María Patricia Dávila
Columnista / 20 de junio de 2020

Sobrevivir juntos

Entrando en una de las semanas más retadoras de la pandemia en el Atlántico, la pregunta que nos debemos hacer no es “¿qué están haciendo las autoridades?”, sino “¿qué podemos hacer entre todos –ciudadanos, empresarios y autoridades– para contener el aumento drástico de los casos de Covid-19 en nuestro departamento?” Y la respuesta es la misma que se ha puesto en práctica en otras ciudades y países: autocuidado y solidaridad.

Hoy vislumbramos dos orillas de pensamiento que recrudecen la difícil situación del Atlántico. Por un lado, hay quienes piensan que no está pasando nada, “que a mi no me da”, “que mala hierba no muere,” e incluso se escuchan mensajes como “ojalá me de rápido, para salir de eso”.  Lo traicionero de este virus es que se mueve silencioso de una persona a otra, sin que el 80% de sus víctimas se de cuenta de su presencia.

Al otro lado de la orilla, están quienes se dejan manipular por el miedo y reaccionan irracionalmente contra otros; como ha ocurrido con el cuerpo médico y personal de salud que luchan contra el virus con su propia vida y a pesar de ello, se ven sometidos a ataques y discriminación. Este miedo es una trampa mental que moviliza la ira y el ansia de polemizar, despertando en la sociedad sensaciones de desesperanza y desconfianza en las instituciones.


En ambos casos, hay un factor común: la indiferencia. Es la indiferencia la que hace relajarnos o enloquecernos. Es la indiferencia la que nos enceguece y no nos deja ver el enemigo común ni el camino que debemos seguir juntos. Es la indiferencia la que genera la indolencia que es la causante del “mientras yo esté bien, lo demás no importa.” 

Barranquilla ha sido una ciudad solidaria por naturaleza, y este es el momento cuando más debemos demostrarlo. Es ante la adversidad que enfrentamos cuando tenemos la grandiosa oportunidad de estrechar nuestros lazos como sociedad en formas más profundas e insondables, utilizando la solidaridad y la empatía como las principales herramientas.

Es tarea de todos generar conciencia en nuestros círculos familiares y de colaboradores, para que dimensionemos la lucha que estamos librando. Sabemos que debemos regresar a la vida productiva, pero en las siguientes cinco semanas es cuando más debemos cuidarnos los unos a los otros.  Hacer el llamado del autocuidado a quienes nos rodean, –usar el tapaboca, aplazar la vida social, mantener el distanciamiento y lavarse las manos–,  no es tarea de un día. Este debe ser el mensaje reiterado y preciso para inmunizar a la sociedad de la indiferencia, y de paso, del virus.  

La comunicación transparente y clara es necesaria en momentos de crisis. Lo ideal es que Barranquilla y el Atlántico cuenten con una estrategia unificada de comunicaciones, centralizada y replicada por todos los estamentos. Las instrucciones deben ser precisas para generar los cambios que necesitamos como sociedad.  Se hace necesaria una campaña que interprete los motivadores e inhibidores de la gente en torno al autocuidado y la vida en confinamiento, para que el mensaje llegue a la conciencia y de ahí logre accionar el buen comportamiento.

La empatía es la clave. Sin alejarnos de la esencia de nuestra cultura, es tiempo de hablar el mismo idioma, tener el mismo discurso, reforzar los comportamientos adecuados, celebrar las pequeñas victorias, pero también ser contundentes con el rechazo de aquellas actuaciones que amenazan con la vida de nuestros coterráneos.


Juntos tenemos que romper esa macabra tendencia que nos ubica hoy como el territorio que más muertes le suma cada día a las cifras de fallecidos por Covid en Colombia. Debemos rodear a nuestros gobernantes, ser responsables con los protocolos, hacer los sacrificios necesarios y tener fe en Dios.

Somos una ciudad que vive la cercanía física y emocional como parte de nuestra cultura. El reto es grande. Y comienza con la transformación de hábitos y la apropiación de conductas que nos ayuden a convivir con el virus. Las pequeñas acciones de muchos provocarán las grandes transformaciones que nos llevarán a sobrevivir juntos. 

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