Patricia Escobar
Columnista / 23 de julio de 2022

El “cuero” de un ciclista

Hay muchas cosas que me gustan e impresionan del ciclismo, pero nada supera a mi admiración por el “cuero” y la fortaleza física de sus practicantes.

Yo no sé si la práctica del ciclismo es una actividad de alto riego. Lo que sí sé es que correr por una carretera en países como Colombia, o en competencias ciclísticas es exponer la vida a gran velocidad, es exponerse a caídas cinematográficas, es disputarse un espacio mínimo para llegar a la meta, es batallar contra los fenómenos naturales: vientos, olas de calor, lluvias; es arriesgarse en pavimentos de todo tipo y esquivar las imprudencias de espectadores o de otros actores viales.

Rigoberto Urán, nacido en Urrao, una población del departamento de Antioquia, Colombia, se ha dedicado, con su estilo particular, a demostrar las heridas que le dejan competencias accidentadas como ha sido este Tour de Francia: raspones, llagas, ‘huecos’, moretones, después de caídas cinematográficas, donde los competidores vuelan por el aire, se levantan y siguen como si nada.

Antes de las imágenes recientes que muestran a nuestro ciclista hasta haciendo bromas al respecto, tuvimos el caso de Egan Bernal por quien muchos no daban un peso por su vida después de un aparatoso accidente a principios de este año, y los más optimistas creían en una lenta y larga recuperación. Bernal ha sorprendido a todos con sus avances físicos, y antes de 6 meses del suceso, ya se le ha visto montado en una bicicleta recorriendo carreteras durante dos horas diarias.

Esteban Cháves y Mauricio Soler, también colombianos, han visto la muerte y se han levantado con una valentía asombrosa. Soler desafortunadamente no ha podido volver a la práctica del deporte.

A nivel internacional las historias de caídas y levantadas asombrosas son muchas. Chris Froome, de 37 años de edad, es un ejemplo de ello. Sus historias contrastan con los ‘llantos’, quejaderas, ‘shows’ que hacen los futbolistas con el mínimo roce. Siendo Neymar la figura más representativa de la incapacidad para soportar un dolor producto de una confrontación “normal” en la actividad deportiva.

Hay futbolistas fuertes y valientes, pero son prácticamente la excepción. Por lo menos, los futbolistas latinoamericanos se muestran físicamente débiles ante los ciclistas profesionales, y aún los aficionados que caen y se levantan con una rapidez asombrosa.

Ese “cuero” que tienen los ciclistas en general es el que deberíamos tener todos en nuestras vidas para caernos y levantarnos sin tanta quejadera. Con malas actitudes solo atraemos malas cosas a nuestras vidas. No hay nada peor que estar rodeados de personas negativas, quejetas, tóxicas, llenas de desesperanzas, viendo siempre lo negativo, lo difícil, lo complicado, que culpan a todo el mundo, el universo y hasta a Dios de sus problemas y fracasos, de sus caídas y pérdidas.

Los ciclistas son seres humanos y aunque con un mayor cuidado físico y una mayor preparación psicológica nos demuestran que hemos sido hechos para aguantar grandes golpes, grandes estrellones y que está en uno mismo recuperarse y seguir para adelante.

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