Patricia Escobar
Columnista / 1 de agosto de 2020

¡A comprar colombiano!

Poco a poco va apareciendo la luz en esta noche oscura de ya cuatro largos meses de inactividad e incertidumbre. Pero lo que se viene no será menos grave o menos duro de lo que estamos soportando.

A Colombia este virus la ha golpeado fuerte. No se sabe a ciencia cierta cuántos grandes, medianas o pequeñas empresas han cerrado definitivamente y cuántas han estado trabajando a media máquina. No se sabe con exactitud cuántos restaurantes, bares, cafés, tiendas de moda o artesanía, hoteles, hostales o tiendas ya no volverán a abrir sus puertas. No ha habido una mirada que diga cuál es la situación económica del sector de la cultura que movía tanta gente y tanto dinero. Lo cierto es que el desempleo “oficial” hoy en Colombia es de casi el 20%. Ese es el desempleo que no cuenta a los independientes, que casi nunca ha contado a los del rebusque antiguo como vendedores de tinto o dulces, de productos en las esquinas, de personal de belleza o vendedores de calle, están con los brazos cruzados.

Con este panorama, no hay que entender mucho de economía para saber que, la recuperación económica no será un camino corto, y mucho menos fácil de transitar, comenzando porque el surgimiento de pequeños emprendimientos que deben abrirse paso en un mercado lleno de desconfianza, con unas leyes y normas que no ayudan, que complican hasta la inscripción de un registro, y sí o sí, obligan a pagar impuestos altos, no es una solución segura. Además, los grandes empresarios, los que están dispuestos a volver, sienten que no hay una política clara y consistente de reactivación.

Por otro lado, no será fácil conseguir compradores a quienes ofrecerles productos hechos con amor o servicios sin un pasado o un nombre. No habrá plata y los gastos tendrán que ser mesurados.

La mayoría de los colombianos somos hoy más pobres que hace cuatro meses, y cosas como actualizar un ropero, compartir con amigos en un restaurante o bar, salir de viaje en familia, serán lujos difíciles de alcanzar.

Pero hay que luchar unidos contra la desesperanza, y una buena forma de hacerlo es comprar nacional. Nuestro país y nuestra gente producen de todo y a buenos precios. Hay que comprarle al campesino, al tendero, a los pequeños negocios. Hay que preferir todo lo que se haga aquí, y hay que viajar por Colombia que ofrece destinos maravillosos al alcance de todos los presupuestos. Tenemos que volvernos nacionalistas al 100%.

Duele ver cómo empresarios colombianos, para “reinventarse”, dejaron de producir prendas de vestir para producir tapabocas, por ejemplo, y éstos están acumulados en sus bodegas, porque los colombianos preferimos comprarlos importados. Y tal vez haya en algunos una razón obvia, el precio, pero es ahí donde el Gobierno debería prohibir las importaciones, y estimular al productor local con prebendas que le permitan vender a precios competitivos.

Duele ver que muchos restaurantes se mantienen en pie generando empleo, y no les compramos, y más grave aún, conocemos a muchos amigos que hacen comidas y no los apoyamos. Adicional que pedimos rebaja por todo lo colombiano y pagamos lo que sea por algo extranjero.

Esta semana fue radicado por el Gobierno Nacional el proyecto de Presupuesto para 2021 por un monto de 314 billones de pesos. Según ellos, la prioridad será reactivar la economía generando un mayor número de puestos de trabajo. Hay que ponerle fe a que así sea, estar atentos a todo lo que sucede y respaldar decididamente a quienes en muchos casos van a comenzar de nuevo.

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