Sonia Gedeón
Columnista / 24 de abril de 2021

Una mirada a Egipto

Majestuoso, solemne, apoteósico, al mejor estilo de las pompas faraónicas, los egipcios trasladaron 22 momias de faraones del antiguo Egipto, entre ellas la del célebre Ramsés II y de la reina Hatshepsut, del Museo del Cairo en la plaza Tahrir al nuevo Museo Nacional de la Civilización Egipcia, NMEC, que abrió oficialmente sus puertas al público esta semana, en Fustat.

Sin duda, los egipcios, con ese inigualable desfile de los faraones a su nueva morada con todo el rigor científico que ello implicó para preservar, se ganaron la atención mundial. El país que vive en gran parte de su patrimonio histórico y que en solo el 2020 perdió más de 10 millones de visitantes a causa de la pandemia, busca atraer nuevas corrientes de turistas amantes de la historia y la cultura.

Para mi, Egipto no es de esos países que se visita una vez y se chulea. Es un país que despierta una energía especial y al que hay que ir dispuesto a una inmersión total en la cuna de una las civilizaciones más antiguas del mundo, que se percibe en nuestros días como una amalgama de esplendor por su pasado glorioso y su decante presente.

En una columna es imposible sintetizar lo que ofrece este país bañado por el río Nilo y enclavado en el desierto del Sahara, que no deja de maravillarme. Para empezar, el Cairo, su capital, es una ciudad inhóspita, despide en vez de acoger. Es bulliciosa y polvorienta, y uno se siente indefenso entre 16 millones de habitantes hasta para cruzar una calle.

Todo eso se supera ante la monumentalidad de los templos y del legado de siglos de historia, desde Moisés salvado de las aguas pasando por Tutankamon, el más joven de los faraones, Cleopatra, la última reina y Ramsés III, conocido como el último gran faraón del antiguo Egipto.

Para explorar el Cairo, sugiero dividirlo por zonas: El Cairo Medieval, la ciudad vieja o Cairo cristiano, Giza y ahora por conocer la localidad del Fustat que alberga el nuevo museo NMEC y el cual ,en esta primera fase en 135.00 metros cuadrados, ofrece una visión general de todos los períodos históricos, debidamente ambientados para que como visitantes nos transportemos al Valle de los Reyes en Luxor.

Andar las estrechas calles del Cairo medieval o islámico, nos lleva a encontrar joyas como la casa que inspiro la historia de Las mil y una noches, la mezquita de Muhammad Alí, construida en el siglo XIX, más conocida como la mezquita de Alabastro por su barroca extravagancia. También encontramos allí, la ciudadela de Saladino, la mezquita del Sultán Hassan y la de El-Rafai, donde se encuentra el panteón de la familia real egipcia, hasta el rey Faruk.

Imposible abandonar el Cairo medieval sin dar una vuelta por el gran bazar Khan el Khalili, una experiencia de compras y regateo como pocas en medio de tiendas abarrotadas de baratijas de todo tipo, joyerías, artículos de decoración en cobre, figuras de alabastro, tapices, tallas de madera y las cotizadas `gallibiyas´o túnicas blancas de algodón de fibra larga que usan los egipcios para mitigar el calor. Y ojo, si quiere saber como se le rinde culto al profeta Mahoma, vaya minutos antes de la una de la tarde, el viernes día de guardar y espere el llamado a orar. En segundos el bazar se paraliza y todos al piso y en popa en dirección a la meca, se concentran en la oración.

Al Cairo cristiano, aunque se le llame la ciudad vieja, no es la más antigua de la ciudad. Era territorio de la Roma bizantina en Babilonia. De ahí que su monumento más valioso sean las ruinas del fuerte de Babilonia sobre el que esta construido el museo Cóptico. Los cópticos fueron famosos en el oriente por sus tapices y textiles, y entre otras exhibiciones cuenta con valiosas colecciones de íconos y esculturas naive de antiguos copts. Aquí se destaca el monasterio y la iglesia de rito ortodoxo griego de San Jorge, que datan del siglo X y cuya estructura fue reconstruida tras un incendio en 1904.

Giza es el sitio que todos como turistas vamos buscando de primera mano, por aquello de las pirámides y la esfinge que tanto hemos visto en postales, en cine y demás. Si bien en este complejo son en total nueve las pirámides, son tres las que atraen la atención mundial: Keops, Keiren y Mikerinos. Cuenta Heródoto el historiador griego, que en la sola construcción de Keops trabajaron 100.000 hombres durante 20 años y emplearon más de dos millones de bloques piedra de 21 toneladas cada una.

Kefrén, hijo de Keops; y Mikerinos, hijo de Kefrén quedaron inmortalizados en las otras dos pirámides. Entrar a las pirámides no vale la pena. No hay nada adentro, distinto a un estrecho e incómodo camino de acceso. Más bien se invierte ese tiempo en visitar el barco solar del faraón, elaborado en madera de cedro del Líbano hace más de 46 siglos. Este utilizó para el trasladar el cuerpo momificado de Keops, en solemne procesión por el río Nilo, desde el Valle de los Reyes, hasta la entrada de la pirámide, el día de su funeral.

La visita al Cairo no estaría completa sin admirar el espectáculo de luz y sonido del complejo de piramidal de Giza, donde se destaca altiva La Esfinge, símbolo de fuerza, poder, inteligencia y sabiduría, representada en la figura de un león en reposo con cabeza humana. La esfinge como la conocemos hoy, fue excavada desde su base en 1926.

Siempre habrá un buen pretexto para volver o para visitar Egipto por primera vez. En esta oportunidad la apertura del NMEC y el Gran Museo Egipcio cuya inauguración está prevista para los próximos meses, son más que razones suficientes.

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