Patricia Escobar
Columnista / 6 de noviembre de 2021

La culpa también es mía

Poco o nada aprendimos de todo lo que hemos vivido en los últimos meses. El planeta está peor que hace 20 meses. Y la culpa se la echamos toda a los gobiernos. El mundo está más violento y la culpa es de otros. Los precios de las cosas básica están por las nubes, y así como un murciélago chino o un científico de ojos rasgados son los culpables de que el mundo se haya paralizado, la culpa es de otros, y nosotros tranquilamente seguimos sin cambiar, sin aportar a las soluciones, sin mejorar.

Estoy más que convencida que el principal problema de los humanos es que, en su gran mayoría, somos alérgicos a la autocrítica, a reconocer nuestros defectos, nuestras culpas, nuestras limitaciones, y por ende, a poner nuestro grano de arena en la solución de los problemas.

¿Cuántos de los que nos mostramos alarmados por los daños que está sufrieno el planeta reconocemos que si cumpliéramos con algunas normas mínimas de convivencia, las cosas serían hoy muy distintas?

No hemos aprendido, por ejemplo, que hay que respetar los cauces naturales de los arroyos, las orillas de los ríos, el mar, y construimos donde no se debe construir, talamos los árboles que “nos estorban”, y arrojamos todas las basuras y desechos sin ningún control a la calle o cuanto cause encontramos cerca.

Hay que ver las rejillas en las calles que fueron “canalizadas” como se llenan de basuras con cualquier aguacerito, hay que ver los arroyo que se cubren de desechos de todos los tamaños cuando cae un aguacero en la ciudad.

¿Pero que podría hacer cada ciudadano? Fácil: primero, clasificar las basuras. Prácticamente todo sirve. Segundo, no sacarla a la calle cuando se nos venga en gana, si no, a la hora que indica la empresa que presta el servicio, para que no afee el lugar, para que nos sea regada por recicladores sin escrúpulos, o por animales hambrientos, y tercero, entender que todos los arroyos, ríos, quebradas van al mar, que en el mar hay vida, y que lo que arrojamos es veneno para plantas y animales marinos.

Un manejo adecuado, sencillo, de las basuras es un gran aporte individual que podemos hacer todos los ciudadanos para cuidar la casa que habitamos: el planeta. También hay muchas otras cosas sencillas que en los hogares podemos implementar. Por ejemplo, no desperdiciar agua, ni consumir energía sin necesidad. Cuando se ahorra ganan los bolsillos y gana el planeta. Se puede hacer uso racional de la electricidad: no mantener encendido un televisor, un radio, o un computador cuando no se necesita o nadie está haciendo uso de ellos; no abrir la nevera mil veces al día, usar bombillas y aires acondicionados realmente ahorradores, en fin, bibliografía al respecto hay por montón.

Eliminar de nuestras vidas el plástico o minimizarlo al máximo es ganancia para todos. Las gaseosas vienen en envases de plástico y de vidrio, podemos preferir la segunda; y dejar de utilizar bolsas plásticas para todo, en ocasiones no nos necesarias y en otras se pueden reemplazar por costales, bolsas de papel o cualquier otro material reciclable. Cambiar los aerosoles por los roll on. Y cambiar los productos de limpieza químicos por naturales, son algunas de las acciones que pueden realizarse en cada hogar, que sumadas dan grandes resultados en la búsqueda de un planeta mejor, más vivible.

Y en cuanto a nuestro comportamiento y la forma de relacionarnos con los demás también hay acciones pequeñas que minimizan los estados de violencia e intolerancia. Entender qué es el respeto, colocarse en los zapatos de otros y aplicar la solidaridad, son super efectivos a la hora de construir un mundo mejor.

Ojala en cada hogar comenzáramos el cambio, dejando de culpar por todo a los demás.

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