Juan Alejandro Tapia
Columnista / 29 de marzo de 2025

La Historia de la pandemia

La Historia, con mayúscula, suele darle prioridad al que primero llega a contarla. Su versión hace carrera, pasa a instalarse en la memoria colectiva y a partir de ahí empieza a ser reconocida como Verdad. Pero Historia y Verdad, aunque obligadas a ir entrelazadas por la vida, no son lo mismo y, por lo general, los relatos mayoritariamente aceptados no concuerdan con los hechos que deberían retratar. La Historia de la respuesta institucional a la pandemia de Covid-19 en Barranquilla, los municipios del área metropolitana y el resto del departamento, al cumplirse cinco años de esta crisis mundial de salud pública, es un buen ejemplo de un discurso manipulador que llegó de primero a los medios de comunicación: no fue un caso de éxito, como pretenden hacerlo ver ahora, sino un fracaso rotundo de las autoridades y de toda la sociedad.

El 16 de marzo de 2020, las pruebas del Instituto Nacional de Salud (INS) confirmaron lo inevitable: dos hombres que habían estado hacía poco en España se convirtieron en los primeros casos detectados de Covid-19 en Barranquilla. Un lustro después, el balance de la gestión del exalcalde Jaime Pumarejo y de la exgobernadora Elsa Noguera está muy lejos de merecer elogios, aunque exista el atenuante de que el estado de emergencia epidemiológica tomó por sorpresa a la humanidad y no había una hoja de ruta compartida para frenar la propagación del virus. Pero tratándose de vidas, esta explicación no puede ser usada como excusa o justificación.

Detrás de cada dígito de las cifras oficiales entregadas por el Ministerio de Salud hay un rostro y un dolor que no desaparece para los que perdieron un familiar o un amigo cercano, simple y llanamente porque no es una casilla de contabilidad. Esos datos revelan que de los 143.483 fallecimientos en Colombia por Covid-19, 10.265 ocurrieron en Atlántico, 6.034 de estos en Barranquilla. ¿Cuántas vidas salvó la respuesta del Distrito y el Departamento para frenar la crisis? Imposible saberlo. Quizá muchas. Pero sacar pecho por una estrategia de choque, con miles de muertos frescos todavía -algunos en tumbas que no corresponden-, no es apropiado ni respetuoso con las víctimas.

Más bien es hora de quitar el manto de protección mediática sobre la contratación en época de pandemia y poner el foco en el hospital de campaña del Centro de Eventos Puerta de Oro y el hospital móvil del Universitario Cari. Lo mismo que en los auxilios alimentarios y las ayudas humanitarias que recibieron antes, durante y después del confinamiento los ciudadanos más necesitados.

El discurso de hoy contrasta con lo que publicaban los medios por esos días de angustia e incertidumbre: contagiados que no encontraban una camilla ni, mucho menos, un concentrador de oxígeno; familias en la miseria con apenas una comida al día; insuficiencia de cuartos fríos; confusión de cuerpos en las morgues y funerarias; mala disposición de las cenizas en el ambiente. Sin contar la irresponsabilidad cuasi criminal de los ciudadanos que tomaron las cuarentenas como parrandas eternas.

Nadie pide un juicio de responsabilidades por una catástrofe que superó, incluso, el conocimiento y la organización de los países desarrollados. Pero sí revisar las actuaciones de nuestros gobernantes y dejar las cuentas claras de un periodo especial sobre el que cada decisión fue como caminar por terrenos movedizos. Hacerlo debe llevarnos a analizarnos como sociedad ante la perspectiva prácticamente inminente de una nueva pandemia. Es la única manera en que la Historia puede asemejarse a la Verdad y tener utilidad.

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