Carlos Polo
Columnista / 15 de octubre de 2022

La mano de Dios y las gestas del último de los Perseos

Na, na, na, na, na ná/ Se marca el compás/ Na, na, na, na, ná Life… Na, na, na, ná/ Life is live/ Na, na, na ná/ Life is live… En el centro del campo, una especie de magneto humano de apenas 1,60 de estatura está en plena comunión con la venerada pecosa redonda, la misma que impulsa con un movimiento del pie y sale expulsada hacia arriba, rebota en un guayo, luego en el otro, en una bella muestra de danza en total sincronía con el sonido de los beats de la canción de la banda de rock austriaca Opus… Na, na, na, ná/ Life is live/ Na, na, na ná/ Life is live…

Por todo el estadio resuena la canción que fue lanzada en marzo de 1984 y se convirtió rápidamente en el sencillo de moda, mientras el mago realiza su acto de prestidigitación, de cada uno de los reproductores de sonido del estadio escapan los poderosos beats… Na, na, na, ná/ Life is live/ Na, na, na ná/ Life is live. La pecosa va hasta arriba, y vuelve para dormirse mansa y tranquila sobre la cabeza de aquel mago que danza, que juega, que coquetea con el balón, la pecosa se sostiene en una rodilla, salta a la otra con grácil devoción y armonía…

Transcurre el mes de abril, es la tarde del día 19, para ser exactos, la magia sucede en el estadio Olímpico de Múnich, en donde dentro de pocos minutos se enfrentarán, por las seminales de la copa UEFA, el Nápoles de Italia y el siempre poderoso Bayern.

El mago baila, está apenas entrando en calor y se acuerda de otros entretiempos cuando era todavía un Cebollita, y ya entre la pecosa y él existía una sinergia de otro mundo, una comunión sobrenatural, aunque las cosas que hacían juntos se vieran tan sencillas, tan fáciles, que cualquier distraído podría olvidar la presencia del hado, del genio, del duende, del toque sutil de los dioses.

 El Pelusa tuvo la inteligencia de descifrar a tiempo el acertijo de su vida y escapar de la pobreza, del círculo de exclusión y marginalidad que le esperaba como hijo de barriada dura, como chico de potrero, de camiseta raída, guayos rotos y de canícula dorada de media tarde. A golpe de garra y de valentía, el Diego gestó un sino de grandes hazañas como ningún otro argentino hasta el momento ha logrado o ha soñado superar.

Los teutones aquella tarde de abril no sabían que estaban presenciando el considerado hasta hoy como el “mejor calentamiento de la historia”, y muy seguramente tampoco tenían muy claro que aquel Pelusa bajito y robusto, era quizás el último de los Teseos, de los Perseos, el último de los Odiseos…

When we all give the power/ We all give the best/ Every minute of an hour/ Don’t think about a rest…

Hacía apenas 2 años, también en el mes de abril, estalló el conflicto bélico entre Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las islas Malvinas, conflictico en donde perdieron la vida 649 soldados argentinos y 1.063 más resultaron heridos. En el mes de junio el país latinoamericano sufre una vergüenza internacional rindiéndose ante las tropas imperiales el 14 de junio de 1982 poniéndole fin a la guerra.

No fue hasta 1986 que llegó el desquite de aquella humillación, y fue precisamente en los pies del héroe trágico y de la ‘mano de Dios’ que llegaría la revancha para el pueblo argentino, porque el Pelusa de Villa Fiorito humillaría a los flemáticos ingleses y en transmisión en vivo en directo para todo el mundo. En un acto de justicia poética y providencial, el día en que Maradona se convierte en el hijo predilecto de los dioses, fue precisamente en una tarde de junio, y esta vez los gauchos no se rendirían, por el contrario, comandados por el héroe, ganarían las más importantes de las batallas para su pueblo. 

En el enfrentamiento entre las selecciones de Inglaterra y de Argentina por los cuartos de final de la Copa del Mundo de México de 1986, Maradona cortó la cabeza del ‘Minotauro’ y a golpe de malicia indígena marcó un tanto improbable con su mano, logrando “el gol más polémico de la historia”.

“Lo marqué un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios”, diría el héroe tras culminar la hazaña. Transcurría el minuto 54 del partido, y algunos dicen que, guiado por las deidades, el ‘D10’ se sacó de los pies toda la magia de sus ancestros y desde antes de mitad de la cancha fue dejando desparramados a golpe de gambeta, garra y velocidad, a todos  los rivales ingleses que se interpusieron en su camino, reivindicando así a cada uno de los jovencitos muertos en el archipiélago ubicado en el Atlántico Sur, rompiendo el arco inglés justo en el minuto 55, logrando esta vez el llamado “gol del siglo”.  Na, na, na, ná/ Life is live/ Na, na, na ná/ Life is live…

Idolatrado hasta el delirio por todo un pueblo, considerado ‘D10S’ por muchos, convirtiéndose en tema de inspiración para poetas, cineastas, artistas plásticos, documentalistas, músicos, juglares y rapsodas contemporáneos, el Diego puso a todo un país y casi que, a todo un continente, a llorar de alegría y también de tristeza. Al igual que los héroes y semidioses antiguos, Diego Armando Maradona fue tocado por la ‘mano de Dios’, y sus gestas épicas en la cancha se han convertido en el insumo central del imaginario de un continente, alcanzando ribetes míticos.

Na, na, na, ná/ Life is live/ Na, na, na ná/ Life is live…

Lleno de debilidades, errático a más no poder, confrontador, altanero y hasta bocazas, el Pelusa es quizás el más humano de los héroes, humano, demasiado humano hasta los tuétanos. El ‘D10’ sufrió en carne propia el exilio y enfrentó a sus propias ‘medusas’, o ‘bestias mitológicas’ que representaban un poder incuestionable y a un estatus quo, a las que el niño que creció enfrentando penurias en Villa Fiorito, no se les quiso arrodillar, y al igual que los héroes clásicos, gracias a sus compulsiones, se fue forjando un final trágico y anunciado. 

“No me drogué. Me cortaron las piernas”, palabras que restallan aún y que reverberaron en la mente de los hinchas, cuando aquel hombre que le había dado las mayores alegrías a sus corazones fue suspendido del mundial de Estados Unidos en 1994, tras dar positivo en una prueba antidopaje, ese día lloró Argentina, y el héroe enfrentó su máxima prueba y su mayor caída.

Atraído por los cantos de las ‘blancas sirenas’, el Diego perdió la cabeza, perdió el rumbo, y entre la noche, el neón y los excesos, se fue alejando de ‘Ítaca’ y la ‘blanca mujer’ de los cantos y los placeres, terminó llevándoselo a su eterna guarida el 20 de noviembre de 2020 a los 60 años, muriendo el hombre para darle paso a la leyenda. Ese día volvió a llorar Argentina.

Hoy lo recuerdo así, altivo, orgulloso, como queriendo gritar con su acto litúrgico frente a los teutones, ¡aquí está un latinoamericano!, ¡aquí está Argentina, Colombia, Perú, el Salvador, Guatemala!, ¡aquí está un mestizo, un cholo, un compadrito, un gaucho!, ¡aquí están todas las villas miserias de la tierra de donde yo vengo!, ¡aquí está el pueblo, este soy yo, esto es lo que represento, esta es nuestra magia!

Le subo el volumen al reproductor de sonido y dejo que estallen en el recinto los acordes de la canción, porque la vida es vida, na, na, na, na, ná, y he tenido el privilegio de ver en vivo y en directo la gestas del último de los héroes clásicos, del último de los elegidos, del último de los tocados por los dioses.

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