Patricia Escobar
Columnista / 28 de noviembre de 2020

Lloviendo sobre mojado

Digan lo que digan desde el Gobierno Nacional o desde las empresas de telefonía o internet, el país no está preparado para que siquiera el 60% de sus trabajos o labores se hagan de forma virtual.

Un cambio en un tiquete nacional puede fácilmente, si se consigue la conexión, durar más de cuatro horas. La compra de un boleto para un gran concierto virtual, o un gran evento deportivo, se convierte en una larga espera que nunca se ve en una compra en forma presencial, con el agravante de la angustia por la incertidumbre. Igual ha sucedido con las compras virtuales en los días sin IVA, que tenían filas de más de 400 mil personas para poder obtener el producto deseado.

Las filas siguen existiendo, las complicaciones han aumentado, muchos no ha podido acceder a pesar de que quieran hacerlo. Las empresas o entidades del estado no cuentan con plataformas estables y de gran capacidad.

Y qué decir de las citas médicas o los reclamos que deben hacerse por teléfono o a través de internet. Hay que llenarse de paciencia para esperar que, en la gran mayoría de las veces, la persona sea atendida por una computadora.

Tampoco ha sido fácil ingresar al sistema financiero o bancario en la era virtual. Las páginas se caen con rapidez asombrosa, el usuario tiene que tener mil claves en su cabeza o apuntadas en una libreta, y tener la paciencia de Job para cumplir una tarea. Los mayores son los mayores damnificados.

No estoy exagerando en ninguna de las situaciones anteriormente mencionadas, y tampoco es la primera vez que desde esta y otras columnas se señalan.

Dicen los expertos que en el primer trimestre de 2020 se registró un aumento de 161 mil conexiones a Internet fijo frente al último trimestre del año anterior. El país incrementó en más del doble la velocidad de descarga de Internet fijo, alcanzando un promedio nacional superior a los 25 Mbps en el último año. Sin embargo, si se le pregunta al ciudadano del común cómo ha sido su vida diaria frente a esta condición impuesta por la pandemia y el distanciamiento social, la respuesta, mayoritaria será que, mala, complicada, estresante o traumática.

La desigualdad en conectividad adicionalmente ha aumentado la brecha social de este país. Ángel Melguizo, vicepresidente de asuntos externos y regulatorios de AT&T DirecTV en América Latina ha dicho que, “en Colombia, en promedio el 50% de los hogares tienen acceso a internet. Sin embargo, al revisar las cifras por estratos, la brecha es evidente. Mientras el 21 % de los hogares de estrato uno tiene acceso a internet, el 99,8 % de los hogares estrato seis están conectados”.

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