Patricia Escobar
Columnista / 27 de junio de 2020

Nada que mejora el ambiente

Debido al encierro, muchos obviamente, no vemos lo que pasa en el mundo exterior con respecto al medio ambiente, pero si lo podemos sentir, oír y oler, y lo que esos sentidos perciben no es para nada tan bello como las imágenes que transmiten en la televisión de, por ejemplo, animales que recorren carreteras o se acercan a los poblados urbanos.

Hablando de Barranquilla, la contaminación auditiva es permanente. Nos levantamos con los anuncios, a todo pulmón o con megáfono, de los vendedores de aguacate, plátano o cualquier otro producto comestible, y nos acostamos con la misma oferta.

Los anuncios de esos vendedores, muchos de los cuales no utilizan tapabocas, o los llevan en el cuello, ya hacen parte del paisaje “natural” que ha creado la pandemia. Muchas clases y conferencias virtuales se han visto “asaltadas” por las ofertas que se escuchen al fondo.

A estos vendedores móviles, le siguen los compradores de abanicos, aires, lavadoras, chatarra, o lo “que usted ya no use”, quienes en carretillas o cualquier otro pequeño vehículo, recorren las calles pagando para llevarse lo que ya no nos sirve.

Como si eso fuera poco, en Barranquilla, donde por el cierre de fábricas y empresas, y la menor circulación de vehículos, se esperaba que fuéramos a respirar un aire más puro, hemos sufrido en los últimos días los nocivos efectos de las quemas incontrolables que desde hace años se producen en la isla Parque de Salamanca, pero que con la fuerza de la clandestinidad ha arreciado últimamente. La ciudad ha estado cubierta por humo, durante más de ocho días, en épocas donde la respiración debe ser lo más limpia posible.

Ha sido tan grave e incontrolable lo del Parque que, en medio de estas condiciones “anormales”, la Corte Suprema de Justicia declaró como sujeto de derecho a la Vía Parque Isla de Salamanca, y ordenó formular un plan de acción estratégico y efectivo a cinco meses para reducir a cero sus niveles de deforestación y degradación, que son los originarios de las quemas, cuyo humo “viaja”, por la dirección de los vientos, a Barranquilla..

El fallo busca no solo proteger el derecho a la saludy vida de quienes se ven amenazados por las quemas, sino al ecosistema natural de esta reserva natural. La decisión es producto de una acción de tutela presentada el 21 de febrero de 2019 por el Grupo de Litigio e Interés Público, integrado por profesores y estudiantes de Derecho de la Universidad del Norte.

Y para complementar el panorama, “el polvo del Sahara” ya llegó a nuestra región y aunque para algunos, las partículas que viajan unos 8 mil kilómetros desde el desierto hasta el Caribe sirven para nutrir la tierra, también producen efectos negativos sobre el aire y los seres humanos.

En conclusión, la calidad del aire en Barranquilla, 100 días después de iniciada la cuarentena, es peor que antes de la misma. Dos recientes estudios han demostrado que, los pacientes con Covid-19 tienen más probabilidades de morir que de vivir en regiones con altos niveles de contaminación del aire.  Así que las cosas en Barranquilla están cada día peor. Y no se escuchan voces, ni se ven acciones efectivas para mejorar el aire que respiramos.

Nuestra preocupación sobre el medio ambiente va más allá, y planteo una pregunta: ¿a dónde van los tapabocas ya usados?, ¿Qué va a pasar con todos los desechos que dejan por ahí quienes han estado infectados? No hacemos prevención, y después estamos llorando sobre la leche derramada. Ojalá esté equivocada, pero los problemas de contaminación que se nos vienen van hacer bien graves.

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