Patricia Escobar
Columnista / 10 de abril de 2021

Pagar las culpas

Las redes dan para todo. Eso ya lo sabemos, pero confieso que algunos mensajes de los últimos días me tienen francamente desconcertada, impactada y hasta con una profunda tristeza.

En estos días han salido a la luz pública reacciones, por decirlo de alguna manera, frente al pedido de ayuda o las manifestaciones de dolor por la partida de un ser querido víctima del Covid. Las reacciones están acompañadas de un señalamiento de culpabilidad, la mayoría de las veces con fotos de soporte, que francamente no entiendo, porque seguro en el fondo todos saben lo que han hecho, y no veo bien caerle al caído.

Primero sale una información sobre el fallecimiento de alguna persona o el pedido de auxilio para un familiar, y mientras llegan los primeros mensajes de condolencia aparece, un supuesto amigo, montando una fotografía que lo señala como irresponsable, lo muestra en un sitio de rumba o en una fiesta familiar, y adicional, coloca un texto con la sentencia “divina”, que, palabras más, palabras menos, dice “se lo buscó”, o “por culpa tuya, ya no te quejes”.

Por supuesto que en estas condiciones de salud mundial es responsabilidad de todos cuidarnos. Yo creo que no hay que jugar con candela, lo que no entiendo es qué logramos con señalar a quienes están atravesando un dolor por su “irresponsabilidad” o por su “ignorancia”, y no trabajar antes en prevención.

Yo no sé si el mensaje está bien o mal, con lo que yo no comulgo es con la forma porque creo que hay otras, también dramáticas, que pueden llevar el mismo mensaje que en el fondo es: “Si quieres la vida, cuídala”.

Me cuesta explicar esto porque en mi cabeza se amontonan ideas y en mi corazón hay una disputa de sentimientos.

Por un lado, creo que es obligación de todos alertar sobre los cuidados que hay que tener frente a este virus. Sin embargo, ni los científicos se han puesto de acuerdo en cómo se transmite, en cómo se evita, en cómo se minimizan sus efectos, entonces ¿cómo hacer un buen trabajo de información que llegue a todos?, ¿cómo hacer para que creamos que sí hay un problema de salud y que sí son importantes algunas de las medidas tomadas por los expertos?

Por el otro pienso que en el manejo de la información es necesario ser más fuertes, drásticos y sinceros. Hay que mostrarle a toda la comunidad el estado de las cosas, no para generar pánico, sino para ver si así tomamos conciencia. Una sala de espera de una clínica atiborrada de pacientes, una calle con ambulancias esperando bajar un paciente, otra calle con una hilera que parece interminable de carros de distintas funerarias esperando la entrega de cadáveres, tienen que mover al más incrédulo de los incrédulos, al más insensible de los insensibles. Pero hay expertos que aseguran que ese exceso de información también produce daño.

Ahora bien, con el daño ya hecho, con la muerte ya en nuestras casas, no creo que sea de humanos restregarle a la persona o a su familia que, por su indisciplina, por su irresponsabilidad, por no creer, su familiar murió. Bastante dolor ya debe tener para que le disparemos a la llaga.

Tratando de concluir, creo que lo que prima es el respeto a la vida y que no somos nadie para señalar, juzgar o ridiculizar. El respeto a la vida es cuidarnos, cuidar a los demás, y respetar sus acciones. No somos jueces y no podemos señalar con el dedo acusador y mucho menos cuando esa persona ya está pagando su culpa.

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