, respeto, compañerismo, el fútbol me muestra egos, muchas veces desmedidos, arrogancia, y diferencias garrafales entre quienes lo practican en forma profesional. Nos es si no, mirar lo sucedido por ejemplo en el último partido disputado entre el seleccionado de Colombia y Brasil con su “estrella” Neymar.

El jugador de 29 años de edad, nacido en Sao Paulo y referente obligado de la selección de ese país, es muy seguramente un buen futbolista, pero también es, sin demeritar el término, un gran comediante, un “actor” llorón, un niño bonito con pinta de rapero que se cae cuando lo miran en la cancha y responde e increpa a los jueces. En el otro extremo está Juan Guillermo Cuadrado, un fiel exponente de su raza negra que suda la camiseta hasta el exceso y el punto de que muchos “expertos” le critican que trate de mantener el balón al máximo. Pero no reconocen la fortaleza física y mental al aguantar al máximo, empujones, agarrones, patadas y pisadas de los contrarios.

El futbol, tal vez porque es el deporte más extendido en el mundo, me ha enseñado las grandes diferencias que hay entre los humanos y las distintas formas como enfrentamos la vida. Al lado de los arrogantes, excéntricos, derrochadores de dinero vemos a personajes como Samuel Etoo, Kanouté, Drogba, caracterizados por su “extrema solidaridad”. Ellos que nacieron en la pobreza extrema y encontraron en el fútbol más millones que lo que imaginaron han repartido grandes sumas de sus ganancias entre los habitantes más desfavorecidos del planeta.

Al lado de los “escandalosos” en su vida privada a pesar de sus dotes de buenos deportistas, vemos a jugadores con vidas tranquilas que inspiran. El manejo de la fama y el dinero marca a las personas, y las diferencias en sus manifestaciones depende de la educación en el hogar (muchos no han asistido a colegios ni universidades) y de su sensibilidad social.

Porque me abren la mente y me permiten momentos de disfrute y estimulación de la adrenalina es que los deportes, apreciarlos, aunque no practique ninguno, son importantes en mi vida. En ellos veo algo más que una actividad física.

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