Personaje / 30 de octubre de 2021

Es un privilegio que con más de 70 años siga siendo protagonista: Consuelo Luzardo

Consuelo Luzardo en el papel de Sara de Roldán, con los actores Kepa Amuchastegui (Augusto Roldán) y Francisca Estévez (Luisa), con quienes comparte en ‘La nieta elegida’. (Cortesía)

Miredvista.co

En entrevista exclusiva con MiREDVista, la reconocida actriz dice que la telenovela ‘La nieta elegida’ es la décima producción escrita por Julio Jiménez en la que participa. “He sido espectadora de primera fila del crecimiento de nuestro teatro, Tv y cine”, asegura.

Con esa dulzura y esa amabilidad de muchos de los personajes que le hemos visto interpretar, Consuelo Luzardo acepta de una, sin pensarlo dos veces, dialogar con MiREDVista. “Claro que sí, cuando guste. ¿Habrá cámaras? Es para saber si me tengo que arreglar”, pregunta algo tímida, pero se tranquiliza cuando le decimos que no, que será una charla informal, a través de una plataforma.

Así es ella. Sencilla, descomplicada, sin pose de diva –a pesar de que es una de las grandes de la actuación en el país– y sin misterios, por más que hoy protagoniza una telenovela cargada misterio, cosa que, entre otras, la tiene plena de la dicha. Se trata de La nieta elegida, la nueva producción de RCN, escrita por Julio Jiménez.

La charla fluye sin afanes. Nos habla de cómo llegó a la telenovela en la que interpreta a Sara de Roldán, la abuela de la familia a la que ella le da vida con sus ademanes finos, su clase y su tono maternal. También de su trayectoria, de su día a día y de su sobrina Laura, que es la hija que heredó de su hermana menor, Celmira, fallecida en 2014.

Consuelo en el rol de Sara de Roldán.

Consuelo vivió inmersa en el mundo artístico desde niña, pues su hermano Julio se decantó por la dirección, y Celmira por la actuación. Comenzó a actuar a los 14 años, unos años después del inicio de la televisión en Colombia. A esa edad encarnó a la criada de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, siendo apenas una alumna de la Escuela Nacional de Arte Dramático, que dirigía Víctor Mallarino.

Al año siguiente debutó en la televisión nacional, con el dramatizado Hogar, dulce hogar, y desde entonces no ha parado de actuar, de tal forma que en su historial se cuentan medio centenar de telenovelas, dramatizados, obras teatrales y películas. Además ha hecho radionovelas, ha sido locutora de comerciales, trabajó en agencias de publicidad y hasta comienzos de este año fue presidenta de la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

A continuación, apartes del diálogo con MiREDVista:

Los hermanos Luzardo: Celmira, Julio y Consuelo.

¿Cómo se produjo su llegada a ‘La nieta elegida’?

Sí, se presentó la oportunidad de hacer un casting para un proyecto de Julio Jiménez y era algo que no me esperaba, porque cosas originales de Julio no se habían vuelto a hacer. No me refiero a esa moda de vender los libretos, por ejemplo a Telemundo, para que las hagan de nuevo. Lo último fue Pasión de gavilanes, en 2003, aunque no era original, sino que era un remake de Las aguas mansas.

¿No le molestó que, dada su trayectoria, hubiera tenido que hacer casting?

Si le he de ser sincera, el asunto del casting me asustaba bastante, porque nosotros, o sea, los actores de mi generación, no manejamos eso. Durante 30 o 40 años nos llamaban porque decían: para tal personaje llamemos a perencejita; búsquenla para ver si tienes disponibilidad. Era otra la forma de trabajar, pero la industria varió y hoy se le pide casting a todo el mundo, por eso uno no puede arrancharse en que cómo no me van a conocer si llevo 60 años en el medio. No, eso ya no funciona así. Entonces, con mucho susto me tocó ir juiciosa a presentar casting y por fortuna fue para mí.

¿A quién le ganó?

No tengo la menor idea. Por lo menos eso agradezco, porque en cierta época hubo una modalidad que yo sentía que era perversa, y era que a uno le decían: traiga una propuesta de maquillaje y vestuario, y entonces uno llegaba y se encontraba con ocho o diez amigas citadas al mismo tiempo, sentadas como en una sala de espera haciendo cola. Era una modalidad poco amable y a mí me deprimía mucho.

Pero bueno, al final usted fue escogida y terminó al lado de veteranos y también de gente muy joven…

El elenco de La nieta elegida es tan grande que en él están representadas tres generaciones de actores, de los 18 a los 80 años. La primera es lo que yo cariñosamente llamo ‘el geriátrico’, que somos cinco actores: Margalida Castro, Kepa Amuchastegui, Ana María Arango, Héctor García y yo. Luego vienen los de la edad media, como Geraldine Zivic, Juan Pablo Gamboa, Marcela Benjumea, Patrick Delmas, Silvia de Dios, Adriana Arango, Orlando Valenzuela, Bibiana Navas y Cristina Campuzano, entre otros. Y está la nueva generación, representada por Francisca Estévez, que hace el papel de la nieta, Carlos Torres y Juliette Pardau, entre otros jóvenes, todos estupendos actores y buenos compañeros de trabajo. Creo que el elenco es muy sólido, muy bien escogido. Empezamos a ensayar desde el año pasado y la novela fue grabada del 28 de febrero al 6 de agosto.

Bueno, y cuando a otras artistas de su edad le asignan tal vez roles más efímeros y menos lucidos, usted está protagonizando. ¿Cómo se siente?

Estoy muy contenta y agradecida. Es que no es normal que en el género de la telenovela típica, o como la concebimos en nuestro medio, una mujer mayor de 70 años tenga el rol protagónico a lo largo de sus 85 capítulos. El reto ha sido grande, fueron seis meses de arduo trabajo, pero me siento feliz.

Consuelo con Francisca Estévez, coprotagonista en ‘La Nieta elegida’.

¿Por qué cree usted que le dieron el rol?

Creo que por varias razones. Primero, yo tenía tal vez una ventaja sobre otras actrices que se postularon: con La nieta son diez las producciones de Julio Jiménez en las que he estado, desde El hombre de negro, que fue la primera en 1982, hasta Pasión de gavilanes (2003), entre otras.  Segundo, porque soy una enamorada de mi profesión: aún siento la misma emoción que sentí en el año 59, cuando empecé, y eso me lleva a darle un toque especial a mis personajes. Y tercero, porque soy una actriz bien entrenada y formada en el teatro; además, soy muy buena trabajadora, cumplida, puntual, llego a grabar con mis letras muy bien aprendidas, colaboro con los cambios de ropa para que no haya atrasos por mi, soy juiciosa y organizada. Me entrego a lo que hago y eso hace que confíen en mí y me sigan llamando.

Ya van 62 años actuando… ¿qué papel no olvida?

No olvido ninguno. No es que solo recuerde los éxitos, también hay que tener presentes los fracasos, o los papeles no tan exitosos, porque estos son los que más enseñan. A veces los personajes no se dan porque no llegan al corazón del público e, incluso en eso, uno aprende más de ellos que con los papeles que sí pegaron.

Pero sí tiene un listado de personajes que le faltan por hacer…

No, nada. Esas listas las hace uno cuando está empezando. A esta edad uno no es tan bobo de sentarse a esperar a que le llegue el personaje que le emociona. Ya no.

¿A quiénes extraña actoralmente?

Con su hermana menor, Celmira, fallecida.

A muchos, la lista es larga. Es que mis compañeros de toda la vida han muerto o están muriendo: Álvaro Ruiz, Luis Fernando Orozco, el Gordo Benjumea, mi hermana Celmira… Pero fíjate que me emociona llegar a un proyecto nuevo y encontrarme con colegas con los que ya he trabajado y con otros que no, como ahora en La nieta elegida. La experiencia es grata.

Entre otras cosas, usted ha hecho papeles de costeña memorables. ¿Cómo lo hizo?

¡Así es! En telenovelas como Caballo viejo y Chepe Fortuna hice de costeña, siendo yo tan bogotana. Cuando iba a la Costa y la gente me elogiaba y le daba el visto bueno al hablado, yo me decía: ¡pasé el año! (risas)

Y además, hace unos meses se le midió a un reality de cocina, Masterchef. ¿Así de buena cocinera es?

No, qué va. Aprendí a cocinar tres cositas que me quedan ricas, pero no más. Pero yo no sabía lo que era un reality de esos. Cuando llegué al programa me dije: ¡Yo qué hago aquí, si yo ni siquiera soy competitiva! Pasé muy asustada hasta que salí.

La actriz con su sobrina Laura Canevari, que es como su hija.

¿Cómo es su vida hoy?

Normal, muy tranquila. Lo mío es viajar, comer rico, leer, caminar, ver películas y series, y espero coger un poquito más de confianza para volver a las salas de teatro y de vine. Eso sí, vivo muy pendiente de las cosas de mi sobrina menor (Laura Canevari Luzardo), la única hija de mi hermana Celmira. Al morir ella, me convertí como en su segunda mamá. Acabo de estar con Laura en Panamá, disfrutando  de un descanso después un trabajo intenso. El plan próximo es ir a Egipto a visitar las pirámides en el verano de 2022.

Cuando mira hacia atrás, ¿qué la hace feliz?

En el balance, lo más importante es haber sido espectadora de primera fila del crecimiento de nuestro teatro, nuestra televisión y nuestros cine. He estado desde el principio y sigo dando lora. He sido testigo de los cambios, de cómo se desarrollaron esas actividades, de cómo ha crecido la industria desde el 59, cuando empecé en el teatro a los 14 años, a hoy. He estado ahí, he sido parte viva de eso. Me siento privilegiada. Y sí, soy una persona feliz porque tengo salud, me gusta mi vida y he trabajado con gente maravillosa. Me siento muy contenta y agradecida.

El elenco de ‘La nieta elegida’, la telenovela de RCN que acapara la atención de la audiencia.

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