Vanessa Restrepo Hoyos
Columnista / 31 de julio de 2021

Una Arenosa desde el aire

Mientras viajaba sobre las calles y tejados de Guayaquil, aerosuspendida a unos 20 metros de altura por el monocable de su teleférico, imaginé ver a una “Arenosa” desde el aire; a un paso más cerca de abrazar sus sigilosos amaneceres y sus asombrosas puestas de sol, pero volando lo suficientemente bajo, como para alcanzar a sentir su imparable ambiente festivo, su latido y calor humano.

Porque al igual que Barranquilla, Guayaquil es una ciudad suramericana y además portuaria, de clima caliente, ubicada en la costa, poblada de pequeños parques y con un dinámico malecón en la ribera de un río.

La “Aerovía”, nombre con el que fue bautizado el pasado 21 de diciembre, es un sistema de transporte público masivo, construido con el objetivo de descongestionar el tráfico vehicular que conecta el centro de esta urbe de unos 2.5 millones de habitantes, con la vecina ciudad de Durán. 

Puede llevar hasta 40,000 pasajeros por día en sus 154 cabinas suspendidas por un monocable de acero trenzado que va a unos 18 kilómetros por hora, ofreciendo una excelente opción para la movilidad de sus usuarios en tan solo  20 minutos, en caso de realizar el recorrido completo de 4.1 kilómetros.

De bajo impacto ambiental, el teleférico también atraviesa el río Guayas a 13 y 14 metros de altura (en marea alta) y por poco más de 5 minutos, pensé estar flotando sobre nuestro Magdalena, con sus grandes embarcaciones  y barcazas de pescadores, navegando lentamente sus aguas.

Sus cabinas, ensambladas en Francia, son amplias, con capacidad para que 10 pasajeros queden cómodamente sentados en sus asientos abatibles y, al estar acristaladas entre los perfiles de piso a techo, permiten una vista panorámica perfecta, tanto de la ciudad como del malecón y del río.

Además, cuentan con ventanas de celosía en su parte superior y ventoleras, que permiten la entrada de aire fresco, así como con un  altavoz, cámaras y sensores de seguridad.

Para abordarlas, se hace con la cabina en movimiento a una velocidad reducida, las cuales arriban cada 15 segundos a nivel de piso, en sus cinco estaciones.

Sin embargo, en el caso de que un discapacitado o usuario con movilidad reducida necesite transportarse, el sistema podrá ser detenido totalmente hasta ser asistido por el operador de piso para subir y/o a  bajar.

En definitiva, la “Aerovía” es una experiencia que mata dos pájaros de un tiro al aligerar la carga y contaminación vehicular de Guayaquil y al brindar una actividad recreativa tanto a locales como a extranjeros que deseen pasear o conocer la ciudad desde una óptica diferente.

Terminando esta columna, me alegró encontrar que dentro de la propuesta ecológica, turística y lúdica que trabaja laSociedad Colombiana de Arquitectos (SCA) regional Atlántico, se encuentra el planteamiento de construir un teleférico que atraviese el Magdalena, partiendo desde la Vía 40 en cercanías al edificio de la antigua Intendencia Fluvial. 

Sería un hermoso y ameno paseo que nos ayudaría a valorar más los paisajes naturales que nos ofrece esta zona del río. Y como soñar no cuesta nada, ¿qué ruta propondrían? Aquí les comparto la mía:

La ruta del cable aéreo comenzaría desde el barrio Las Flores, a la altura de la glorieta con el busto de Adelita de Char y viajaría sobra toda la Vía 40 hasta la Carrera 46,  donde haría su último alto, conectando con la Troncal de Transmetro Olaya Herrera, prestando así, un servicio de transporte alternativo a sus usuarios, principalmente a aquellos que laboran en  toda la zona industrial establecida a lo largo de este trayecto.

Adicionalmente, tendría un atractivo turístico ya que desde  lo alto podríamos apreciar el vibrante monumento, “Ventana al Mundo”, la obra y diversas atracciones del Gran Malecón, el Centro de Eventos Puerta de Oro, el movimiento diario del río Magdalena, la espectacular “Aleta de Tiburón” (solo imagínense lo mágico que sería viajar una noche a la luz de los colores del Junior que reflejan sus vidrios), el Complejo Cultural de la Antigua Aduana, el edificio de estilo republicano de la antigua Intendencia Fluvial y el Museo del Caribe Gabriel García Márquez, con su parque cultural, entre otros lugares emblemáticos.

¿Cuántas paradas? No sé. ¿En qué puntos? Tampoco, pero ¿qué opinan?

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