Dr. Rodolfo Vega Llamas
Columnista / 18 de diciembre de 2021

La felicidad

En una reunión me preguntaron si yo era feliz en mi matrimonio, y si mi pareja me hacía realmente feliz. Y lo confieso, siempre creí que ella tenía la obligación de hacerme feliz y yo de hacerla feliz, era como una toma y dame felicidad. ¡Qué grave error! Y la verdad es que ni yo la hago feliz ni ella me hace feliz, porque la felicidad no depende de nadie. Soy la única persona de la que depende mi felicidad. Me doy cuenta de que soy feliz en cada situación de mi vida, ya que, si mi felicidad dependiera de cada persona, cosa o circunstancia en la tierra, estaría en serios problemas.

Todo lo que existe en la vida cambia contínuamente, el ser humano, la personalidad, el pobre cuando se vuelve rico y el rico cuando se vuelve pobre, mi cuerpo, el clima, los placeres, y podría seguir enumerando durante horas y horas. Con la pandemia aprendí una cosa, decido ser feliz, y lo demás lo llamo “experiencia circunstancial”. Escucho a diario:  no puedo ser feliz porque no tengo dinero, no puedo ser feliz porque estoy enfermo, no puedo ser feliz porque mi pareja me abandonó. Lo que estas personas no saben es que se puede ser feliz bajo cualquier circunstancia, lo demás son pretextos para autoinfligirse; lo que no saben es que la felicidad debe ser una actitud  de vida, cuando río soy yo quien está contento, cuando lloro soy yo quien esta triste. Nadie me regaló esos momentos ni los compré en un supermercado. Son míos y solamente míos, las emociones son mi vida, y esta actitud de vida es como  montar en bicicleta: solo te caes si dejas de pedalear.

La vida la vemos como una tragedia, pero analizada en detalle, tiene carácter de una comedia. Yo tuve que padecer el Covid para aprender a valorar la vida, y cuando hablo de casi morir, no hablo de dejar de existir. Hay situaciones que matan tu espíritu y mueres aunque estés respirando, y hablo de algo que es la monotonía, salir a trabajar 12 horas, día y noche, entre cuatro paredes, sin ver el mundo que te rodea, solo trabajar y trabajar y en ocasiones te olvidas de que existes por pensar en tu responsabilidad laboral, dos horas en un carro m en un trancón, llegar cansado y dormir y al día siguiente lo mismo, día tras día .

En el contexto de mi felicidad he llegado a la conclusión que  hay personas que no quiero perder nunca, y otras que me urge que se vayan. Hay personas que me muero por abrazar; cuando veo a mis hijos, a mi esposa, siento necesidad de escucharlos y ser escuchado, los extraño a diario, pero hay otras que olvidé sin darme cuenta, y a la conclusión que he llegado es que no me he quedado solo, me estoy quedando con lo que necesito.

Mi padre me decía: un día despertarás y descubrirás que no tienes más tiempo para hacer lo que soñabas. El momento es ahora. ¡Actúa! En la felicidad inmadura existe una teoría falsa y es que la gente cree que para ser feliz a los demás tiene que hacer las cosas a su manera; totalmente falso, la manera perfecta de hacer las cosas no existe, todos luchamos por la felicidad, y creemos que esta se encuentra a través del dinero; falso, el dinero es solo un medio adquisitivo, para inflar tu ego, pero cuando lo tienes todo y te encuentras con tu propio yo es como estrellarse contra una pared , por algo hay tanto rico deprimido.

Cuando padecí el Covid sentí que la vida, cuando menos lo esperas, nos coloca delante un desafío que pone a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambio. Ahora ya a esta edad descubrí que defendí causas sin valor, sufrí por tonterías, trabajé más de lo que mi cuerpo me permitía, no sentí el placer de un buen sueño por trabajar y salvar vidas, pensaba en la vida en sí, pero nunca resolví vivirla. Pensé que el amor sería un remanso de paz, pero no es así. No existe amor en paz, siempre viene acompañado de agonías, éxtasis, alegrías intensas y tristezas profundas, como dice Paolo Coelho.

Y como dice David Sinclair: el envejecimiento es una enfermedad, hay que aceptar que la muerte es más universal que la vida, todo el mundo muere, pero no todo el mundo vive. A veces me pregunto por qué en los colegios no enseñan a perdonar, ayudar al prójimo, entender, escuchar, consolar a olvidar; creo que seríamos mejores personas y más felices si aplicáramos estas sencillas y simples reglas de la vida. Me despido deseándoles una feliz Navidad y que el otro año 2022 seamos más felices. (rvegallamas@hotmail.com) Instagram(drodolfovega)

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