Vanessa Restrepo Hoyos
Columnista / 17 de abril de 2021

Isabel II: el roble de la monarquía británica

El miércoles 21 de abril la reina Isabel II de Inglaterra cumplirá 95 años. Tristemente, será la primera vez que le dé la vuelta al sol en 73 años sin la compañía de su esposo, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, quien falleció el pasado viernes, 9 de abril.

Una lamentable pérdida para la reina, quien, por su lado, parece seguir gozando de una salud envidiable, una que muy probablemente heredó de su madre, Isabel Bowes-Lyon, quien vivió 101 años.

Y es que pese a su avanzada edad y al haberse refugiado en la campiña inglesa debido a la pandemia, Su Alteza Real no ha dejado de cumplir con sus deberes como soberana del Reino Unido.

Desde allá, continua su rutina  de trabajo, leyendo y contestando las cartas que recibe constantemente del pueblo británico, así como revisando y firmando algunos de los importantes documentos oficiales de la famosa “caja roja” que le es enviada diariamente por su gabinete y por el ministerio de relaciones exteriores y la mancomunidad de naciones, de la que también es jefe de Estado.

Igualmente, realiza su audiencia semanal con el primer ministro británico, Boris Johnson, la cual, siguiendo las recomendaciones del distanciamiento social, ahora es por vía telefónica.

También sigue reuniéndose con diplomáticos extranjeros y dignatarios a través de vídeo llamadas, una herramienta tecnológica nueva para la reina, a la que ha sabido adaptarse.

Y por si fuera poco, continua montando a caballo y realizando sus habituales caminatas, dos de sus pasatiempos favoritos.

No se puede negar que Isabel II es fuerte como un roble. De hecho, hace casi 15 años se convirtió en la monarca británica más longeva sobrepasando a su tatarabuela, la reina Victoria, a quien también desbancó como la soberana con más tiempo en el trono del Reino Unido (conformado por Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte). El próximo 2 de junio se cumplirán 69 años de su reinado, así que, en pocas palabras, ya ha batido varios récords.

Esta no es la primera vez que la reina vive circunstancias  extraordinarias. Durante la Segunda Guerra Mundial, aún siendo princesa, fue teniente segunda honoraria del Servicio Territorial Auxiliar de Mujeres (rama femenina del ejército británico durante la guerra), en donde aprendió mecánica y manejó camiones.

Asimismo, fue testigo de la disolución del Imperio Británico y el nacimiento de la Mancomunidad de Naciones (países que antes formaban parte del imperio) y ha visto gobernar  a 13 primeros ministros británicos.

Por otro lado, la monarquía ha atravesado momentos críticos durante su reinado, llegándose incluso a vislumbrar su final en varias ocasiones. Uno de ellos fue en 1992 al que la reina describió como “annus horribilis”, (año terrible), cuando la popularidad de la monarquía sufrió una fuerte caída al venirse abajo tres de los matrimonios de sus cuatro hijos y al arder en llamas el castillo de Windsor, una de sus residencias preferidas.

Sin embargo, la reina Isabel II o Lilibet, como le dicen cariñosamente sus familiares, continuó firme en su trono.

Pero, independientemente de su profundo sentido del deber como monarca y cabeza de la Iglesia anglicana, ¿cuál ha sido su clave para haber logrado mantener a la monarquía en pie pese a los incontables altibajos que ha enfrentado?

En entrevista realizada por la Revista Vanity Fair España a Clive Irving, editor fundador de Condé Nast Traveler y autor de la nueva biografía: “The Last Queen: Elizabeth II’s Seventy Year Battle to Save the House of Windsor” (La Última Reina: Los 70 Años de Batalla de Isabel II para Salvar la Casa de Windsor), Irving expresó que lo que tenía que hacer la reina para mantener viva a la monarquía era conservarse incognoscible (indescifrable).

“Aquí tiene esta paradoja: es una de las personas más famosas del mundo, pero sabes muy poco sobre ella, y eso es deliberado. Ella siempre sintió que era importante que no supiéramos nada acerca de cómo se siente acerca de las cosas políticas; por ejemplo, cómo se sentía realmente acerca de la pérdida del imperio, acerca de varios primeros ministros, en particular de Margaret Thatcher, o sobre el Brexit, para traerlo a colación. No lo sabemos, y si alguien le dice que lo sabe, en realidad no lo sabe”.

Por otro lado, el británico Robert Lacey, asesor histórico de la serie de Netflix, “The Crown” (La Corona), e historiador de la familia real, comentó recientemente a la revista española, XLSemanal, que “la reina es una figura remota. Su función es mantener un elemento de misterio”.

De hecho, nunca ha concedido entrevistas a la prensa, pero se dice que es abierta como anfitriona y en pequeñas reuniones. Además, quienes fuera de su círculo más allegado han podido compartir con ella, aseguran que es encantadora, de amplia sonrisa, divertida y con buen sentido del humor.

Esto último parece ser cierto, ya que para la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012, la reina no dudó en hacer el cameo del cortometraje “Happy and Glorious”, (Feliz y Glorioso), presentado en pantalla grande durante la ceremonia de apertura, en donde mostraba al artista Daniel Craig llegando a Buckingham Palace como James Bond para escoltar a la reina al gran evento en helicóptero. Una sorpresa que dejó hasta al más incrédulo, boquiabierto.

¿Será que esa mística ha sido su poderosa arma secreta? Si llegara a serlo como dan a entender Irving y Lacey, este “je ne sais quoi” de ser distante pero cercana a la vez, parece haber dado frutos por casi siete décadas ya que, por lo general, a diferencia de algunos miembros de la familia real, la soberana, generalmente, siempre ha gozado de gran aceptación por parte de sus súbditos británicos.

Para la monarca, el compromiso de representar al Reino Unido es un trabajo de por vida, tal como lo mencionó en el documental realizado por la BBC1, “Elizabeth R”, hace unos 30 años y así lo ha demostrado siempre.

Como es tradición, su cumpleaños se celebrará oficialmente el segundo sábado de junio. Este año, asumo será una más sombría tras la triste partida de quien fue su inseparable compañero de vida.

Solo esperemos que el roble de la monarquía británica permanezca igualmente fuerte por más tiempo y que sus sucesores hereden su inagotable energía, sentido del deber, dignidad, misterio y gracia que la han caracterizado todos estos años, para así seguir manteniendo la continuidad de una de las monarquías más estables y prestigiosas de Europa.

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