Personaje / 22 de agosto de 2020

Dos de sus grandes amigas recuerdan a ‘La Gaba’

La arquitecta Katya González con Gabriel García Márquez y su esposa Mercedes Barcha, en un de sus encuentros en México.

Patricia Escobar

Katya González y Gloria Triana, dos amigas de Mercedes Barcha, la esposa de Gabito, cuentan la relación que tuvieron y coinciden en afirmar que era una mujer brillante que manejó con inteligencia un matrimonio durante 56 años.

Mercedes Barcha Pardo nació en Magangué, Bolívar y se conoció con Gabriel García Márquez, el amor de toda la vida, en un baile estudiantil en Sucre. Y según lo dijo el autor de Cien años de soledad, fue en Barranquilla cuando ella, cortejada desde los 13 por el hijo del telegrafista, lo aceptó en matrimonio para toda la vida.

Gloria Triana recibió varias veces en su casa en Cartagena a los esposos García Márquez Barcha, con reuniones sociales y almuerzos regularmente amenizados por tríos y conjuntos vallenatos. (Archivo particular)
(Foto de El Universal)

Gabo describió el hecho así: “Por aquellos días de buena fortuna me encontré por casualidad con Mercedes Barcha, la hija del boticario de Sucre a la que le había propuesto matrimonio desde sus trece años. Y al contrario de las otras veces, me aceptó por fin una invitación para bailar el domingo siguiente en el hotel del Prado” (Vivir para contarla).

La boticaria amorosa de cuello largo, como la describió el escritor, murió recientemente en México, pero con su esposo vivió las verdes y las maduras aprendido a estirar el dinero, a fiar a los tenderos de la cuadra, a empeñar lo que tuviera a mano, a disfrutar de las locuras del genial escritor y de sus amigos, a callar y ser la fuerza silenciosa detrás de un hombre poderoso.

Aunque todo el mundo la conocía, porque Gabito la exhibía orgulloso, una vez fallecida le aparecieron amigas de “toda la vida”, pocas tan reales como la barranquillera Katya González Ripoll Rosales, arquitecta, ex viceministra de Cultura, y enamorada del Patrimonio, quien dice que la conoció desde que estaba en el vientre de su mamá; y Gloria Triana Varón, bogotana con alma Caribe que quiso estudiar arquitectura, pero el primer día que llegó a la Universidad Nacional se cambió a Sociología. Es documentalista, de las mejores del continente, y recuerda a La Gabamcomo una mujer que manejaba los hilos con extrema sutileza. @miredvista habló con estas dos grandes y verdaderas amigas.

UNA MUJER BRILLANTE”: KATYA

Mercedes fue siempre una mujer brillante, discreta, prudente, que no se daba con todo el mundo, que tenía amigos por doquier y me dejó como herencia un grupo maravilloso de mujeres reunidas en una red llamada “Las preferidas”, asegura con entusiasmo Katya.

Mercedes no era muy asidua tomarse fotos, pero para sus amigas, como Katya González, siempre estaba dispuesta.

La hija del recordado arquitecto Ricardo González Ripoll cuenta que su padre y Gabo se conocieron desde muy jóvenes y se hicieron muy buenos amigos cuando ambos se fueron a estudiar el bachillerato en la fría y perdida población de Zipaquirá, en el departamento de Cundinamarca, hasta donde llegaron recorriendo medio país en los barcos de vapor que por aquel entonces transitaban por el Río Magdalena.

Terminado el bachillerato, ambos se fueron a Bogotá a estudiar en la más prestigiosa universidad de la época: la Nacional de Colombia. Gabo se inscribió para estudiar Derecho, aunque su pasión era la escritura, y Ricardo para estudiar Arquitectura. Se “separaron” cuando la Nacional fue cerrada a raíz de los hechos del 9 de abril de 1948, cuando Gabo viaja a Cartagena y comienza a trabajar como reportero. Diez años después contrae matrimonio con Mercedes Barcha. Ricardo se casa con Judith y las parejas siguen siendo amigos.

Cuando nace Katya, ya Gabo era reconocido por su talento y su esposa por ser una mujer muy entusiasta que, a pesar de su rostro adusto, la acogió como si fuera su hija. Y allí comienza lo que Katya llama la primera fase de su amistad, que duró hasta la muerte de Mercedes a la que vio por última vez hace un año en Cartagena, donde compartieron durante más de 15 días.

La segunda etapa comenzó cuando Katya se hizo mayor y era la que acompañaba a su padre a todos los encuentros culturales y bohemios. Era la “mascota” de quienes visitaban La Cueva, que por aquella época era un sitio solo para hombres y al que estigmatizaron hasta el punto de que era famosa la frase “si no quiere perder a su marido, no lo deje ir a La Cueva”. Tal vez por eso, la madre de Katya aceptaba que su hija acompañara a su padre a ese encuentro de la intelectualidad.

La tercera etapa de esa amistad de esa amistad es cuando “ya todos estamos grandes y yo vivía en Londres, donde estudiaron los dos hijos de Mercedes y Gabo. Yo era un poco mayor que ellos, pero Mercedes cuando no estaba presente, me los encargaba”, dice Katya. Fue la época en la que conoció más profundamente a la mujer-madre, a la amiga pendiente de todos los detalles, a la intelectual sin poses que enamoraba con su sabia conversación. Fue la época en la que Gabo le compró un apartamento a Katya, sin haberlo comenzado a construir, y todos compartían con gran familiaridad.

La cuarta época es la madurez de Mercedes y Katya, donde ambas, cuando se encontraban sobre todo el México, se despojaban de todo lo social y se sentaban por horas frente al televisor a ver noticias y comentarlas, y a ver novelas y reírse como dos mortales sin pergaminos. Antes de eso, la hija de Katya ya se había casado en la casa de los García-Barcha en México, y los hijos de ambas mujeres eran amigos que se encuentran en cualquier lugar del mundo.

Fue la época de la tecnología que las acercaba cuando había tierra entre ambas, la que permitió crear la red de amigas, en la que tal vez lo único que tenían en común era su forma abierta de ver el mundo: Las preferidas, donde hay esposas de expresidentes, cantantes famosas, diseñadoras de moda, artistas plásticas o arquitectas amantes del patrimonio.

“EL PODER DETRÁS DEL GENIO”: GLORIA TRIANA

A diferencia de Katya, Gloria Triana conoció a Mercedes Barcha por cosas del trabajo, cuando ya Gabo era famoso y reconocido, y afianzó su amistad hace 20 años cuando decidió irse a vivir a Cartagena cumpliendo su sueño de vivir frente al mar.

En 1982, cuando García Márquez recibió el Nobel de Paz, Gloria Triana trabajaba en una de las dependencias del Ministerio de Cultura y le tocó armar la inédita delegación folclórico-cultural para acompañarlo, ya que él desde el día que recibió el anuncio de que era el ganador había dicho que viajaría a Estocolmo con vallenatos y cumbias. Su amiga, Consuelo Araujonoguera, le siguió la corriente.

Fue en Estocolmo, en medio de un tenso ambiente cuando Gloria conoce a Mercedes. Tenso porque la originalidad del escritor no fue entendida por muchos que, consideraron “corroncho” que muchos actores culturales del país se tomarán la circunspecta ciudad de Estocolmo, donde el rígido protocolo sueco fue roto por el mismo homenajeado al presentarse con liquilique en vez del tradicional frac.

Allí cruzaron palabras, pero fue en Valledupar, un año después, en medio de un Festival Vallenato que sirvió para decirle a Gabito cuánto se le amaba en el país, cuando Gloria y Mercedes comenzaron una entrañable amistad que se fue fortaleciendo con el paso de los años, sobre todo de los últimos 20, cuando en Cartagena tenían una inmancable cita para comer, tomar algo de vino y escuchar buena música. Cita que no cumplieron el año anterior debido a que las dos mujeres, en distintos momentos, enfermaron y tuvieron que permanecer aisladas.

En ese encuentro anual, Gloria pretendía entregarle copia del documental “Cuando Colombia se volvió Macondo” que recoge los pasos de aquel viaje y aquella entrega de Nobel. No se dio. Pero precisamente, 8 días antes de que falleciera, Gloria recibió una llamada desde México donde Mercedes le daba las gracias por el hermoso testimonio. “Ella lo había visto en la televisión y se había emocionado. Entonces yo hice dos intentos para enviárselo a través de la web, en un programa que facilita la labor, pero nunca supe si alcanzó a recibirlo. Yo en esa conversación la noté bien. No hablamos de salud”, cuenta la documentalista, todavía impactada por la partida.

Mercedes era una mujer con gran sentido del humor, con una inteligencia superior, con la capacidad para manejarlo todo sin que nadie se diera cuenta, que supo como, la mejor, mantener intacta la vida privada y secreta”, dice Gloria, quién recuerda también, que poco antes de la muerte de Gabo, estuvieron los tres reunidos y sostuvieron este diálogo:

Gabo: Sabes que siempre me acuerdo de ti, siempre te estoy pensando.

Gloria: Yo también.

Gabo: Pero nunca me lo habías dicho.

Gloria: Porque no quería que Mercedes se molestara.

Gabo: Ella no se molesta. Para nosotros ha sido una maravilla conocerte…

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