Juan Alejandro Tapia
Columnista / 26 de agosto de 2023

Faulkner ya no se agota en 48 horas 

La confirmación de que es cierto lo que indican las apariencias en cuanto a que en Barranquilla no se lee como antes la dio esta semana la corporación Luis Eduardo Nieto Arteta con su decisión de aplazar la Feria del Libro por problemas financieros que pueden resumirse en la descorazonadora falta de interés del público y las editoriales. Para derrota de Gabriel García Márquez, que en agosto de 1954 anunciaba con entusiasmo la publicación de ‘Todos estábamos a la espera’, de su gran amigo Álvaro Cepeda Samudio, con un artículo en el que plasmaba su convicción de que un talento de esa naturaleza solo podía surgir de una ciudad en la que, contrario a su predisposición por la fiesta y el libertinaje, «hay tres librerías en las que Faulkner se agota en 48 horas», es poco factible que en la Barranquilla de hoy suceda lo mismo con autores como Jonathan Franzen, Annie Ernaux, Paolo Giordano, Tomás González, Elena Ferrante, además de que el número de librerías no ha variado mucho desde entonces.

Están la Nacional y la Panamericana, que son marcas registradas. Venden libros con el estilo de los centros comerciales: buena iluminación, vitrinas tipo maniquí, dependientes atentos al cliente y surtido para todos los gustos. Nada que objetar, menos cuando el resto de la oferta se limita a un puñado de librerías católicas y cristianas. Pero no son espacios para enamorarse, carecen del romanticismo de las librerías de esquina, casas de citas con luz tenue en las que el ambiente invita a respirar cada hoja con la nariz pegada, sentir su textura rugosa en las manos, palpar la firmeza del lomo o la tapa, piel con piel, sin nadie por ahí revoloteando. Tomarse un café con el elegido es el preludio de una relación que de seguro continuará en casa.

Nido de Libros y Dos Mangos son librerías de este tipo en Barranquilla, de las que abundan en Bogotá y Medellín, donde sería escandaloso el aplazamiento de un evento de tanta importancia. Y lo sería por la relación que han cultivado estas ciudades con los libros, que las lleva no solo a leer más, sino a escribir más y mejor. No es casualidad que los autores bogotanos y antioqueños dominen el mercado de las letras, y se debe, en parte, a la vocación descubierta por muchos de ellos en sus librerías de esquina.

«Para su éxito se requiere no solo del concurso de diversos actores de los sectores públicos/privados, sino también una considerable inversión, la que, a pesar de todos los esfuerzos realizados a la fecha, no hemos logrado consolidar como este evento lo requiere», explicó la corporación Luis Eduardo Nieto Arteta en un comunicado sobre el aplazamiento de la Feria. Triste ironía que la cuarta edición de Libraq, que debía comenzar el 23 de septiembre y fue postergada para junio de 2024, tuviera como eje temático a Macondo, el territorio ficticio del premio Nobel de Literatura que trasciende los límites de la imaginación y palpita en los habitantes de todos los pueblos de la Costa.

En mayo de este año, el fundador de la exitosa Feria del Libro de Bogotá, Jorge Valencia Jaramillo, le dijo a El Heraldo que el Caribe debe incentivar más el hábito de la lectura en los jóvenes, y reconoció la importancia de apalancarse en personalidades como los influenciadores. «Cuando uno de ellos escribe un libro hemos comprobado que funciona muy bien y jalona ventas que se traducen en mayor lecturabilidad”. También destacó el valor de los cómics, de lo visual en general, para conectar con las nuevas generaciones.

La periodista costeña Laura Ardila no es influenciadora, sino líder de opinión, y más que eso, experta en investigaciones de temas políticos. Su libro La Costa Nostra, que escudriña el ascenso de la familia Char, ha debido convertirse en esa palanca a la que hace referencia Valencia Jaramillo, al estar precedido por ríos de tinta luego de la negativa de Planeta a publicarlo. La Feria del Libro de Barranquilla, programada para un mes antes de las elecciones regionales de octubre, en las que un miembro del poderoso grupo económico y político participa, era el escenario natural para su presentación en sociedad. A menos, claro, de que haya sido otro motivo para aplazarla.

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