En Pantalla / 5 de junio de 2021

“Mi papel de gay lo hago con respeto, es un mensaje de honra”: Raúl Ocampo

Los actores Raúl Ocampo (Carlos) y Juan David Agudelo (Bernardo) en una de las controvertidas escenas de la telenovela ‘Café con aroma de mujer’.

Zoraida Noriega

El samario, que interpreta a ‘Carlos’ en ‘Café con aroma de mujer’, pasa por su mejor momento actoral porque simultáneamente está grabando una película del género ‘thriller’

En Colombia son muy contados los actores que se han dado el lujo de trabajar en teatro, televisión y cine, sobre todo con tan poca trayectoria. Uno de ellos es Raúl Ocampo, artista samario, que en solo 11 años de fructífera carrera que, aunque no fue fácil en sus comienzos, hoy comparte set con artistas de alto nivel en la versión modernizada de la exitosa historia Café con aroma de mujer escrita por Fernando Gaitán..

En el remake encarna a un homosexual llamado Carlos, personaje del que dice sí existió en la novela original (que encarnó Guillermo Vives, hermano del cantautor Carlos Vives) “pero por la época, a la relación de ese personaje no le dieron tanta fuerza. En esta nueva adaptación pasan otras cosas. Creo que en los tiempos actuales, la vida de un gay no está siendo tan mal recibida. Hoy la sociedad es más abierta”.

En la larga lista de personajes que ha interpretado tanto en la televisión, como en el cine y el teatro, Raúl reconoce que el de ‘Carlos’ le representa un desafío especial.

“Yo soy heterosexual, entonces para las escenas me ha tocado meterme en la cabeza pensando qué pasaría si a mí me llegase a gustar un hombre. Eso es una exploración que requiere mucho profesionalismo y ahí es donde uno se siente agradecido  de quienes me aconsejaron estudiar mucho. Porque con buena técnica uno puede sacar personajes bacanos”, comenta Raúl, luego de hacer un parangón entre lo que fue el divertido Hugo Lombardi, en Yo soy, Betty la fea  con el de Carlos en Café con aroma de mujer.

La diferencia es que la primera fue comedia y la segunda es un melodrama. “Como actor a mí me toca representar a un gay real. No me puedo escudar en la risa para evadir el tema. Porque yo lo que necesito en mi actuación es encarnar a una persona que le gustan los hombres y se enamora. Así como los heterosexuales viven un enamoramiento con su pareja, lo mismo le pasa a un gay. Entonces, interpretar eso para una sociedad que tiene un machismo tan arraigado a veces es fuerte; porque claro, eres víctima de señalamientos y piensan que ser gay es sinónimo de debilidad. Yo lo que estoy enviando es un mensaje de orgullo y de honra para decir, que  todos somos iguales y que en nuestros gustos no nos pueden poner más arriba o más abajo. Es representar a un ser humano que no tiene miedo de vivir y de ser quién es”.

A principios del año pasado después de hacer el riguroso casting, alcanzaron hacerle el primer callback, pero como apareció la pandemia y todo se paralizó, su ilusión parecía desvanecerse esperando el segundo llamado para hacer la negociación “Me sentí frustrado, quedé angustiado, prácticamente mirando para el techo en Bogotá, porque ni siquiera pude viajar a Santa Marta. Pero de la nada, de pronto me llamó mi manager para decirme que me habían escogido para la telenovela Café con aroma de mujer”, recuerda Raúl, desde Pereira, donde se encontraba esta semana grabando los últimos capítulos. Confesó  que aceptar el papel de Carlos fue todo un desafío.

«Toda mi vida he estado enamorado de la actuación, pero siento que la actuación se ha enamorado de mi también».

QUIEN OYE CONSEJOS…

 “Toda mi vida he estado enamorado de la actuación, y siento que la actuación se ha enamorado de mí también”, dice refiriéndose por lo bien que le ha ido porque además de su trabajo en Café con aroma de mujer está grabando una película.

“El comienzo de mi carrera no fue fácil, luché mucho; tuve que cambiar muchas cosas de mí, como desprenderme de ese machismo familiar, de esas creencias tradicionales para sentirme mucho más apto para poder actuar mejor; por eso le preguntaba a la gente qué consejos me podían dar para prepararme y meterle más horas de vuelo a este trabajo, y muy generosamente todos me decían: sigue estudiando”.

Alejandra Borrero y Ana María Sánchez fueron sus primeras maestras en la actuación. Como suele suceder con los grandes actores, Raúl Ocampo también comenzó su carrera en las tablas. Lo hizo con el clown, una de las tantas técnicas teatrales, porque según él “para acercarse a la actuación el clown permite revelar de lo que uno se siente orgulloso,  eso lo exalta, lo saca a la luz, y lo vuelve poderoso con sus debilidades y fortalezas”.

Aunque en ese entonces su ilusión era hacer películas, después de una temporada en el teatro saltó a la televisión. Fue así como participó en telenovelas y seriados como Tarde lo conocí, La cacica y Polvo carnavalero, entre muchos otros. Para él, en la larga lista de los personajes que le ha tocado caracterizar en la pantalla chica han sido un desafío, pero le han dejado un aprendizaje. “No quiero sonar a reina de belleza, pero te juro que todos han representado algo para mí en su momento”, apunta entre risas con su peculiar acento costeño que no ha perdido desde que se fue a vivir a Bogotá desde los 6 años de edad.

En cuanto a su participación en la primera temporada de Narcos para Netflix confiesa que “fue un sueño cumplido. Para esa época la plataforma no había entrado a Colombia, pero todos me decían que eran un grande del entretenimiento. El que quede ahí la saca de estadio. En medio de todo, logré hacer un personaje muy bueno. Lo hice en inglés, fue increíble. Yo no hablaba tan fluido, pero me tocó perfeccionarlo”.

Pese a sus 30 años y atractivo físico, dice que se le mide a cualquier papel, pero su objetivo no es llegar a hacer de galán. “Lo que busco son caracterizaciones que generen una conversación, que tengan una misión. Por ejemplo, me encantan los papeles antagónicos, entrar en su mente para saber qué tiene que hacer uno para ser el villano, me parece interesante esa exploración, y también es una libertad. Según mi criterio, el antagónico es el protagónico, pero del otro lado de la moneda; como si el uno fuera la luz y el otro la oscuridad”.

SIGUE EN LA PANTALLA GIGANTE

“Desde que comencé en la actuación mi fijación era el cine. Y cuando me  reuní con una productora independiente me llamaron para hacer una película porque creo que el director ya me tenía en cuenta, ubicado.

Según cuenta, se le presentó la oportunidad de trabajar en la película Al son que me toquen bailo, dirigida por Dago García, y fue ahí  cuando comenzó a entender lo mucho que le gustaba el cine, se sentía realizado. Actualmente en su historial  figuran las cintas Malcriados, Cena para tres y Agridulce.

Además de Café con aroma de mujer, cuyo rodaje termina en julio, desde hace una semana está grabando simultáneamente en Bogotá la película Ultraviolencia. Se trata, como él lo explica, “de un thriller psicológico, de terror. En el elenco hay un actor argentino y gente de cine independiente”.

Después de pasar tantos días difíciles durante la pandemia, con razón Raúl Ocampo hoy se siente bendecido al regresar en lo que más le apasiona: la actuación. Y le llegó por partida doble.

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