Personaje / 19 de diciembre de 2020

A sus 80 años, Alfonso Lizarazo sigue siendo un hombre feliz

Alfonso Lizarazo en uno de sus viajes a Bogotá. (Javier Cruz/www.quepasocon.com)

Miredvista.co

Quien fuera el fundador y director durante 25 años del que es considerado el programa de humor más antiguo del mundo, “Sábado felices”, vive desde hace 25 años en Barranquilla.

Desde su casa en Tolú, donde está desde hace un par de semanas, Alfonso Lizarazo ve pasar plácidamente estos días de fin de año, a medida que se acerca la fecha de su cumpleaños número 80, el próximo 29 de diciembre.

No tiene nada de eso, porque los años le han pasado factura a su salud, pero conserva aún la sonrisa amplia, los ojos vivaces y el corazón noble y alegre que lo caracterizó toda la vida, dentro y fuera de la televisión. El mismo corazón que nos invitó a llevar cada sábado una escuelita en el nuestro, y el mismo que le han operado dos veces y por el que se vino a vivir a Barranquilla con su esposa, la abogada barranquillera Luz Marina Field, con quien está casado hace 26 años.

La conversación por teléfono desde Tolú es breve, y su voz a rato se torna inaudible, pero se le alcanza a escuchar que está bien de salud y que en todos estos meses de pandemia se ha cuidado “muchísimo”. Recuerda que manejó Radio 15 en todo el país, antes de entrar a esa caja mágica, la televisión, en la que hizo humor decente, fino y pensado en las distintas regiones de Colombia.

Alfonso Lizarazo es toda una institución en la televisión colombiana.

“La televisión es muy chévere, muy sabrosa; me gustaba más que la radio”, asegura sonriente. Y apunta que a veces lo llaman para hacer “cositas” y que le consultan o crea proyectos, como el Festival Internacional del Humor Caribe, por ejemplo, que organizó en Barranquilla.

Quienes lo conocen cuentan que a Alfonso Lizarazo le gusta salir a caminar por las calles, hablar con las personas y cuando alguien que lo reconoce le pide una foto, él complace sonriente y amable. Como es él. Antes de la pandemia viajaba con cierta regularidad a Bogotá, para visitar a sus hijos Lena y Valentino, de su primer matrimonio, pero por la pandemia lo más lejos que ha llegado son las playas de Tolú.

Confiesa que pocas veces ve “Sábados felices”, pero que le complace saber a los nuevos talentos del humor. Al mismo tiempo, no para de exaltar a los humoristas que trabajaron con él y que le ayudaron a hacer un espacio en donde hubo cabida para el humor regional: así, Hugo Patiño, un vendedor ambulante, se convirtió en el paisa; Enrique Colavizza era el representante del humor caleño, y Alvaro Lemmon, el hombre de Plato Magdalena, era el costeño.

Con esos pilares, Sábados Felices se convirtió en el programa de humor más antiguo del mundo, y Lizarazo llegó a convertirse en una institución que logró, con su tesón y disciplina, hacer de cada humorista un actor.

Además, con el apoyo del elenco emprendió una admirable campaña social por todo el país, “Lleva una escuelita en tu corazón”, que construyó numerosas escuelas en los más apartados lugares de Colombia. Desafortunadamente, Caracol Televisión le puso punto final después de su partida del programa, en 1998, cuando se metió en el embeleco de ser congresista, como en efecto lo fue por cuatro años.

“Hoy la televisión no se enfoca en temas sociales ni en ayudar a la comunidad simplemente porque eso no produce dinero”, dijo en alguna ocasión, tras recordar que un directivo del canal le dijo que la sección había terminado porque “eso costaba mucho tiempo y trabajo y no daba nada de plata”.

No oculta su tristeza por este hecho, pero en compensación las manifestaciones de cariño y agradecimiento que recibe son muchas para el hombre que rompió esquemas e impuso una nueva forma de hacer humor en televisión.

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