Dr. Rodolfo Vega Llamas
Columnista / 16 de abril de 2022

Cuando Dios quiere perder a los hombres, los vuelve soberbios

Leí detenidamente el significado de soberbia y me llama la atención con cuántas personas me he encontrado en el camino con ese diagnóstico  de soberbios. Observo ese sentimiento de superioridad frente a los demás, que provoca además un trato que se podría decir hasta despreciativo hacia el entorno que los rodea, y los miro con tristeza, con pesar, porque sé que  en el fondo están envenenados, enfadados, de saber que llevan una rabia en su interior que los domina, que los humilla dentro de su corazón.

La persona soberbia se siente superior, menosprecia los logros, los atributos de los demás, tiene una autovaloración inflada. En ocasiones no sé diferenciar bien el arrogante del soberbio; lo que sí tengo claro es que ambos tienen una autoimagen inflada, distorsionada, pero lastimosamente detrás de esa personalidad arrogante, soberbia, no es más que un  mecanismo de defensa compensatorio  de una falta de autoestima y confianza. Estas personas carecen de humildad, se dan aires de superioridad, consideran inferiores a los demás. Tienen una actitud excesiva de competitividad; y pobre de esa persona que les gane, porque inmediatamente se muestran intimidantes, no tienen la mínima capacidad de autocrítica, tienen excesiva preocupación por el éxito, pero no para un gozo interno o personal. Lo importante es que los demás los alaben, carecen de asertividad, de empatía, además los acompaña una falsa vanidad, son presumidos y pedantes.

Pienso que toda persona arrogante, soberbia, no se siente cómoda con ellos mismos; se sienten expertos en todos los temas y no tienen interés en escuchar otras opiniones, y lo peor es que los acompaña una hipocresía, una prepotencia solapada.

Ya decía la biblia “mejor es humillar el espíritu con los humildes, que repartir despojos con los soberbios”.

Estamos de acuerdo en que una persona que no hace mejor la vida de los demás es terriblemente vacía. Te recomiendo que inviertas esa forma en riqueza, de servir, y verás que la soberbia y la arrogancia son un mundo vacío. Cuando eres humilde y sales al mundo siendo una persona útil, conocerás el honor, la dignidad de una vida más hermosa, de una vida con más sentido, vivida por ti mismo. Yo le diría a los soberbios que están escalando montañas que los llevaran a cumbres equivocadas.

A los soberbios les digo que no hay cosa más hermosa que vivir con buena salud; la fortuna si llega, bienvenida. Tener la conciencia tranquila, una  familia saludable y buenos amigos, supongo que esa persona está obligada a sentirse muy, muy feliz.

Mi padre me decía en mi juventud, cuando me veía pasajes de soberbio: «hijo, todos tenemos tempestades en nuestra mente, y te vas a enfrentar en tu vida, una y otra vez, a una lucha interna de lo que se debe hacer y lo que te conviene cuando sepas tomar esa sabia decisión ahí está la verdadera coherencia de la vida».

Lo más triste es que los soberbios, arrogantes y petulantes carecen de verdaderos amigos. Si los tiene es porque lo necesitan, pero nunca sentirán la sonrisa sincera o el verdadero abrazo de un amigo, así estén rodeados de mucha gente. Están solos en el desierto, o como una chalupa  flotante en alta mar, donde solo en las noches las estrellas lo acompañaran.

Le digo a los soberbios como dice la poesía “que triste es llorar mientras todos ríen, que triste es estar solo en compañía, no hay sentido, no hay nada”.rvegallamas@hotmail.com

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