Patricia Escobar
Columnista / 11 de julio de 2020

Es solo una opinión

Aquí todo el mundo opina, y eso es válido porque es inevitable que los seres humanos tengan su propio concepto acerca de una realidad. Lo grave es que hoy esos conceptos, que son “una idea subjetiva y confusa de la realidad”, se han vuelto, gracias a los medios digitales, públicos, y se expresan como si fueran una realidad verdadera.

Normalmente, la opinión es un juicio que se forma a partir de datos incompletos, el conocimiento que poseemos de lo que observamos y nuestros propios valores y creencias. Por lo tanto, las opiniones pueden diferir de una persona a otra.

Aceptar o diferir sobre lo que opinan otros es parte de la educación y madurez que tiene una persona. Pero lo que vemos en las redes es que, a pesar de todo lo que se supone hemos avanzada en un mundo intercomunicado con un solo clip, algunos quieren imponer su opinión como una razón verdadera, sentando cátedra, sentenciando y hasta descalificando ferozmente a quienes no piensan igual.

Por el otro lado están los que se ofenden, y responden con ataques términos descalificativos y ofensas, como si la opinión fuera algo personal.

La falta de un equilibrio entre recibir una opinión y no estar de acuerdo con ella, muestra un grado de intolerancia preocupante en estos tiempos que corren, una falta de desconocimiento de la realidad no solo sobre el hecho sobre el que se está expresando la opinión, sino sobre la misma particularidad de quien la expresa.

Todos por nuestras mismas circunstancias, conocimientos, educación o creencias, podemos expresar una opinión y al no ser estas circunstancias iguales, lo que expresamos no necesariamente puede ser igual, y no necesariamente podemos estar de acuerdo con ellas. Pero saltar como fieras ante quienes las expresan, no ayuda para nada a construir un mundo mejor.

En los últimos días, en medio de esta nueva condición de salud que nos obliga a estar encerrados, las personas están más dadas a expresar públicamente sus opiniones y en los comentarios se observa, muchas veces, odio, resentimiento, adoctrinamiento, intereses particulares, y muy poca objetividad. Esta, la objetividad nace del análisis de varios puntos de vista, algo que parece que hemos olvidado y que nos ha convertido en una bomba que explota ante cualquier opinión con la que no estemos de acuerdo. Grave la cosa, diría yo.

Para expresar públicamente una “buena” opinión sobre algo, ésta debe estar respalda por un conocimiento lo más cercano posible a la realidad de lo que se está opinando, debe ser respetuosa y en la medida de los posible, constructiva o que aporte algo a quienes la escuchan o la leen, sin vocabulario difamatorio u ofensivo.

Y creo que deberíamos comenzar a recibirlas con calma o mesura, valorándolas en su real contexto, dejando pasar las que no “aceptan” contradicción, y no envenenando el alma por culpa de quienes se enceguecen al expresar su pensamiento. Porque realmente es sólo su opinión.

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