Nuestra Gente / 1 de agosto de 2020

Carlos Peláez, un voltaje que no baja ni en tiempos de pandemia

Miredvista.co

Este periodista y abogado decidió un día dejar su cómoda vida de empleado, para emprender en el comercio de ropa masculina. Hoy es la cabeza de una planta de confección y una cadena de 23 tiendas en Barranquilla y Soledad.

Doña Mary de Peláez, fallecida hace un año, con su hijo David Peláez en la planta de confección.

Carlos Peláez Pérez no necesitó estudiar periodismo para llegar a ser un buen periodista —acucioso, creativo y ágil—,  ni haber tenido antes gran experiencia en el comercio para llegar a crear una cadena de 23 tiendas de ropa masculina y forjar una marca, Voltaje, que hoy es símbolo del empuje de los barranquilleros.

Peláez es periodista por pasión y comerciante por herencia y quienes lo conocen admiran de él su tesón para sacar adelante un negocio que ni siquiera en estos tiempos de pandemia dobló banderas, pues contra viento y marea se ha sabido mantener en pie.

Pero ese espíritu guerrero para el comercio no lo recoge del suelo, pues su papá, Alfonso Peláez, nacido en Sevilla, Valle, y su mamá, Mary Pérez, oriunda de Tuluá, fueron dos aguerridos comerciantes que recorrieron parte de la Costa vendiendo mercancía, incluso a lomo de mula.

Los esposos vallunos llegaron a Barranquilla hace 62 años buscando un médico que les ayudara en su deseo de tener familia. Vivían en el barrio San Roque y atendían un almacencito que habían montando en la calle 31 con 42, donde vendían ropa. Un incendio acabó con el negocio y fue así como ellos decidieron viajar a los pueblos, y concretamente en Guacamayal, Magdalena, lograron hacerse a una clientela fiel con la que volvieron a levantarse.

EL ORIGEN DE TODO

Vista general de la planta de confección.

Doña Mary, que cosía parte de la mercancía que vendía su esposo, hizo realidad su sueño de ser madre años después gracias al médico Salomón Turbay Burgos. Así nacieron sus dos hijos: Carlos y David, médico que llegó a ser secretario de Salud del Atlántico y que hoy dirige el Hospital de Baranoa.

Don Alfonso, a quien todos llamaban “El paisano”, falleció hace 25 años y entonces fue su esposa quien siguió vendiendo ropa por la zona de Guacamayal. Tristemente ella, que fue el alma y nervio no solo de la familia sino del negocio de su hijo, pues nunca dejó de visitar la planta y las tiendas, también falleció hace un año.

Tras haber trabajado un tiempo en la antigua Granahorrar, Carlos llegó en 1988 al periódico de su padrino, Roberto Esper, a trabajar en el área de levante de textos de La Libertad. Sin embargo, al verle lo inquieto y bien informado que era, y además que escribía bien, un día don Roberto le propuso pasar a la plantilla de redactores. Así, en 18 años fue redactor judicial, coordinador de Sociales, jefe de redacción y coordinador general.

En el año 2004, Carlos, que por ese entonces trabajaba como jefe de litografía en la Universidad Autónoma del Caribe , decide incursionar en el comercio de ropa.

Un día cerré los ojos y dije: hasta aquí llego. No volví más al periódico ni a la universidad, y decidí abrir en el centro comercial Colombia mi dos primeros negocios. El periodismo te hace vencer los miedos, y la experiencia en una sala de redacción, donde todos los días hay que enfrentar tantas cosas, le da a uno seguridad y creatividad. Si resbalas, te levantas de nuevo y pa’lante”, reflexiona.

La ayuda y el ánimo que le dio el comerciante paisa Ramiro Zuluaga, pionero en la transformación del comercio del Centro de Barranquilla, fueron clave. Después abrió también en el Florida, con el apoyo de Guillermo Gómez y se extendió a diversos establecimientos de Barranquilla y Soledad.

LA FAMILIA ‘VOLTAJE’

Peláez, abogado de profesión, empezó trayendo ropa de Panamá, pero a los siete años decidió montar su planta de confecciones en la que comenzó a producir la ropa que vendía en las tiendas que fue abriendo en Barranquilla y Soledad. Así nació Voltaje, que es el gran paraguas que cobija las otras dos marcas suyas, CP y 69Men, y que hoy da trabajo “de calidad” –recalca Carlos— a un centenar de personas que él considera como su familia. “No les niego ni un peso en favor de su bienestar”, asegura.

Esa planta funciona en el piso 13 de un edificio del Paseo Bolívar, donde se confecciona la ropa masculina e infantil que caracteriza a la marca: jeans, camisetas, playeras, suéter tipo Polo, camisillas y básicos.

Peláez en el comedor de su planta de producción.

Sin embargo, cuando todo iba viento en popa, apareció este año el nubarrón de la pandemia por el virus del Covid-19, que durante dos meses y medio los hizo cerrar las puertas totalmente , y luego los llevó a reinventarse administrativamente y a incursionar en el teletrabajo y en las ventas por plataformas digitales.

“Solo así hemos podido salir adelante, con pago de arriendos, servicios impuestos y, lo más importante, el sueldo y la seguridad social de mis empleados”, dice, en medio del entusiasmo por la reapertura comercial decretada esta semana en el Centro de Barranquilla.

Los barranquilleros somos echaos pa´lante –agrega–, y con creatividad y talento saldremos adelante. “ importante es querer lo que hacemos, ser buenos hijos, buen miembro de familia y buenos hijos de Dios. Lo demás viene por añadidura”. RB

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