Familia / 20 de mayo de 2023

Ser enfermera: más que un oficio es un don de servicio

La enfermera es una profesional de la salud autorizada par ejercer actividades asociadas a la a la prevención y cuidado de la salud de los enfermos.

Miguel Utria

El trabajo de estas personas es de sacrificio y entrega, que solo es posible cuando se es compatible con el dolor de los demás. Dos profesionales de esa rama de la salud cuentan sus experiencias.

Nacer con sensibilidad y vocación de servicio sin límites son los pilares para una formación integral de personas que deseen ser enfermeros.

Así lo sostiene Rocío Arias, una enfermera profesional que ha dedicado toda su vida a atender a personas que la requieran, sin importar la fecha, hora y condiciones de tiempo. Inclusive, sin importar a veces su familia.

La enfermera Ruth López.
Ruth López, con dos de sus compañeras, en su área de trabajo.

A propósito del mes de mayo cuando se conmemora el oficio de los enfermeros, MiRedVista dialogó  con Rocío Arias y Ruth López, dos profesionales de esta rama  de la salud quienes nos compartieron sus experiencias de vida en el marco de su oficio.

Rocío asegura que lo que siempre quiso ser fue médico, pero la situación económica en su familia no le permitió acceder esa carrera, y por no quedarse sin estudiar algo hizo cursos de auxiliar contable y auxiliar de sistemas. Posteriormente una tía suya, que es enfermera, le ayudó a que estudiara enfermería al verle las condiciones que tenía para el servicio y atención a los demás.

“Es que eso es un don, eso nace con uno, y fue lo que mi tía vio en mí. Y como siempre he dicho si no nacemos para servir no servimos para vivir. Y es lo que a mí me gusta”, sostiene Rocío.

Sus conocimientos de enfermería le han permitido laborar en muchas entidades del sector salud en la ciudad y fuera de ella como en el Hospital de Cajamarca, departamento del Tolima. Posteriormente labora para la firma Caprecom en atención domiciliaria a adultos mayores.

Ruth asegura que para ejercer el oficio de enfermería hay que nacer con la disposición de servir a los demás, y en el camino de la vida ese don de servicio se convierte en pasión hacia esta profesión. “Yo desde niña ya quería ser médico pero ajá las fuerzas no me dieron hasta allá, pero Soy enfermera y me gusta lo que hago”.

Después de trabajar en entidades privadas y estatales, Rocío comprendió un día que su labor era más fructífera haciéndolo directamente con personas en sus casas que desde una institución. Y es cuando decide trabajar por su cuenta prestando servicios en los domicilios. “Yo soy la enfermera de la cuadra”, asegura.

Dice que no entiende como hay personas dedicadas a este oficio que trabajan solo porque les toca, pero no tienen empatía con los pacientes ni siente o entienden el dolor que los aqueja.

Rocío Arias en plena labor atendiendo a un paciente a domicilio.

Tanto Ruth como Rocío se consideran enfermeras 24/7, de las que no importa el día, la hora o las circunstancias en que se encuentren para salir a atender a quienes lo necesite porque consideran que ser enfermera es su vida y no podrían vivir realizando otro oficio.

Rocío es madre de cuatro hijas, de las cuales, dos son médicos, una es enfermera y la otra psicóloga. Esta última ha sido su soporte cuando le ha tocado enfrentar situaciones dramáticas con sus pacientes a los que ha sabido sobrellevar.

Ruth es madre de una niña, aún menor, y considera que a pesar de que le toca pasar fechas y celebraciones especiales en su sitio de trabajo, el amor por el oficio y la familia también le dan fuerzas para sacar adelante tanto su trabajo con a los suyos.

“Es duro cuando en las fechas especiales me toca ir a trabajar y dejar a mi familia sola, por ejemplo las navidades, cumpleaños, paseos familiar, muchos eventos por los cuales nosotros el personal de salud deja de disfrutar con sus seres amados para ir a cumplir con su labor, pero cuando una llega a su lugar de trabajo se va pasando esa pena con la que salí de mi casa y cómo debemos de disfrutar lo que hacemos, lo hago con mucho amor”, afirma Ruth.

A ambas, como a las demás personas que cumplen con esta loable labor, les toca, muchas veces  les toca hacer de psicólogos cuando les toca pacientes con complicaciones.

«Además de enfermeras ejercemos la psicología acompañando a nuestros pacientes», dice Rocío Arias.

 “Yo más que enfermera soy psicóloga porque hay pacientes que por su avanzado estado de deterioro en la salud se vuelven muy sensibles, amargados y desesperanzados, y me toca acompañar a sus familias porque no es fácil lidiar con una persona en esas condiciones”, afirma Rocío.

Rocío actualmente se dedica a atender pacientes de cuidados paliativos, por lo general enfermos con cáncer terminal que, según ella,  requieren más que el tratamiento que les formulan los médicos, sino una atención especializada que requiere de paciencia, amor y entrega.

“Más que todo lo que hago es mejorar su calidad de vida porque son pacientes con enfermedades terminales. Son pacientes que solo cuentan conmigo para afrontar sus problemas de carácter emocional, espiritual y físico”.

Asegura que es muy fuerte porque son pacientes que por estar en el estado terminal de sus enfermedades requieren que esté con ellos a diario, varias veces al día y por espacio de tiempo que originan un vínculo afectivo que termina cuando el paciente fallece.

“Es muy duro saber que un paciente que ha hecho parte de tu vida se vaya. Eso es lo más doloroso. A diferencia de cuando se es enfermera de una clínica porque a ellos los ves solo en la hora del turno, y muchas veces ellos son dados de alta, y no vuelves a saber de ellos”.

Recuerda que cuando se presentó la cuarentena por causa de la pandemia por covid 19, ella era la única persona de su sector que tenía permiso para movilizarse por el barrio para atender a sus pacientes.

“No estaba vacunada, nunca me enfermé, pero fue tenaz ver que muchas personas murieron. Pero eso es el pan de cada día de nosotros como enfermeros. Nosotros sabemos que la vida es muy frágil, que hoy estamos bien, y mañana ya podemos no estar. Solo basta un suspiro y ya no podríamos estar”.

Resalta que muchos de los pacientes que acuden a ella a medirse la presión arterial, son personas que quedaron con secuelas del Covid, que padecen de depresión y ansiedad, y se quedan sentados por espacios de una o dos horas desahogando sus temores y miedos. “Yo les hablo, los tranquilizo y se van contentos y agradecidos”.

El capítulo de sus hijas, todas profesionales en el área de la salud, tiene que ver, como ella misma lo recalca, con ese don y vocación por el servicio. Asegura que nunca influyó en las carreras de sus hijas, pero que pertenece a un entorno familiar en la que hay varios  médicos y enfermeros.

“Esto es como un don familiar porque un tío mío, el mayor de ellos fue el primer enfermero de la familia, trabajó para la Clínica Bautista hace alrededor de 40 años, y siempre hemos estado rodeados de ese entorno de profesionales de la salud”.

Ruth, trabaja actualmente en uno de los caminos de atención a usuarios del servicio de Salud de la ciudad de Barranquilla, su día inicia a las 4:00 de la mañana cuando inicia con la organización de la casa para dejarle alimentos y cosas listas para el día.

Antes de irse a trabajar ya ha atendido a su hija y le deja las cosas para cuando regrese del colegio. Asegura que pocas veces les queda tiempo para almorzar porque la atención a los usuarios muchas veces no da esa oportunidad, y aunque cumple un horario de trabajo, a veces este se extiende más allá de las horas legalmente establecidas. “Pero todo esto hace parte del don de servicio con que uno nace”, asegura.

El día para ella culmina a las 11:30 de la noche cuando se va a descansar para iniciar nuevamente pocas horas después de dormir.

Sin lugar a dudas el oficio de enfermero es de entrega y sacrificio,  pero sobre todo de disposición de alma, cuerpo y corazón.

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