Nuestra Gente / 28 de enero de 2023

“La falta de empleo me impulsó a emprender en la cocina popular”

Miguel Utria

Rafael Turizo cuenta cómo logró sacar adelante su familia con la venta de almuerzos caseros.

Corría el año 2017 cuando Rafael Servando se quedó sin empleo, dos hijos pequeños que educar, una casa que atender y una madre anciana por quien velar. El desespero casi lo lleva a la locura, según sus palabras, pero se dio cuenta que la solución a sus dificultades siempre habían estado en sus manos.

Rafael Turizo en su cocina.

Rafael se había destacado entre sus familiares y amigos por su facilidad para preparar diferentes platos, pues era el encargado de preparar las comidas para ocasiones especiales como el día de las madres, Navidad y los cumpleaños de sus sobrinos, hermanos, madre y amigos.

Sin embargo, nunca se le había pasado por su mente hacer de esta habilidad su modo de trabajo y el sustento de su familia. Hasta que un día “se montó en el viaje”, como el mismo lo dice, y desde entonces no ha parado de viajar por el mundo de la cocina popular, que es la etiqueta que maneja.

El emprendimiento de Rafa, como le dicen sus clientes y empleados, inició con la apertura de un comedor, en un local que rentó en inmediaciones el boulevard del barrio Simón Bolívar, suroriente de la ciudad. Dice que al comienzo hubo tropezones, días buenos y días muy malos.

«Un día solo vendí dos almuerzos y me tocó regalar la comida. Entonces pensé en tirar la toalla. Pero mis amigos más cercanos y algunos familiares me animaron a seguir adelante», recordó.

Y aunque siguió adelante con su proyecto, un día entendió, tras cuatro meses de altibajos, perdidas sin ganancias y agobiado por el estrés, que debía entregar el local y abrirse a una idea que ya le venía rondando en su cabeza.

«Lo que vendíamos apenas sí alcanzaba para pagar el arriendo del local, los servicios y empleados, y prácticamente no me dejaba ganancias».

Es entonces cuando Rafael decide entregar el local, cerrar el negocio e irse con sus muebles y enseres a su apartamento, y desde allí comenzar su nueva idea de solo domicilios. 

Xiomara D’lamarck, cocinera, en plena faena.

Entonces se dio a la tarea de salir a proponer los almuerzos en locales comerciales, talleres, oficinas y demás, ubicados en el distrito central de la ciudad. Los primeros a quienes fueron a sus amigos que laboraban en el centro, y aunque algunos estaban retirados de su lugar de trabajo, aceptaba los pedios con tal de salir adelante.

“A veces no rendía mucho porque una sola de sus clientes estaba ubicada en sector de San Roque, bastante retirado de allí, y el domiciliario se demoraba casi una hora yendo y viniendo, a pie, y me tocaba a mí solo, mientras él regresaba porque no tenía los empleados que tengo ahora. Yo cocinaba, recibía pedidos, servía los almuerzos y llevaba los pedidos y regresaba a seguir despachando. Pero hoy veo todo eso como una gran enseñanza”, apunta Rafael-

La cocina de Rafael es la de su casa, ubicada en el centro de la ciudad, sector dónde están sus potenciales clientes, quienes a diario le llaman para hacer sus pedidos o para recomendar a otros posibles comensales.

Sí bien el servicio que ofrece Turizzo es solo domicilios no faltan las personas que se presentan a comer a su casa porque quieren salir del encierro de sus puestos de trabajo o porque se sienten bien atendidos yendo allá.

«Yo he pensado acondicionar un pequeño comedor en el patio para no desaprovechar esta oportunidad, pero eso es un plan a mediano plazo. Por ahora sigo con solo domicilios».

La faena de Rafael y sus empleados Xiomara D’lamarck, cocinera,  Ana Torres, auxiliar, Julio Turizzo y  Harvey Semprum, domiciliarios, inicia a las 6 de la mañana cuando ya Rafael, ha llegado de comprar los víveres en el mercado. A esa hora inicia la preparación de los almuerzos, de acuerdo al menú del día ofrecido a sus comensales.

Ana Torres empaca algunos de los pedidos.

Mientras Xiomara limpia y adoba las carnes, los otros auxiliares organizan, pican verduras y disponen de los enseres a utilizar.

 Rafael inicia el listado de los pedidos de sus clientes que desde primera hora empiezan a llamarle.

«Hay clientes que me llamen desde las seis o siete de la mañana. Pero, en ocasiones, los pedidos son paralelos a los despachos que empezamos a hacer desde las 11:30 de la mañana. Todo el tiempo estamos recibiendo pedidos y a veces nos toca cocinar cantidades extra para complacer a todos», asegura Rafael.

El trabajo termina a las 2:00 de la tarde cuando Harvey, Julio y Ana ya han dejado todo limpio y en orden. Y a esa hora inicia la programación de lo que será el día siguiente es decir escoger el menú, organizar lo que será la compra, preparación y entrega del menú del siguiente día.

Rafael y Xiomara cuentan que a  veces ellos mismos se sorprenden de lo hacen cada día, como la vez que un empresario de logística les había cancelado un pedido hecho previamente,  y se dedicaron a trabajar para lo cotidiano. Pero a las ocho de la mañana los llamaron para decir que sí iban a querer los almuerzos.

Asegura Rafael que, por fortuna no eran más de 25 almuerzos y los sacaron en tiempo récord, sin dejar de cumplir a los clientes que a diario eligen almorzar con ellos, que ya pasan de 60, aunque el número varía cada día.

El nombre de Rafael y sus almuerzos ya es reconocido que también le hacen pedidos especiales para una empresa de logística cuando tienen eventos, comidas para fiestas, reuniones empresariales, entre otras.

Agradecido con Dios por los favores recibidos, desde hace tres años, Rafael prepara comida para 50 personas y sale a repartirla a habitantes de la calle. El primer año lo hizo en Navidad, el segundo lo hizo para el día de su cumpleaños, en el mes de junio y en otra vez en diciembre y este año que pasó lo hizo en diciembre, pero con el propósito de hacerlo este año, al menos dos veces.

“Esta obra a la que yo le llamo ofrenda me ha dejado grandes satisfacciones porque en la misma me acompañan mis amigos más cercanos. Y la última vez llevé a mi hija, de 15 años, quien se sintió tocada en su corazón, lloró de la emoción y me dijo que lo hiciéramos más seguido. Eso me conmovió mucho, quisiera hacerlo más seguido, pero no es fácil porque me toca sacrificar el tiempo de mis empleados quienes deben quedarse hasta en la noche cuando salimos a hacer las entregas, que por lo general es en sábado porque el domingo descansamos todos”.

Ahora lo que le preocupa es que con las alzas en los precios de los insumos, debe aumentar el precio de cada almuerzo, que en su negocio, es de los más económicos en el mercado. Sin embargo, asegura que no maltratará a sus clientes desmejorando la calidad o cantidad de la comida, y mucho menos con precios exagerados.

«Para nosotros cada día es un nuevo comenzar, un nuevo reto, una nueva meta en este emprendimiento que, gracias a Dios, me ha cambiado la vida, y me ha permitido proveer empleos a otras personas y darle a mis hijos y a mi madre una vida digna, como siempre la soñamos».

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