Wilson García
Columnista / 5 de diciembre de 2020

Conmoción con C de Circo

Si algo admirable tiene la sociedad colombiana, es que ha logrado formar colectivamente una manera de ser feliz a pesar de sus propias tragedias, así como vivir debidamente desde sus capacidades y con lo que tiene.

Si hay una forma de vida que sabe aferrarse a sus pasiones y transmitir sus emociones es el sector artístico colombiano, que ha podido forjar valores humanos desde su ejercicio sensible, poético, estético y con sus obras nos transmiten su deseo y propósito de aportar a un mundo armonioso y vivible.

Y si existen seres admirables y ejemplares para una sociedad son los configuradas por las familias circenses. Quienes deciden vivir la vida del circo, bien sea por tradición familiar o por emoción personal, con toda la convicción de sostener un proyecto de vida basado en animar, inspirar y despertar motivaciones vitales en la sociedad a partir de mostrar en un mismo espectáculo sus habilidades, humor y destrezas, una expresión artística que hay que considerar parte integral de la cultura humana. En el circo actúan payasos, acróbatas, magos, equilibristas, malabaristas, contorsionistas, trapecistas, antipodistas, cantantes, danzarines, alfombristas, pulsadores, mimos, pendulistas, motociclistas de la muerte, garotas y bailarinas, que se desviven por divertir al público.

En el circo conmueve tanto la alegría del payaso como la tragedia de Romeo y Julieta en el teatro. Uno de los significados de la palabra conmoción es que se trata de un sentimiento de pena profunda que sacude el ánimo de una persona, especialmente hasta despertarle la compasión o las ganas de llorar, y esto fue lo que ocurrió cuando desde la Mesa Nacional de Circo me contaron que hace apenas unos días en el Cauca un grupo armado, implacablemente, asesinó a un joven artista de 14 años, hijo de familia circense, por negarse a ser reclutado a la fuerza para ser parte de estos grupos delictivos.

¡Qué impacto! Alison Pérez, el joven payaso llamado CienPesitos, que aprendió a ser feliz para hacer felices a otros, era de Cien Pesos, corregimiento de Repelón, en el centro del Atlántico, y su asesinato ha quedado como un acto más sin mérito ni registro, engrosando las tantas tragedias de muertes y asesinatos del 2020. Sólo el periódico El Heraldo y otro medio web registraron el hecho e irónicamente en los días cercanos a este vil acto, que considero de lesa humanidad, aparece en titulares internacionales “Conmoción Mundial por muerte del futbolista Diego Maradona”. Permítanme hacerme a un lado de este sensacionalista enunciado, que dicho cómo se escribe, se atreve a expresar esto por la muerte de una persona mediática controversial y nada ejemplar, como si fuera un sentimiento global y generalizado, del cual yo no hago parte, así como tampoco millones de colombianos no están haciendo parte en este momento, mientras escribo sobre el hecho aterrador y violento del secuestro de niños para obligarlos a vivir en la guerra.

La indiferencia de los colombianos y su silencio colaborador están permitiendo y naturalizando que se trunque la vida de un menor que eligió como modo de vida la risa en vez de las armas, y ese fue su valor. CienPesitos es ejemplar, por defender su sentir, por luchar por su creencia, por no dejarse intimidar y defender su convicción a pesar de intuir que hacer eso en “c”olombia cuesta la vida, porque en este territorio no existe ética ni respeto de los derechos universales del ser humano, lo que me da el derecho de protestar desde las letras, permitiéndome escribir en esta columna la palabra “c”olombia con c minúscula. Porque desde que este Estado se permita que maten a los niños, que no afronte los actos punibles, que no se juzgue a los asesinos, que se dilaten las investigaciones, que el silencio encubra, que no haga duelo ni honre a sus muertos, ni mantenga memoria con actitud reflexiva antes que combativa, no merece la C mayúscula en su nombre, así que a partir de ahora solo la usaré para escribir Circo con C de Conmoción y no con c de “c”olombia.

PD: Otro acto más al que el gobierno de turno no le hace duelo público, ni honra la memoria, ni lamenta sus muertos.@eldelteatro

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