En la Nota / 20 de febrero de 2021

Apuntes de una entrevista a Johnny Pacheco

El dominicano Johnny Pacheco, fallecido el 15 de febrero, a los 85 años, dejó un gran legado musical.

Zoraida Noriega

Antes del género de la  salsa, tocó y compuso merengues. Después de las 2 de la madrugada componía. Se consideró buen cocinero. En R. Dominicana un bulevar lleva su nombre.

Johnny Pacheco nació en Santiago de los Caballeros, la segunda ciudad más importante de República Dominicana, cuna del compositor Víctor Víctor, impulsor de la bachata; Primitivo Santos, autor de Juanita Morel y La Mulatona, y de un cúmulo de artistas que contribuyeron al auge del merengue en el exterior.

Con su habitual puro, Pacheco en nuestra entrevista realizada en Barranquilla.

“Mi papá, Rafael Azarías Pacheco, que tocaba clarinete, saxo y violín, fue el director de la mejor agrupación de Santiago de los Caballeros, se llamaba la Orquesta Santa Cecilia. En los conciertos yo lo ayudaba a repartir las partituras en los conciertos”, me dijo en una entrevista para El Heraldo durante una de sus visitas a Barranquilla.

Recordó que a la edad de los 7 años, con una armónica que le regalaron comenzó a tocar el merengue Compadre Pedro Juan y al escucharlo su papá le dijo: este va a ser músico. Y así se fue metiendo en al mundo de la música comenzando a tocar violín, saxo, percusión y flauta, su instrumento favorito.

Por allá en 1953 escribió el primer merengue que grabó Wilfrido Vargas. Se llamó Amarra el perro, y después vinieron otros cuyos nombres en el momento de la entrevista no recordó.

Pero Pacheco, pese llevar esa música en las venas, se enfiló en el género de la salsa porque “la idea era recuperar muchas piezas cubanas, a las que les pusimos una nueva rítmica y un nuevo color”.  Por eso se fue a vivir a Nueva York para montar, lo que sería su primera orquesta tocando charanga. Con el álbum Pacheco y su charanga, logró vender 100.000 unidades en menos de un año, que para esa década, los 60, era todo un hit.  De ahí en adelante, lo demás es historia. Se convirtió en una leyenda porque fue uno de los fundadores de la Fania All Star  en la que participaron emblemáticas figuras como Celia Cruz, Tito Puente y  Pete El Conde, entre otros.

Los dominicanos siempre lo consideraron un hijo suyo y siempre vivieron orgullosos de los éxitos de este flautista, percusionista, corista, arreglista, compositor y productor. Tanto, que en Santo Domingo fue inaugurado un bulevar que lleva su nombre, de acuerdo a una ley aprobada por el Congreso Nacional de la isla. Los fondos para la ejecución de esa ley provinieron de los recursos económicos asignados al Ayuntamiento de Santo Domingo.

A ese acto, organizado por la alcaldía, Cuqui, la esposa de Johnny Pacheco hizo presencia porque el artista no pudo asistir por recomendaciones médicas; ya venía con problemas pulmonares debido a su hábito al tabaco, en especial a los habanos.

Por cierto,  le pregunté cuántos puros se fumaba al día, porque no hizo sino lanzar humo durante nuestra entrevista. “Uno o dos diarios, depende del estado de ánimo. Lo apago y luego lo prendo”, me contestó entre risas. Precisamente el que tenía Pacheco en esos momentos en sus manos, marca Cohíba,  se los había regalado un melómano y admirador la vez que estuvo en Barranquilla con la orquesta ‘La Combinación Perfecta’ en cuyo elenco estaban destacados exponentes del género como Tito Puente, Ismael Quintana, Adalberto Santiago, entre otras figuras.

Ya para ese entonces, en la década de los 70, estaba canoso y no hacía mucho lo habían operado unos nódulos en la garganta.

Nos contó que cuando conformó Las Estrellas de la Fania, refiriéndose a la salsa, se dio cuenta que “había mucho condimento bueno. Porque en la orquesta teníamos puertorriqueños, cubanos, dominicanos, judíos, irlandeses, entre otros, muy profesionales. Todos unos maestros. Sin duda, fue una época dorada”. 

Y para él  trabajar con Celia Cruz  fue uno de los pasos más grandes de su vida. “Soñaba tener la dicha de grabar con ella y gracias a Dios se logró”

Pacheco confesó que escribía música después de las 2 de la mañana, que era la hora de precisa para inspirarse. Tanto, que muchas veces estando acostado, pegaba un brinco de la cama apenas le llegaba una idea y salía corriendo a escribirla.

Además de la música, le encantaba cocinar. Confesó que cada vez que se metía a la cocina lo hacía con una botella de vino al lado y otra de ginebra. “La primera, para utilizarlo en la preparación de platos, pero la segunda era para el cocinero”, apuntó con una carcajada.

Como su esposa es cubana le gustaba hacer picadillo y ropa vieja (carne desmechada muy típica de la isla). Pero su especialidad es el plato que bautizó “Rancho luna a lo Pacheco”, basado en otra delicia tradicional de la gastronomía habanera.

Así recordamos algunos de los apuntes de nuestra entrevista con el legendario Johnny Pacheco, que a los 85 años falleció (15 de febrero) por una aguda pulmonía complicada por su avanzada enfermedad del Mal de Parkinson que venía padeciendo. Será sepultado este martes 23 de febrero en un cementerio del Bronx, condado de N.Y, donde por muchos años vivió.

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