Vanessa Restrepo Hoyos
Columnista / 5 de junio de 2021

El colador

Viajar hoy día a Panamá desde cualquier punto de Suramérica se ha convertido en toda una odisea. En el caso de Colombia, la facilidad y comodidad con la que se realizaba este corto trayecto, son cosas del pasado.

Ahora, para poder visitarlo, Panamá ha creado una especie de “colador” que no solo exige una prueba de antígeno o PCR negativas para entrar al país, sino que también, involucra una logística que arranca mucho antes de tomar el vuelo y que termina varias horas después de haber aterrizado, colmando hasta la paciencia del pasajero más sereno y reventando el bolsillo de muchos de ellos.

Estas “piedras en el zapato” se deben al riguroso control que desde fines de marzo impuso el Ministerio de Salud de Panamá, (Minsa), a todo viajero que provenga de cualquier rincón de América del Sur, sea turista, ejecutivo, nacional o residente panameño.

¿La razón? Mitigar la propagación de las variantes del Covid-19 presentes en el sur del continente. Desde que el pasajero compra su tiquete, tiene que, además de llenar digitalmente el rutinario Web Check-In, completar en línea el control migratorio, Check-Mig (disponible 48 antes), junto con una Declaración Jurada de Salud de Viajeros para la Prevención y Control de la Enfermedad por Covid-19, en donde declarará si ha tenido o no alguno/s de los síntomas típicos del virus en los últimos siete días previos a su viaje.

Si bien el formulario de migración siempre ha tenido que ser llenado, esta tarea usualmente se hacía durante el vuelo junto con el de aduana.

La diferencia es que actualmente, sin siquiera montarse al avión, el viajero ha debido completar digitalmente, dos  formularios más que antes y “haberse bajado del bus” con $80,000 por la prueba de antígeno o con unos $130,000 por la PCR, aunque cabe anotar que este último requisito aplica igualmente para ingresar a otros destinos.

Pero la parte verdaderamente tediosa de esta travesía, que anteriormente se realizaba en un abrir y cerrar de ojos, ocurre apenas pisa tierras canaleras, ya que aunque el pasajero haya llegado con un resultado negativo de Covid, deberá dirigirse de igual forma, a un laboratorio en el aeropuerto internacional de Tocumen de Panamá, para que le sea realizado un PCR con un costo de US$85 (ochenta y cinco dólares), unos $300,000 (trescientos mil pesos colombianos) y luego esperar dos horas por su resultado dentro del aeropuerto, para posteriormente poder hacer inmigración y aduana.

Incluso, se de amigos a los que les ha tocado esperar por tres horas o más. Así que el que no haya comido bien antes del vuelo o llevado aunque sea unas semillas de marañón para engañar al estómago, pasará bastante hambre.

Pasada esta larga espera, la cosa se empieza a poner  color de hormiga. Si el viajero es nacional o residente panameño y su prueba en Tocumen sale negativa, deberá firmar un documento en donde se compromete a realizar una cuarentena de tres días en casa, así como a estar pendiente de las llamadas del Minsa, el cual lo contactará durante ese tiempo para investigar si ha llegado a tener algún síntoma de Covid-19.

Finalizando dicha cuarentena, el Minsa le realizará otro hisopado más de Covid (sin costo alguno). Si esta sale negativa, podrá finalmente, salir de su encierro forzoso.

En el caso de que el viajero no cumpla con estos requerimientos, será multado según su circunstancia.

La medida es todavía más radical para los turistas o pasajeros que vienen de negocios. Estos pasarán por el mismo colador, con la diferencia de que, al no tener un domicilio, serán enviados a hoteles asignados y pagados por el Minsa en donde permanecerán en su habitación por tres días. Allí les darán comida, la cual se deja en la puerta de la habitación, ya que escasamente podrán ver el umbral del pasillo.

Sin embargo, los pasajeros que no deseen alojarse en dichos hoteles, cuentan con la opción de hacer su cuarentena obligatoria en otros igualmente asignados por el ministerio que se ajusten más a sus gustos, pero tendrán que ser costeados por el mismo pasajero, quien deberá traer la reserva hecha antes de aterrizar en Tocumen.

Por otro lado, aquellos que pese a haber llegado a Panamá con prueba negativa de Covid, salen positivos con el hisopado realizado por el laboratorio en Tocumen, serán enviados directamente a “hoteles Covid”, sin chance de hacer berrinche o “pataleta de ahogado”.

¡Ah! Un dato dirigido principalmente a los “juega vivo”. No intenten triangular, porque no les va a funcionar. Quien opte por viajar a otro país no suramericano y de ahí volar a Panamá, será considerado como pasajero procedente de Suramérica, a no ser que hayan permanecido en dicho país por más de 15 días antes de tocar suelo istmeño.

Estos protocolos y restricciones, hacen pensar dos veces a aquel que desee venir. No obstante, debo admitir que este colador, junto con la excelente gestión que está llevando a cabo el gobierno panameño con su programa de vacunación, ha sido uno de los filtros decisivos en  la desaceleración de los casos positivos en el país hermano.

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