Dr. Rodolfo Vega Llamas
Columnista / 13 de agosto de 2022

¿Qué necesitas?


¿Qué necesitas para llevar una vida agradable? ¿Una casa propia, un buen coche y un buen trabajo para pagarlo todo? Lo que creemos que necesitamos puede variar mucho en función de quienes seamos, con quienes nos comparemos y las expectativas de la sociedad en que vivamos. Lo que creemos que necesitamos parece ser muy subjetivo y relacionado con nuestra situación particular. No podemos dejarnos llevar o atrapar por lo que a veces se llama el círculo vicioso del hedonismo psicológico o motivacional que nuestro comportamiento está determinado por deseos de aumentar el placer y disminuir el dolor.

Lo que necesitas en realidad es muy poco y, por ello, resulta bastante fácil de conseguir. Escribe Epicuro: “la riqueza acorde a la naturaleza está delimitada y es fácil de conseguir. Pero la de las vanas ambiciones se derrama al infinito.“ Tener una buena cama , una buena comida, un techo, lo demás trae luchas competitivas, por eso es importante poner un límite a nuestro deseos, al igual que poner un límite a la búsqueda del placer. Nuevamente traigo a colación a Epicuro “nada es suficiente para alguien que considera lo bastante como insuficiente». Aparatos y servicios tecnológicos que hace una década no existían nos parecen elementos cada vez más necesarios de la vida actual. He visto personas que en entran en ansiedad, estrés y crisis emocional con la pérdida de un celular; eso se llama acostumbrarse a la novedad con sorprendente rapidez, nos fundimos con la tecnología y las incorporamos a nuestra existencia hasta el punto de que vivimos su ausencia como una verdadera privación.

Tenemos que evitar por completo lo superfluo adoptando un estilo de vida más a ascético. Podemos disfrutar de una buena comida, de un buen carro, una buena casa, pero si no se logran, valoremos las cosas que tenemos en su justa medida. Si somos capaces de ver que no necesitamos mucho, entonces cuando tengamos más de lo estrictamente necesario, estaremos encantados de compartir con quienes nos rodean, lo que reforzará nuestros lazos de amistad.

En una carta Epicuro lo expreso así :”ya que la adquisición de riquezas raramente se logra sin servir a las multitudes”. La riqueza, es el pensar de muchas personas como significado de felicidad, pero para mí lo que más me importa son las relaciones con los demás, ya sean amigos, la familia o la pareja. A menudo son las otras personas las que constituyen el centro de nuestro ideal de una vida feliz. Llamo a cada lector para que nos detengamos a pensar qué es lo que realmente necesitamos de verdad para sentirnos satisfecho. Lo que realmente deseamos es que la humanidad solo busca el placer, la autogratificación excesiva la satisfacción ávida de los apetitos físicos, pero todo eso está muy lejos del idea de una vida placentera. No olvidemos qué hay placeres intelectuales, y que no hay placer más grande que alcanzar la serenidad del espíritu. En una cultura de consumismo desmedido, nos incita a repensar lo que necesitamos realmente para vivir bien.

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