Patricia Escobar
Columnista / 6 de marzo de 2021

Lo que quiero, lo que hay, lo que toca

El problema de la educación en Colombia no es menos grave que todos los demás por los que estamos atravesando. La no articulación de la oferta educativa superior con las necesidades reales del mundo de hoy es una de las causas, según los expertos, del desempleo juvenil en Colombia que asciende al 21,6%, registrando un aumento de 5,6% frente al trimestre octubre – diciembre 2019, cuando fue del 16%.

Aunado a esa fría cifra está la desmotivación de muchos jóvenes que, al no encontrar trabajo en las áreas que estudiaron tienen que escoger lo que sea, y la tristeza de los padres que han invertido millones de pesos en una preparación que parece no sirvió para nada.

Jóvenes sin trabajo y descontento general es un panorama desalentador en un país inmensamente bendecido por la naturaleza y la creatividad.

El problema pasa por la dicotomía o “tricotomía” entre estudiar lo que me gusta, lo que puedo estudiar por recursos o porque eso es lo que hay, y lo que debería estudiar porque eso es lo que necesita el país o el mundo.

Soy una convencida de que uno debe estudiar lo que verdaderamente le gusta o le apasiona, que normalmente es para lo que uno tiene más habilidades. Y ello, entre otras cosas, es lo que hace feliz a un joven y permite que en la realización de su trabajo se entregue con pasión.

Sin embargo, uno no siempre puede estudiar lo que le gusta. Hay prejuicios sobre ciertas profesiones u oficios que la sociedad ha señalado como “inútiles”, y entre ellos están todas las artes. Cosa que yo no creo ni comparto. También hay ofertas muy escasas y en ocasiones demasiado costosas para la mayoría de las familias del país. Y por último no hay conocimiento generalizado de otras opciones, por ejemplo, todas las que tienen que ver con el campo y la conservación del planeta. Muy pocos conocen opciones educativas distintas a las tradicionales.

Está también la oferta. La educación superior en nuestro país se quedó en el tiempo. Las carreras que se ofrecen son de hace más de 50 años: medicina y sus complementos, ingenierías, derecho, y administración de empresas. De esas opciones educativas sí que hay oferta en nuestro país. Demasiadas en muchas áreas.

Pero el país agrícola hoy, según especialistas, está necesitando: geólogos, ingenieros electromagnéticos, en informática, sistemas, programadores de software, analistas de sistema, expertos audiovisuales. Y para el campo: ingeniería agrícola, agronomía, geociencia, veterinaria, horticultura, técnicos en maquinaria agrícola, zootecnia, entre otras.

En términos generales, todas o casi todas las carreras que hoy se ofrecen en nuestro país necesitan reingeniería, que va desde acortar los periodos académicos hasta adaptarlos a la realidad actual del mundo en que vivimos. Y a nivel general hay que inculcar a los jóvenes que no hay profesiones mejores o peores que otras y que la buena educación superior pasa por la necesidad de conocernos y conocer la oferta. Las carreras tradicionales son las más conocidas. Sin embargo, hay muchísimas más carreras universitarias que pueden sorprendernos.

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