En Pantalla / 27 de mayo de 2023

“Rebelión”: una película sobre el hombre, no sobre el artista

Patricia Escobar

Cinematográficamente el film sobre Joe Arroyo, ahora en Neftlix, aborda una trama que levanta ampollas porque trata un tema oscuro y muy personal del músico genial que nació en Cartagena, pero que es referente mundial de nuestra música.

Desde hace algunos días Rebelión, la película  sobre la vida de Joe Arroyo que ya se había estrenado en cine, se encuentra disponible en Netflix. El director de este film es el bogotano José Luis Rugeles, y el encargado de darle vida al famoso personaje es el actor cartagenero Jhon Narváez.

La película, basada en el libro de Mauricio Silva, es un film nada convencional que el año pasado ganó el premio Rebeldes con causa en la edición 26 del Black Nights Film Festival, desarrollado en Tallin, capital de Estonia. El jurado de esa competición aseguró que entregó el premio porque en su opinión, “trasciende las limitaciones de su género y, a través de una combinación perfecta de actuación, narración, cinematografía y música, crea una película biográfica como ninguna otra. Tanto si eres un fanático de toda la vida de sus temas, como si escuchas sus canciones por primera vez, esta película te llevará a su órbita y te hará sentir el poder de la música”.

En declaraciones a distintos medios de comunicación Rugeles ha dicho con respecto a la película que, “lo primero que me gustaría es que la gente piense:  ¡qué grande es el Joe! Después, que vea qué fuerte fue su vida; y por último que afirme: qué creativo era, cómo componía”.

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Sin embargo, sus intenciones, o mejor dicho, el resultado de ellas, no son compartidas, ni entendidas por una inmensa mayoría de los fans, fanáticos, seguidores, admiradores del artista, quienes reconocen en él a un genio creativo único, y a los que poco o nada les importa cómo hacía Joe para componer esos temas que los ponen a bailar, a gozar, y hasta a pensar.

Fan o no de Joe Arroyo, el más grande referente de música tropical de Colombia, el talento de nuestro artista no se discute. Hace poco escuché a un joven decir: “Nojoda, ¿cuándo nacerá alguien que se le asemeje a ver si se vuelven a escuchar temas que no sean desechables? El man componía para un Carnaval, y aún después de su muerte, éstos temas son infaltables para que la gozadora sea total”, afirmaba el muchacho, mientras en el fondo escuchábamos uno de los temas del cartagenero.

El mulato grabó más de 300 canciones, unas 100 de su autoría, que no pueden enmarcarse en un género musical convencional, aunque él sí impuso el suyo: el ‘Joeson’. Su timbre de voz no encajaba tampoco en ninguno de los conocidos, siendo único y especial al punto que haya quien se atreva a decir que su voz es “caribeña pero metalizada”(¿?). Era, en definitiva, un genio de la creación, de la musa y de la música. Un genio único en su especie.

Para Netflix, la película: “sigue la vida del cantautor colombiano Joe Arroyo en un retrato íntimo que explora lo profundo de sus pasiones, genialidades… y excesos”.

Hay una línea muy delgada entre la persona, Álvaro José, y el artista, Joe, que muchos no alcanzan a distinguir y por ello se critica el abordaje que del personaje hace el cineasta bogotano.

El crítico de cine Daniel Andrés Ruiz Sierra ha escrito algo que es muy importante antes de tomar una posición sobre el film. “En Rebelión vemos a Álvaro y no al Joe. Vemos al ser humano lidiando y queriendo escapar del ídolo. A un hombre enfrentándose a la presión, al miedo, a las adicciones y a la soledad, aquí reforzada entre habitaciones de hoteles, hospitales y momentos claves de su vida que aparecen en el relato cual viñetas. En Rebelión, Rugeles pone el ojo en el Álvaro que busca en sí mismo para intentar responderse lo que también se preguntaban periodistas nacionales e internacionales para usar como premisa y escribir sus artículos periodísticos: ¿Quién es el Joe Arroyo?”

De izquierda a derecha, el director José Luis Rugeles, el actor John Narváez y el productor Federico Durán. (El Universal)

Por su parte, Sandra Ríos escribió: “A 11 años de la muerte del Centurión de la noche aparece este largometraje de ficción que no es un biopic y quizás tampoco deba nombrarse como un homenaje. Es, para mí, una historia íntima de un ídolo, de una figura pública, pero, sobre todo, es el retrato de un ser humano con luces y sombras, de un cantante con métodos de composición no tradicionales y un hombre en una atropellada búsqueda del yo”. Y agrega algo muy importante: “Detrás de la leyenda está el hombre melancólico, solitario, con salud inestable, con conflictos y agonías, pérdidas familiares y amores perdidos.”

La recomendación es, entonces, observar la película con un sentido crítico sobre el hombre y no como un recuento histórico-lineal de un artista. Hablando de Álvaro, no es mentira que nació en un barrio popular de Cartagena, no es mentira que vivió en carne propia la pobreza, no es mentira que desde niño mostró la genialidad colocándose un balde en la cabeza para sacar sonidos. A su edad, otros lo que hacen es sacar sonidos a través de golpes.

El hombre que se convirtió en ídolo por su genialidad vivió el oscuro mundo de la música, escapándose de la casa materna para cantar en bares “de mala muerte”, estuvo rodeado de hombres y mujeres de mucha más edad que él, se enfrentó al racismo, a la discriminación, a la incomprensión, a los rechazos. Ese hombre creció entre humildes viviendas, hoteles de todas las categorías. Su salud nunca fue la mejor, pero poco o nada le importaba aunque le tenía pánico a la muerte.

Ese hombre con todas esas condiciones fue un genio creativo, un músico único, un ídolo que once años después de su muerte sigue siendo escuchado y anhelado. Definitivamente, Rebelión, la película, es otro cuento que cinematográficamente puede gustar o no, y que, partiendo de la “buena fe” del director de la película y de su intención de ser un explorador de la conciencia creativa y no un acusador de un hombre con debilidades, muestra a un ser humano con sus defectos y limitaciones. Joe era un ser humano, no un Dios, ni un santo.

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