Juan Alejandro Tapia
Columnista / 6 de julio de 2024

James

Eres old, pero ¿así de old? Sí, lo soy. Vi jugar a James Rodríguez padre cuando apenas era un juvenil que despuntaba con la camiseta naranja de la Selección Colombia en el Sudamericano de la categoría en Asunción, 1985. Para quienes lo recordamos como un futbolista de dos áreas, adelantado a su época, pero a la sombra de Higuita, Tréllez y Castaño en las preferencias de los aficionados, es indiscutible que su hijo heredó la forma de pegarle al balón, y lo superó. No fue en los descampados de Cúcuta, Ibagué y Envigado donde el pequeño James aprendió a impactar la pelota de tal manera que gire sobre su propio eje, sino que, como metáfora de la vida en la Tierra, ya venía en su ADN.

Podrá debatirse si a sus 33 años James David Rodríguez es el mejor futbolista colombiano de la historia, quizá su profesionalismo deje dudas o los gustos inclinen la balanza hacia otros nombres de peso -el liderazgo de Valderrama, el desequilibrio de Willington, los goles de Falcao, las zancadas de Asprilla-, pero ninguno con su sensibilidad de francotirador para poner la pelota en el sitio exacto donde la quiere. Y nadie, tampoco, con su elegancia para hacerlo.

No faltará el sabelotodo que refute esta afirmación y traiga a la memoria al ‘Gigo’ Mafla, el ‘Sanjuanino’ Rendón, el ‘Pollo’ Díaz o Rubén Darío Bustos, cuando esos eran jugadores de una sola faceta: el tiro libre. Imposible compararlos con la versatilidad del capitán de la tricolor para golpear el balón en acción parada o en movimiento. Ni siquiera otro virtuoso de la zurda como Juan Fernando Quintero, a quien le correspondió la mala suerte de compartir época con James, lo iguala. A los anteriores los vence por nocaut; a ‘Juanfer’, por puntos.

En la Copa América 2024, James le ha recordado al mundo que la magia de su pierna izquierda sigue intacta, la misma que lo llevó a ganar el premio Puskas con el golazo a Uruguay en el Mundial de Brasil y a que el Real Madrid y el Bayern Múnich fijaran sus ojos en él; la misma, también, que lo ha mantenido en órbita a pesar de su deterioro físico y su falta de compromiso con algunos de los clubes que han apostado por su talento.

Si existe un jugador para comparar la técnica de James al cambiar de frente -el pase a Cuadrado en el tercer gol a Polonia en el Mundial de Rusia es el mejor ejemplo-, centrar desde los costados, cobrar una falta o un tiro de esquina es el inglés David Beckham. Aunque aquel era diestro, la manera de impulsarse, inclinar el cuerpo y acariciar el cuero con el borde interno del pie es la misma del ‘Spice Boy’.

Pero si de amor por la camiseta nacional se trata, no hay punto de referencia como Maradona. James ha demostrado hasta la saciedad que nada le importa más que lucir la ‘amarilla’ y portar el brazalete de capitán. Su paso por equipos de Asia, Europa y América ha sido, en los últimos años, un trámite dispendioso para ser tenido en cuenta por los entrenadores de la Selección. Así lo entendió Néstor Lorenzo, quien acomodó el sistema de juego a conveniencia del cucuteño y los resultados, hasta ahora, le han dado la razón.

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