Patricia Escobar
Columnista / 13 de marzo de 2021

Reciclar para no ahogarnos

Completamos un año en que, como medidas de control, nos hicieron ver cosas tan obvias como lo importante y necesario que es la higiene, la limpieza, la asepsia. Una y otra vez nos repiten la necesidad de lavarnos las manos con frecuencia, de mantener limpios nuestros entornos, de desinfectar o dejar en la puerta de la casa, el calzado con el que habíamos recorrido calles y lugares obviamente sucios, aunque no lo parecieran a primera vista.

Nos han enseñado que no debíamos tocarnos la cara a cada rato, que debemos mantener muy limpios nuestros dientes, la lengua y la garganta. Hicieron énfasis en la necesidad de mantener limpias las superficies y elementos de trabajo y mantener el orden y la distancia.

Aunque muchas de las “reglamentaciones gubernamentales” en este sentido ya no son obligatorias por decretos, lo que sí debería ser una obligación moral de cada ciudadano es mantenerlas como verdaderos hábitos. La correcta limpieza de los seres humanos y su entorno no solo aleja al coronavirus sino a cualquier otro virus que exista o aparezca. Lavarse las manos es una costumbre antigua que debe permanecer, y con ella muchas de las que nos enseñaron o recalcaron en los últimos meses.

En el 2021 deberíamos enfocar nuestros esfuerzos en mantener limpios y organizados nuestros entornos. El planeta necesita que le prestemos tanta o más atención de la que le hemos prestado al coronavirus.

A él lo estamos ahogando en basuras, en desechos, en inmundicias y en contaminantes de todo tipo, comenzando por los tapabocas y guantes que estamos usando y que seguramente usaremos por lo menos por un año más. Esos elementos que desechamos contagiados o no, tienen su técnica de destrucción: primero hay que romperlos, volverlos inservibles, después hay que bañarlos en alcohol o clorox y por último arrojarlos en las mismas bolsas en las que botamos servilletas, papel higiénico y residuos no aprovechables. No podemos dejarlos en las calles, abiertos en canecas y en cualquier lugar para que vayan a dar donde no deben ir.

Todos debemos saber que cada uno de nosotros produce residuos orgánicos (desechos de origen biológico, biodegradables que se pueden transformar en materia orgánica como abonos) y residuos inorgánicos que no son biodegradables pero que pueden convertirse en otros objetos utilizables. Los residuos inorgánicos deben clasificarse por separado: papel/cartón, vidrio/metal (lavados muy bien antes de desecharlos, y plásticos.

Si cada hogar comienza a separar su propia basura, ya se le está aportando al planeta una dosis alta de limpieza y descontaminación. Después vendrá la recolección de los mismos y el aprovechamiento de lo que es aprovechable que se calcula es más del 80% de la basura doméstica.

El Banco Mundial estima en su reporte What a waste que para el año 2025 se generará la cantidad de 2.2 mil millones de toneladas de basura al año. Así que nos ahogaremos en nuestra propia basura a menos de que haya un cambio no solamente en la generación y el manejo de la basura, sino sobre todo en la mentalidad de la gente. Por ello. Es importante que, así como hemos aprendido a lavarnos las manos con frecuencia, recalque como con frecuencia en lo vital que es para todos, comenzar ya, a clasificar nuestras basuras para no ahogarnos y morir en la basura.

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