Personaje / 27 de agosto de 2022

La historia de amor y de trabajo detrás de la sonrisa de Isabella Caroprese

La ingeniera Isabella Caroprese con su esposo, el odontólogo Daniel Zabaleta y sus hijas Daniella e Isabella, de 10 meses de nacida.

Patricia Escobar

Con su esposo, el odontólogo Daniel Zabaleta, dirige una clínica odontológica que se inició en Valledupar y ahora está en Barranquilla, la misma que Diomedes Diaz hizo famosa al enviarle un saludo en su último trabajo discográfico.

Isabella Caroprese.

Cuando ingresa a un lugar, acapara las miradas y no solo por su belleza física, sino porque irradia seguridad. Cuando habla, enamora, porque en su tono de voz hay una mezcla de ternura y picardía, y cuando ríe “se come” al mundo haciendo quedar muy en alto la calidad de los trabajos que realizan en la clínica que tiene junto con su esposo.

Con todo ello, es una mujer de carácter fuerte, muy segura de sí misma, una trabajadora incansable, una luchadora que consigue lo que se propone, la gran escudera en un equipo donde puede asumir distintos roles sin arrugársele a nada, buena madre, gran amiga, excelente relacionista pública.

Ni por su físico, ni por su hablado, uno sospecha que Isabella Caroprese es una mujer nacida en Bogotá, de padres araucanos, con abuelos y bisabuelos italianos, que de niña vivió en Valledupar, adonde se trasladaron sus padres buscando aires frescos para sus nueve hijos, entre los cuales ella es la séptima.

Tampoco es el prototipo de una ingeniera de sistemas, profesión que estudió en la Universidad San Martín, donde también estudió su hoy esposo, socio y cómplice, el odontólogo Daniel Zabaleta. Habla 4 idiomas: español, inglés, italiano, portugués.

Es una mujer que no se deja amilanar por nada. Reconoce que como todo ser humano ha tenido tropiezos y dificultades pero que como vive cada día con intensidad, con tanto trabajo, metas y compromisos\ no se ponen a llorar sobre la leche derramada.

Ha vivido en Inglaterra e Italia y ha recorrido medio mundo. Conoció a su esposo en Valledupar, donde ha vivido por temporadas, hace 13 años, cuando estaban terminando unas vacaciones y se preparaba para regresarse a Inglaterra. “Fue amor a primera vista”, dice y remata, “de ambos. Tanto, que al día siguiente de haberlo conocido le pregunto de una cuántos hijos quería tener”.

SU HISTORIA DE AMOR

Su madre se había casado en segundas nupcias con Elber Diaz, hermano de Diomedes Diaz y frecuentaba obviamente a esa familia. Martín Elías quien le presentó a Daniel, que además de pariente, fue el famoso odontólogo de Diomedes, quien años más tarde, por un saludo de esos que el solía grabar con el alma, bautizó la clínica con el nombre de Sonrisa Italiana.

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Daniel Zabaleta e Isabella Caroprese tienen dos hermosas hijas: Daniela, de 7 años, e Isabella, de 10 meses de nacida. Confiesa que si tiene alguna frustración para señalar, esa está relacionada con sus hijas. “Devolviendo la película, hubiese sido mejor no haber dejado pasar tanto tiempo entre el nacimiento de una y otra por estar estudiando o dedicada al trabajo. Me hubiera gustado que se llevaran menos edad y que hubieran podido crecer juntas, sin esas diferencias. Hubiera sido espectacular para mi verlas crecer junticas”

Su día comienza siempre con un café. Revisa el whatsapp y el Instagran, escucha noticias un rato, se arregla en 5 minutos y se va para la clínica y se pone al frente de mil proyectos. Es la encargada de que todos los pacientes, especialmente los que vienen de afuera, se sientan como reyes. Maneja una logística de detalles. “Nos encargamos de todo. Los recibimos en el aeropuerto, los llevamos a un hotel o a la clínica, estamos pendientes del mínimo detalle de nuestros clientes. Esto ha hecho la diferencia”, dice.

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Pero no es solo la clínica. También está al frente del Instituto Daniel Zabaleta, el laboratorio y la clínica. Como si fuera poco, como la clínica Sonrisa Italiana fue escogida por la Cámara del Comercio para el programa Caribe Exponencial, le toca afrontar todo lo que ello requiere, estudiar y participar en múltiples reuniones y encuentros. Y manejar todo lo relacionado con los franquiciados.

Su oficina es pequeña y sencilla, pero desde ella no solo mueve todos los hilos para que las cosas caminen como un relojito, sino que lo ve y controla todo.

Sonrisa Italiana, la Clínica, es un sueño que refleja su personalidad y la de su esposo. La idea nace prácticamente en la luna de miel, cuando sentados en la cama pensaron en cuál sería, a partir de allí, su proyecto de vida. Años después, cuando regresaron de Italia en 2012 abrieron una clínica dental en Valledupar que rompió con todos los prototipos. Era una clínica – galería de arte, con artistas de talla mundial, a la que tuvieron que renunciar puesto que el trabajo de embalaje de cuadros y esculturas y la responsabilidad de mover una obra de arte requerían de tiempo y especialistas y ellos querían seguir enfocados en la belleza y salud de las personas.

¿POR QUÉ EL NOMBRE?

Poco a poco, el arte quedó para su gusto personal y se enfocaron en la odontología. Años más tarde, el actor vallenato Aco Pérez fue donde Daniel y le pidió que le explicara cómo podía hacer para mejorar su sonrisa. Daniel le indicó que él trabajaba la técnica italiana del maestro Balinni, que hace que los dientes se vean más naturales. El actor escribió en sus redes que estaba feliz con su sonrisa italiana, y en las redes comenzaron a preguntar por ella.

Pero fue Diomedes con su último trabajo discográfico en la canción No llores mama, el que definitivamente le colocó el nombre cuando le envió un saludo a su odontólogo Daniel Zabaleta, “el que te pone la sonrisa italiana”. A partir de ahí Daniel dejó de ser Daniel, y se convirtió en “el de la sonrisa italiana”

Isabella siempre está muy bien puesta, muy bien arreglada, pero asegura que ella no le dedica mucho tiempo a eso. Dice que tomó unos cursos de maquillaje y que puede hacerlo en 5 minutos. Sin embargo, asegura que cuida su piel con extremo cuidado. Todas las noches se retira el maquillaje. “Me cuido y me ayudo con jabones, cremas, sueros y todos los rituales que existen”. No es de ejercicio y dietas, pero procura cuidarse, controlando excesos.

Ella es el prototipo de la mujer del siglo XXI que no renuncia a su feminidad, que trabaja hombro a hombro por su proyecto de vida junto a su compañero, que estudia y se prepara para el futuro, que no se deja derrumbar, que es madre, esposa, hija, hermana y amiga, que disfruta de los placeres de la vida y no se detiene ante las adversidades.

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