Patricia Escobar
Columnista / 13 de junio de 2020

La labor del maestro virtual

Nunca ha sido fácil la labor de los maestros en Colombia, y eso está más que demostrado en las actuales circunstancias cuando la presencia se volvió virtual y los profesores han tenido que convertir sus viviendas en centros de trabajo y adaptarse a tecnologías que o no tenían a mano, o no habían usado con esos fines.

A diario se ven historias de maestros que hacen hasta lo imposible por llegarles a los alumnos, quienes convirtieron espacios en sus casas en salones de clases y que no logran concentrase frente al computador o celular al que sólo acudían para jugar, antes que los mandaran para la casa a estudiar.

Maestros que asumen el papel hasta de actores de circo, vistiéndose con lo que tienen a mano, y recurriendo a recursos nunca antes imaginados por los padres, para explicar lo que solían hacer frente a un tablero vestidos formalmente, en salones de clases donde veían y tenían el control de un grupo de chicos.

Hoy los maestros tienen que luchar contra una muy deficiente conectividad del país, con las idas frecuentes del servicio eléctrico en sus casas o en la de sus alumnos, con los gritos de los vendedores ambulantes, con las interrupciones o apariciones inesperadas de sus hijos, o de un familiar que pasa por detrás, pero que los alumnos alcanzan a ver, convirtiéndose en otro elemento distractor.

Los maestros de hoy tienen que luchar con su desconocimiento de la virtualidad. No es lo mismo llegar a un niño o joven en un salón de clases que, a través de una pantalla pequeña. No saben, o les de miedo usar la forma asincrónica y ponen su cara frente al celular o al computador para repetir lo que los estudiantes podrían ver en los textos escolares o en cualquier video que sobre el tema a tratar existe en la web

Algunos piensan que las clases deben durar los 45 minutos, el mismo tiempo cuando están en los tradicionales salones, ignorando que la concentración es menor y los elementos distractores, en espacios que no son diseñados para estudiar, son mayores y muy diversos.

Además de todo, se aguantan las “intervenciones” de padres y abuelos, los manejos inadecuados de los chat de estudiantes, y las bromas e irrespetos de los mismos chicos que, en clases presenciales, parecen más formalitos, pero que en las virtuales son unos diablos que apagan el micrófono, o les dicen al profe que no hay luz, o que se cayó el internet para no asistir a la charla.

Aun así, se está planteando volver “gradualmente” a las aulas, y duplicarle el trabajo al maestro que tendrán que seguir adaptándose a la virtualidad y lidiar con los chicos en el salón para que mantengan las medidas de bioseguridad que impone la pandemia.

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