Juan Alejandro Tapia
Columnista / 11 de mayo de 2024

¿La hora final del reguetón?

A cada Napoleón le llega su Waterloo, a cada Mike Tyson su James ‘Buster’ Douglas, y al reguetón parece haberle llegado su hora de rendir cuentas con el rival menos esperado: la regional mexicana. No lo vieron venir en las barriadas de Puerto Rico ni en las comunas de Medellín, pero el género heredero de las bandas gruperas y de los corridos, que en sus canciones mezcla los fenómenos del narco y la migración desde la mirada de las nuevas generaciones, ha desplazado en el último año al sonido que tanta molestia causaba a los oídos del legendario vocalista de la banda argentina Soda Stereo, Gustavo Cerati, quien repetía en sus conciertos el estribillo «despiértame cuando pase el reguetón».

A diez años de su muerte, que se cumplirán este 4 de septiembre, Cerati sería el primer sorprendido de saber que no fueron el rock ni el pop los que mandaron a la lona al reguetón, sino otro género urbano, porque a pesar del origen ranchero de su ritmo de banda y de su estética norteña de botas, sombrero y hebilla con cuernos, las temáticas abordadas por el regional mexicano lo vuelven un hijo ilegítimo del hip hop. Por eso al fusionarse con el reguetón, como han hecho Bad Bunny con el grupo Frontera o Maluma con Carín León, parecen hermanos.

El principal representante de esta fusión es Peso Pluma (Hassan Emilio Kabande Laija, 24 años). Mitad reguetonero mitad grupero mexicano, sus canciones son consideradas por sociólogos y otros académicos como apología a la cultura narco, la violencia y la promiscuidad. Sin embargo, a diferencia de sus hermanastros puertorriqueños y colombianos, los conciertos de este artista y los de todos los que forman parte de esa amalgama de estilos y sonidos agrupados en la casilla de regional mexicana cuentan con guitarras y metales en lugar de pistas y ritmos pregrabados. 

Para un espectáculo de reguetón en vivo hace falta un computador portátil y cuatro o cinco bailarines; uno de regional mexicana, al menos, cuenta con una banda. Es la diferencia entre un músico de estudio, producto del auto-tune, y uno que está obligado a ensayar continuamente con sus compañeros, incluso en garajes o bares cerrados, cuando la fama todavía no ha tocado a la puerta.

Bad Bunny, el artista más escuchado en Spotify durante tres años consecutivos (2020, 2021 y 2022), sufrió en abril un duro golpe a su ego: algunas de sus presentaciones en Estados Unidos no tuvieron la presencia de público esperada. La escasa venta de boletas, hasta hace unos años impensada para el indiscutido rey del reguetón, podría indicar que la audiencia de este ritmo latino que conquistó el mundo sufre una saturación y está lista para nuevos sonidos. 

¿Podrá levantarse el reguetón de los golpes que ha recibido en el último año? A corto plazo es probable que sí, pero para hacerlo deberá mezclarse todavía más con otros géneros. El propio ‘Conejo Malo’, quizá consciente de la fatiga, ha recurrido al merengue y a la regional mexicana para oxigenar su música. Donde quiera que esté, Cerati debe tener una sonrisa.

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