Patricia Escobar
Columnista / 18 de marzo de 2023

Y la reforma a la educación, ¿para cuándo?

Por estos días, y desde hace varios meses, en el país se habla con fuerza de la reforma a la salud, la reforma a las pensiones y la reforma tributaria que en los últimos 20 años ya lleva 12 cambios, y por ningún lado se escucha lo que a mi juicio debería ser la más urgente y necesaria reforma que tendríamos que plantear, como es la reforma a la educación.

Una reforma procura mejorar el sistema que se tiene, generalmente en forma progresiva y por etapas, y nunca pretende derrocarlo. Al implementar una reforma, por lo general se trata de convencer en lugar de imponer y por ello, antes de que un gobierno la presente, y aún mientras dura el proceso de aprobación, se dan importantes debates.

Si no estoy mal, la última reforma a la educación en nuestro país fue en 2012 y en ella se garantizaba fundamentalmente un buen aporte económico, y responder a una exigencia social para fortalecer a la educación pública, laica y gratuita, asegurar una mayor equidad en el acceso a una educación de calidad y fortalecer las capacidades de gestión de la escuela. Postulados válidos e importantes referidos principalmente al acceso de la educación superior. Pero la reforma a la educación que Colombia necesita es más una revolución que una disposición de normas.

Colombia necesita urgentemente una transformación global, total, del sistema educativo, que obviamente pasa por una infraestructura adecuada en todos los rincones del país (cobertura total), por la atención económica a quienes se dedican a la loable labor de formar personas, (los maestros) y la gratuidad para quienes económicamente no pueden acceder a ella. Pero la revolución que necesitamos debe incluir primordialmente una revisión a fondo de los pénsum académicos, de la formas o modelos de impartir conocimientos, de las prioridades en las distintas etapas educativas, de las reales necesidades del país.

Que un niño de 11 años repita una y otra vez que “los vectores son líneas rectas que están orientadas dentro de un plano bidimensional o tridimensional, también conocido como un espacio vectorial”, para al final del periodo sentir la frustración por la baja nota en la asignatura de física, no significa que en el país se este impartiendo una educación buena o adecuada para nuestros niños o que éstos no puedan aprender.

Hoy en Colombia los contenidos o materias que se imparten en básica primaria o básica secundaria son “anticuados”, se consiguen solo haciendo un clic y, lo que es peor, se imparten a partir de la repetición de la información. Los estudiantes se convierten en “loritos” y los maestros en megáfonos.

Hoy los maestros y estudiantes se apoyan en textos escolares que no pueden heredar los hermanos menores porque, o los cambian cada año sin cambiar los contenidos, o sobre ellos se desarrollan tareas que los inhabilitan para no ser objeto de herencia, y adicionalmente hay que pagar costosas plataformas donde están otras tareas a desarrollar, y una cantidad de cuadernos en los que apenas se usan algunas páginas donde se escribe lo que está en los libros o en las plataformas.

En los colegios ya no se enseña civismo, ni historia patria, ni comportamiento en salud, no se enseña a trabajar y mucho menos a pensar, a investigar, a avanzar en equipo. Cada día son menos las horas para educación física o la práctica de deportes, y mucho menos de educación artística o el desarrollo de talentos.

Las aulas escolares deben convertirse en espacios de sana convivencia y de desarrollo individual, deberían ser formadoras de ciudadanos pensantes, proponentes, creativos, felices, no de repetidores de textos que imparten maestros que nunca son lo suficientemente valorados.

Adicionalmente, la mayoría de los docentes en nuestro país participan en diferentes actividades en las escuelas, como las ceremonias, las guardias, las reuniones de consejo técnico, la cooperativa, las rutas de mejora, y son pocos los momentos que los docentes tienen disponibles para tener intercambios con sus pares, que sean de tipo pedagógico y no solo logístico, y mucho menos para prepararse o actualizarse.

Mientras sigamos impartiendo los mismos contenidos con los mismos métodos de antes, con maestros poco valorados, el país no saldrá de su atraso. Se necesitan recursos, sí, pero más que todo se necesita saber que el mundo está cambiando y que se requiere de personas con valores, que no traguen entero, que amen la lectura, que respeten las distintas visiones del mundo, que sean capaces por sí mismas de buscar información y sopesarla, y que entiendan la importancia del deporte y la cultura.

Más que reforma, que sería un primer paso, Colombia requiere de una revolución educativa de manera urgente.

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