Patricia Escobar
Columnista / 12 de junio de 2021

Ese circo me gusta

Reconozco que el circo sin maquillajes, el que tiene otro tipo de “payasos” y “malabaristas” que en los últimos días ha sido tan criticado y cuestionado, me gusta, me encanta, me da satisfacciones, me permiten vivir momentos de felicidad, me revuelve la adrenalina, me hace sentir viva y muchas veces orgullosa. Hablo de los deportes, de los que han dicho que es el circo para mantener a raya al pueblo.

Yo creo que es innegable que los deportistas colombianos son los que siempre, y más en estos últimos meses de grave situación de salud y económica, nos han dado las más grandes alegrías, y han dejado muy en alto el nombre del país en el exterior. Sufrir sus actuaciones y gozar sus triunfos nos ha permitido sentirnos vivos, y en mi caso, no me han apartado de la realidad que vivimos. Hay tiempo y espacio para todo.

Muchos de los que no conocían el ciclismo saben hoy quién es Egan Bernal y además de seguir sus hazañas en Italia, disfrutaron de los hermosos paisajes de los recorridos que pedaleó junto a otros titanes, y aprendieron que, aunque este es un deporte que parece individual, de una persona sobre una ‘bici’, para ganar se necesita un equipo con compañeros y personas con nobleza como Daniel Felipe Martínez.

Nadie puede negar que causa profunda emoción ver la bandera de nuestro país por esos caminos hermosos, algunos de ellos cubiertos de nieve, y nadie puede negar que hasta un nudo en la garganta se apodera de él cuando escucha las notas de nuestro himno por esas lejanas latitudes.

Y en otro escenario, en Francia, Miguel Ángel López se proclamó campeón de la tercera edición del Mont Ventoux Challenge. El ciclista colombiano cruzó en primer lugar la línea de meta tras pedalear durante cuatro horas y 30 minutoslos 153 kilómetrosde los que consistía la prueba. Esteban Chávez y Nairo Quintana, también en medio de la pandemia, han puesto en alto el nombre del país, alegrando este circo entristecido. Como también lo ha hecho Mariana Pajón, bicampeona olímpica de BMX, que logró su puesto para ir a los Olímpicos de Tokio en los próximos días, después de haber ganado la cuarta válida de la Copa Mundo de BMX, disputada en Bogotá en medio de pandemia y paro.

Desde tierras más lejanas, otros deportistas como Caterine Ibarguen, la diosa de ébano, y Anthony Zambrano nos brindaron instantes de felicidad en atletismo. Zambrano, por ejemplo, se impuso en la final de los 400 metros de la Golden Gala en Italia, tercera prueba puntuable de la Liga de Diamante. Su triunfo fue importante, entre otras cosas, porque fue el único atleta que bajó de los 45 segundos en la competencia.

También nos han brindado inmensa satisfacción los tenista Farah y Cabal que han conquistado importantes triunfos en todas las competencias disputadas en pandemia.

Pero los actos de ese “circo” que señalan despectivamente algunos no se quedan ahí. El empate de Colombia frente a Argentina no solo permitió reactivar en alguna medida la economía en la capital del Atlántico, si no que, como ya es costumbre, puso a sufrir y a delirar a un país que se alimenta de noticias negativas desde hace tiempo, y esas sensaciones son necesarias para un equilibrio mental.

En este circo se destaca el trabajo de cada uno de los deportistas, casi todos nacidos en condiciones económicas difíciles, con dificultades para acceder a la educación y la salud, con falta de apoyo en sus inicios, con sueños y trabajo. Ellos no son ajenos a lo que pasa en el país, aunque no estén proclamándolo con gritos o marchas, aunque muchas veces lo hicieron y pocos les prestamos atención.

En conclusión, me declaro hincha del “circo” deportivo de Colombia, que en todas las disciplinas merece el reconocimiento. Son los deportistas y los artistas los que nos hacen grandes, los que ponen en alto el nombre del país en el exterior, los que como la mayoría de los que marchan han sufrido del abandono del Estado, pero lo han enfrentado con trabajo, disciplina, sin perder el foco de lo que quieren y pretenden. Ellos, los deportistas, además de lograr lo suyo, nos producen alegrías, y éstas, hoy más que nunca, son necesarias en nuestras vidas.

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