Patricia Escobar
Columnista / 8 de octubre de 2022

Ojo avizor

Estar atento a lo que sucede en lo público, es una tarea que contribuye, de alguna manera, a terminar con la corrupción que al final de cuentas es lo que tiene en estado de postración a nuestro amado país.

De todos es sabido que el derroche de dinero, las coimas, los sobrecostos hacen que las obras que deben adelantarse desde las distintas administraciones contribuyen a desfalcar esas entidades, a beneficiar a algunos y perjudicar a otros, y a ahondar en la desigualdad.

Por eso celebro que tengamos periodistas y particulares “´pendientes”, atentos a todo lo que sucede a ver si cada día, los funcionarios públicos se abstienen de usar mal lo que los trabajadores juiciosos aportamos al Estado para su buen funcionamiento.

Pero hay dos problemas: primero que esa misión de estar atentos se limita, en la mayoría de los casos, a informar después del hecho cumplido, cuando la solución ya es muy difícil, cuando en este país, muy poco importa la sanción social, o cuando lo “obligado” a devolver no va a las causas justas. Ejemplos hay por montón, y ya expondré algunos.

Y el segundo problema, por estos tiempos, es que ese ojo avizor dirige la mirada hacia un solo objetivo y está cargada de imparcialidad, muchas veces sin el contexto necesario para entender el hecho en su real dimensión, quitándole con ello fuerza a lo que se quiere denunciar.

Solo quiero señalar un caso, entre otras cosas, porque el sujeto es una mujer, porque esa mujer es del Caribe, porque adicionalmente, ella no corresponde al patrón que en el común de la gente tiene de su cargo o rol.

Siento que desde el pasado 7 de agosto, hay un grupo de personas, casi todas ellas del interior del país, que se han encargado de “no pasarle ni media” a la Primera Dama del país, Verónica Alcocer. Desde el día de la posesión de su esposo las críticas de algunos han sido implacables: su atuendo, su forma de celebrar, su forma de bailar, su falta de protocolo al saludar de la misma forma al personal de servicio y a los invitados especiales.

Hace poco la pusieron de nuevo en el ojo del huracán por sus viajes al exterior representando a su esposo, el Presidente Gustavo Petro. En este caso habría que precisar que, una sentencia de la Corte Constitucional indica que “ninguna función pública se atribuye al denominado despacho de la Primera Dama y, como este cargo no existe, ninguna persona o funcionario puede atribuirse competencia por desempeñar a su turno otras funciones a desempeñar por empleados del Departamento Administrativo”.

Preguntas: 1. ¿qué función pública se está ejerciendo al asistir a un funeral, en su caso dos, o un foro de mujeres?. 2 ¿Es la primera vez que una Primera Dama viaja a representar a su esposo en actos protocolarios?. 3 ¿No es mejor que esos eventos “sociales” sean atendidos por alguien que no tiene trabajos y responsabilidades concretas con los gobernados?. 4 ¿64 millones en tres viajes internacionales en dos meses es un monto exagerado teniendo en cuenta el alto precio del dólar, los lugares donde asistió, la importancia de los eventos y la imagen del país?

Respetando cualquier tipo de respuesta a esos interrogantes, creo que si el Ministro de Relaciones Exteriores y la Vicepresidente son los llamados a atender “esos compromisos” yo prefiero que se queden trabajando en lo verdaderamente importante: la paz total, y la equidad social, a que vayan por el mundo a hacer relaciones públicas y sociales que poco o nada solucionan los graves problemas que hoy tiene Colombia. Eso, independiente de que hay que controlar gastos y revisar lo existente en cuanto al tema. Creyendo que debe existir escalas de acuerdo con “la dignidad” como las que hay que el sector privado, donde al Presidente de la compañía, no le autorizan los mismos montos que a un conductor, por ejemplo.

Que siga “el ojo avizor” sobre todo lo que es verdaderamente importante pero, sin sesgos políticos.

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