Patricia Escobar
Columnista / 26 de febrero de 2022

La complejidad de una sentencia

Es el tema de moda y hay que abordarlo. Pero es tan complejo que lo más prudente es ir más allá de alegrarnos o enfurecernos frente a él.

La reciente sentencia de la Corte Penal sobre la despenalización del aborto ha generado reacciones a favor y en contra. Algunas con una gran dosis religiosa. Otras con bases científicas. Lo primero que debo decir es que yo, como la gran mayoría de quienes han expresado abiertamente su opinión, no conozco en detalle la sentencia y suelo no opinar sobre lo que no conozco. Lo segundo que debo dejar en claro es que yo soy una defensora de todo tipo de vida: animal, vegetal y por supuesto humana.

Es por eso que me gustaría decir que toda esta bola de nieve que se ha formado a partir de una sentencia que es en derecho, nos debe llevar a pensar que en el país nos falta mucho por saber y hacer en favor de la vida, comenzando por la sexualidad, que es donde se genera la misma.

Nos alarmamos con tantos embarazos juveniles en aumento, nos aterramos con tantas violaciones a niñas, en su gran mayoría por parte de familiares y amigos cercanos a la familia, nos escandalizamos por la falta de conocimientos sobre planificación en un mundo donde la información está a un click, pero nunca hemos tomado una posición beligerante que obligue al Estado, los padres de familia y educadores a asumir con entereza la Educación Sexual.

Como madre y abuela yo me pregunto con frecuencia ¿por qué una niña de 12 años ya tiene relaciones sexuales?, ¿por qué una niña de 12 años busca en la calle afecto tan cercano que llega al contacto físico y a concebir un hijo?, ¿por qué una adolescente no hace uso de métodos anticonceptivos, los cuales deben estar al alcance de todos?, ¿por qué si se habla de todo, no se habla del amor en todas sus formas, de la importancia de planificar, de la responsabilidad de traer una criatura al mundo sin estar preparado para hacerlo?

La primera conclusión que saco es que no hacemos prevención, ni en salud ni en nada. Preferimos reaccionar a posteriori que evitar. Preferimos ir a un servicio de salud por una gripa o dolor de cabeza, que evitar las causas que los producen. Preferimos hablar pestes de nuestros dirigentes, antes de prepararnos para elegir bien y evitar que se repitan cosas que no nos gustan.

La segunda conclusión que tengo es que preferimos tener a un pueblo o una familia sin educación, que prepararlos para la vida. Se supone que en los colegios se habla de educación sexual, creyendo que decirle a un niño que a temprana edad “lo sabe todo”, sobre sus órganos sexuales y en casos más radicales, señalar que hay sólo una posibilidad de sexualidad.

En los colegios y en el hogar tenemos que educar a nuestros niños y jóvenes sobre la importancia del amor, sobre el respeto, sobre la valoración de nosotros como seres humanos, del autocuidado, de la importancia de las buenas relaciones interpersonales.

Yo estoy convencida de que si hay un real conocimiento de la vida, si hay verdadero amor, si hay prevención, no habrá embarazos indeseados, ni embarazos prematuros, y las violaciones disminuirán de modo que hablar de aborto o legislar sobre el tema, será cosa del pasado, cosa de sociedades cavernícolas.

Desde temprana edad mujeres y hombres deben conocer su cuerpo físico, deben a aprender a cuidarlo y hacerse responsable de sus acciones. Desde ya los gobiernos y principalmente los organismos de salud deben trabajar en prevención. Traer una vida al mundo o interrumpir ese viaje que se emprende cuando se produce la concepción son actos que requieren de madurez, de conocimiento, de máxima responsabilidad.

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